El transporte público

Ventajas del transporte público
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Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2007
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 16
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El transporte público es un sistema integral de medios de transporte de uso generalizado, capaz de dar solución a las necesidades de desplazamientos de las personas.

El transporte público se basa fundamentalmente en criterios de solidaridad.

Hay que considerar que se vive en un mundo globalizado donde las necesidades de desplazamientos entre distintos territorios cada vez adquieren más importancia. Los lugares de producción se encuentran situados a grandes distancias de los puntos de consumo. Los ciudadanos residen en una localidad, trabajan o estudian en otra y los lugares de ocio y disfrute del tiempo libre pueden estar en otro lugar distinto. El autobús, el tren o el metro se presentan como medios de locomoción que facilitan el transporte alejado del estrés que genera el automóvil.

A la profesionalidad que normalmente envuelve estos servicios se suma la posibilidad real de desconexión de la carretera, desde el primer momento que el usuario hace uso de ellos, mediante una plácida lectura de un libro, proyección de películas, deleite del paisaje, conversación o descanso. Estos factores hacen que la demora e inversión del tiempo empleados para tomar estas líneas de transporte público, se vean fuertemente compensados por el tiempo útil empleado en otros menesteres que no se vuelquen expresamente en una atención y tensión constante hacia la carretera.

Al mismo tiempo, el autobús y el tren, además de fomentar una forma plácida y agradable de viajar, evitan en gran medida las retenciones, atascos y los posibles errores originados por un desconocimiento de la zona. El uso sistemático y masivo del vehículo privado colapsa las ciudades y las hace más sucias y más ruidosas. A los problemas de tráfico que atosigan las calles y deteriora los monumentos se une la progresiva carencia de espacios de aparcamiento para satisfacer la demanda de los usuarios de automóvil privado.

El uso del transporte público colectivo supone la alternativa más ecológica y solidaria para muchos de los desplazamientos que se hacen dentro del casco urbano. Tristemente las estadísticas dicen que hoy en día sólo usa el autobús quien no tiene alternativa.

Hay que contribuir a cambiar esa tendencia, ya que el uso del automóvil se hace cada vez más insostenible para el entorno. En la gran ciudad el automóvil debe ser la opción última cuando no exista una alternativa de desplazamiento más razonable y sostenible. Cada ciudadano debería conocer la línea que mejor se puede adecuar a sus necesidades de trabajo, estudios u ocio, y probarla; quizás pueda descubrir así que se puede ahorrar tiempo en atascos y en busca de aparcamiento, dinero en gasolina, aparcacoches ilegales, etc.

Es en este punto donde entra en juego la forma de desplazamiento, debiendo optar los ciudadanos entre, fundamentalmente, dos modelos: transporte público o privado.

Esta elección no es siempre libre y los ciudadanos se encuentran muchas veces condicionados por el influjo mediático del uso del vehículo privado como reconocimiento de un estatus social determinado, ya que por ejemplo son numerosos los anuncios en distintos medios de comunicación, fundamentalmente la televisión, en los que se muestran los vehículos privados como instrumentos de libertad y de admiración social.

La decisión que se adopte influirá de manera determinante en distintos aspectos:

Económicos

Hay que diferenciar entre los costes económicos para el conjunto de la sociedad y los costes económicos para el usuario individual. Entre los primeros se puede determinar el alto coste energético con la consiguiente presión sobre el medio, los altísimos costes en infraestructuras, costes en campañas de tráfico, coste sanitario por el uso indiscriminado y descontrolado de los vehículos privados, accidentes de tráfico. Y entre los segundos, el precio cada vez más elevado de la gasolina, el valor de compra de los vehículos, el mantenimiento de uno o varios coches, etc.

Medioambientales

El transporte motorizado genera unas altas tasas de emisión de gases CO2 teniendo una alta responsabilidad en el cambio climático y los problemas que de él se derivan y que cada vez más sufren los ciudadanos. Además, las infraestructuras que necesitan generan una alta degradación ecológica dañando de manera importante la calidad de vida de las personas por la contaminación ambiental y acústica que generan, siendo ésto un elemento perjudicial en la salud de los ciudadanos.

Geoestratégicos

Esta forma de transporte es el destino de la mayor parte de los recursos de hidrocarburos, lo que supone problemas de dependencia de los países no productores respecto a los productores, creando en algunos casos problemas socio-políticos.

Humanos

Las emisiones contaminantes descritas anteriormente provocan en los seres humanos afecciones bronco-pulmonares, alergias, propensión al cáncer, estrés, sordera debido al ruido y otros problemas asociados a la falta de ejercicio que indirectamente pueden ser achacados al uso del vehículo privado.

