¿Quién dijo calidad?

A veces, las distribuidoras se empeñan en decidir lo que los espectadores aceptarían o no en las pantallas de los cines. Por ejemplo, la película de John Boorman El general (The general, 1998), estrenada en Inglaterra con fotografía en blanco y negro, pasó por las pantallas españolas en color porque la distribuidora argumentaba que el público no la vería en su formato original.

En el caso del Hamlet (1996) de Kenneth Branagh, una kilométrica adaptación de la obra de Shakespeare que llegaba a las cuatro horas de duración, sólo se estrenó la versión completa en algunas ciudades, mientras el resto del país se conformaba con el montaje reducido de dos horas y media.

El problema es que el cartel de la película (plagado de estrellas) era el mismo para ambos casos, y aparecían como reclamo los nombres de algunos actores como Gèrard Depardieu o Richard Attenborough, cuyos personajes habían sido eliminados en la versión reducida.

En ocasiones, cuando se estrenan películas producidas años atrás, la distribuidora prefiere obviar la fecha de producción. Hace unos años se recuperó Le dernier combat (1983), la primera película del director francés Luc (El quinto elemento) Besson. El cartel destacaba los premios obtenidos en los festivales de Sitges y Avoriaz, pero no hacía referencia alguna a que éstos fueran conseguidos hace veinte años años.

Una de las prácticas habituales de las distribuidoras para promocionar sus películas es hacer referencia a la recaudación obtenida en los principales mercados de exhibición, que en la mayor parte de los casos suelen ser sus propios países de origen.

Pero hay casos en que este gancho se utiliza de una forma poco menos que forzada: el título de ciencia-ficción Perdidos en el espacio (Lost in space, 1997) se presentaba de esta enrevesada forma: "En el fin de semana del 3 al 5 de abril ha sido número 1 con una recaudación de 20.500.000 dólares desbancando por fin a 'Titanic' después de 15 semanas".

Claro que, cuando se trata de vender una película no como éxito apoteósico sino como un producto de calidad, lo que se utilizan son referencias críticas, muchas de ellas provenientes de medios de comunicación que no conocemos en España. No importa; la cuestión es saber que a algún crítico de alguna cadena de televisión local de Iowa, por ejemplo, le ha encantado la película.

Es fácil encontrar en la publicidad calificativos como "¡Fabulosa!", "¡Emocionante!", "¡La mejor película del año!", firmados por periodistas desconocidos de medios desconocidos cuyo prestigio tenemos que dar por sentado. A veces, se llega al descaro absoluto. Quizás por no encontrar referencias positivas entre la crítica, quizás por simple mofa, el megaéxito Independence day (1996) se anunciaba en la prensa con una de esas frases lapidarias que firmaba no un crítico de cine sino "un espectador" (sic).