Todo es mentira

El principal reclamo publicitario de The blackout era una escena de sexo entre Claudia Schiffer y Beatrice Dalle que no aparecía en la película.

Drew Barrymore se presentó como la protagonista de Scream, pero moría en los primeros minutos.

La versión de El exorcista que se estrenó en 2000 no era realmente El montaje del director, como decía su publicidad.

El Terminator de Schwarzenegger tuvo una falsa secuela dos años antes de que se estrenase la auténtica.

A finales de los setenta y principios de los ochenta se estrenaron en los cines españoles tres películas de Spiderman que en realidad no eran más que episodios de una serie de televisión norteamericana.

Protagonistas que no aparecen más de cinco minutos. Secuelas que nada tienen que ver con la película original. Escenas de sexo que luego no se ven en el filme... En ocasiones, parece que todo vale para atraer a los espectadores a las salas.

Y es que en ocasiones, productoras y distribuidoras utilizan poco ortodoxos para atraer a los espectadores a las salas de cine. Artimañas que van desde presentar a un actor cuya presencia es poco menos que secundaria como protagonista de un filme hasta garantizar inexistentes escenas de sexo, pasando por darle un título que evoque a algún gran éxito o vender una película realizada para la televisión como si de una producción cinematográfica se tratase.