Todo lo que rodea al transporte público reviste, por tanto, gran relevancia social. Pero hay otro extremo que puede alentar o desanimar al uso del transporte público, especialmente a quienes disponen de su propio coche y cuyos principales gastos (el seguro y las cuotas de pago del crédito) son fijos, al no depender del uso del vehículo. Se refiere, naturalmente, a los precios del autobús, del metro y del taxi. Se sabe que muchos clientes habituales estudian minuciosamente las tarifas y optan por la que más conviene a su tipo de uso, para que su economía doméstica se vea lo menos afectada posible por este necesario gasto logístico.

En una época de cada vez más limitadas materias primas, de recesión económica y ecosistema castigado por la sobrecontaminación y la emisión de CO2 es necesario intensificar el uso del transporte colectivo, mediante el mantenimiento y el incremento de estas redes de comunicación y nunca mediante su limitación. Concluyendo con la conveniencia del uso del transporte público, se puede decir que éste es el medio más económico, ecológico y solidario para el individuo y el conjunto de la sociedad.

Apoyo de la Administración

El principal problema para el desarrollo del transporte público es la falta de una apuesta decidida por este sistema de transporte por parte de las administraciones públicas. Hasta la fecha, la respuesta de las mismas ha sido la de aplicar políticas con una preocupante falta de perspectiva y visión de futuro que ayuda a la prevalencia del uso, y por lo tanto dependencia, del transporte privado anteponiendo la construcción de nuevas infraestructuras viarias de alta capacidad, sin evaluar el impacto territorial. De esta manera se impide el desarrollo del transporte público.

En lugar de esas macro infraestructuras, como autopistas o grandes aparcamientos, se deberían favorecer las actuaciones dirigidas al fomento del transporte público, como carriles bici, carriles exclusivos para transporte público, aparcamientos disuasorios, etc.

Entre todos hay que estimular a los poderes públicos para que hagan más inversiones en potenciar el transporte público, crear nuevas líneas, carriles exclusivos que lo hagan más ágil, vehículos menos ruidosos y contaminantes, accesibles para las personas con discapacidad y más cómodos para los usuarios en general. Pero ello sólo será posible si la demanda de los usuarios lo exige. Anteriormente, las autoridades creyeron e hicieron creer a los ciudadanos que el automóvil les resolvería cualquier problema de movilidad. En consecuencia, dejaron caer los transportes públicos y formularon la política de transportes como una carrera indefinida entre el crecimiento del tráfico y la ampliación del viario.

La posición de la Unión Europea se encuentra expresada en el nuevo Libro Blanco del Transporte, que fue publicado en septiembre de 2001 bajo el expresivo título de La política europea de transportes de cara al 2010: la hora de la verdad. En líneas generales, las estrategias de actuación del documento son: facilitar la desconexión del progreso social y económico respecto a la movilidad en los modos más agresivos y canalizar la movilidad, en la mayor proporción posible, hacia los modos alternativos de transporte.

Al tratarse de un servicio público, la Administración está obligada a velar para que los transportes colectivos sean prestados en condiciones de puntualidad, seguridad y comodidad necesarias y así dar cumplimiento al mandato constitucional referente a la obligación que tienen los poderes públicos de garantizar la defensa de los consumidores y usuarios, proteger con medidas eficaces la salud, seguridad e intereses económicos y promover su información y educación.

El transporte público de una ciudad habla mucho del nivel de calidad de vida que cada urbe ofrece a sus vecinos y visitantes. Y también dice bastante del compromiso que asumen las autoridades municipales con la mejora de la habitabilidad de su ciudad. Tampoco debe olvidarse que el transporte de titularidad pública refleja asimismo características demográficas, orográficas y sociales de cada ciudad.

Las administraciones públicas deben potenciar políticas de control en relación a la calidad de los servicios de transporte que se prestan, bien por empresas públicas o por empresas privadas, teniendo en cuenta la vigilancia de una regularidad y frecuencia suficientes en las líneas de los distintos tipos de transporte, así como el cumplimiento de los horarios y otras garantías de calidad en el servicio que reciben los usuarios. Esto es necesario si se quiere que los ciudadanos vean en el transporte público una solución eficaz a sus problemas de movilidad.

Otra carencia importante en las políticas públicas de transporte es la falta de planificación. Muchas veces se tiene la sensación de que las decisiones en esta materia se toman sobre la marcha y en virtud de intereses electoralistas, sin tener en cuenta el bien común del conjunto de la sociedad. Por ello es necesario que la definición de las actuaciones por parte de la Administración pública venga avalada por estudios y planes de trabajo que definan las carencias de los distintos territorios y las soluciones para dar respuesta a las necesidades de movilidad, respetando lo más posible la demanda de la población y el medioambiente.