La huella ecológica

Reducir la huella ecológica
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2009
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 32
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Para reducir la huella ecológica de la Tierra es necesario que tanto gobiernos como consumidores tomen una serie de decisiones.

Concienciarse y seguir las principales acciones de respeto medioambiental puede contribuir a evitar las fatales consecuencias que supone seguir incrementando la huella ecológica: reducir, reutilizar y reciclar; ahorrar en el consumo; generar el menor número posible de residuos, etc.

Recomendaciones para la gestión de recursos

La relevancia de la huella ecológica energética asociada a bienes y servicios indica la necesidad de integrar cada vez más el análisis físico y energético del ciclo de vida de los productos, orientado a la reducción de la intensidad energética de estos procesos.

En lo relativo al consumo directo de energía, es urgente una revisión de los hábitos de consumo en los sectores de movilidad, servicios y residencial. La reducción de la demanda energética se torna también, con el análisis de huella realizado, en un asunto de capital importancia en los próximos años.

El fomento del ahorro de energía y del aumento de eficiencia energética en procesos y dispositivos deberá ser, en los próximos años, una política de importancia capital para asegurar la viabilidad y la competitividad del sistema socioeconómico español.

Las políticas de fomento de las energías renovables son muy valiosas porque en general tienen una baja repercusión en términos de huella ecológica. No obstante, el uso de las energías renovables sólo tendrá suficiente repercusión en el balance energético global si se produce en un contexto de limitación de la demanda energética.

La aportación de los biocombustibles en la sustitución de huella ecológica por emisiones de CO2 se ve compensada negativamente por un incremento de la superficie agrícola requerida para su producción.

Desde un punto de vista de análisis del déficit ecológico, la aportación de los biocombustibles sólo es relevante si ello contribuye a la preservación o incremento de la biocapacidad agrícola al facilitar el mantenimiento de una actividad agrícola viable económicamente.

Una evaluación consistente de este aspecto requeriría de un análisis que integre el conjunto de factores sociales, económicos y ambientales que intervienen, y una acotación a una escala territorial concreta, pues su evaluación a escala mundial puede diferir significativamente del análisis a escala estatal, regional o incluso comarcal.

Así pues, un análisis detallado de biocapacidad muestra las limitaciones notables, por insuficiencia de territorio disponible, de la generalización del cultivo agrícola destinado a la fabricación de combustibles de origen agrícola.

En cuanto a los temas de alimentación, la huella ecológica no parece advertir cambios de la dieta, pues éstos no se producen más que en el medio plazo. Análisis paralelos de mayor escala temporal (1955-2005) han logrado poner de manifiesto que este cambio se está verificando hacia el aumento del consumo de productos cárnicos, a la par que se pierden los habituales estándares de alimentación mediterráneos.

En términos de biocapacidad, puede decirse que el valor ecológico y de bioproductividad de la tierra de cultivo es más que considerable, dado que constituye más de la mitad de la biocapacidad presente en el territorio español.

Por ello, las políticas agropecuarias deben tener en cuenta que gestionan la mayoría del capital natural del país, más allá de un sector económico que produce rentas y productos.

En ese sentido, debe dejar de considerarse que el suelo agrícola no es interesante desde el punto de vista ambiental por el hecho de no albergar ecosistemas apreciados tradicionalmente como valiosos.

El reto, pues, está en la internalización de razonamientos basados en la huella ecológica, u otros indicadores sintéticos, en las políticas sectoriales y en las de carácter horizontal, fundamentalmente en la ordenación del territorio y en las políticas urbanas.
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