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'Di no a los transgénicos', lema de FACUA en
el Día Mundial de los Derechos de los Consumidores La Federación
se une en la conmemoración del 15 de marzo a la campaña puesta en
marcha por la Internacional de Consumidores, la organización de la que
es miembro a nivel mundial.
La Federación de Consumidores en Acción
(FACUA) se ha unido a asociaciones consumeristas de todo el mundo
integradas en la Internacional de Consumidores (Consumers International)
para hacer una llamada de rechazo a los alimentos transgénicos, con
motivo de la conmemoración del Día Mundial de los Derechos de los
Consumidores.
Di no a los transgénicos, por
precaución, es el llamamiento que FACUA hace a los consumidores
desde su portal en Internet, que ha incorporado una web dedicada al Día
Mundial, FACUA.org/15marzo.
Los organismos modificados genéticamente (OMG)
o transgénicos pueden ser plantas, animales, hongos o bacterias a las
que se les introducen genes de especies distintas, manipulando su
secuencia genética con la finalidad habitual de obtener mayor
resistencia, eficacia o productividad en su cultivo o cría, así como
valores añadidos en su transformación o elaboración, lo que
incrementa su posible rentabilidad económica y las perspectivas de
beneficios para los productores y comercializadores de los mismos.
FACUA se opone la comercialización de
estos productos por razones de responsabilidad para la salud humana y la
del Planeta. La motivación de nuestro rechazo se sustenta en la más
elemental aplicación de dos principios que entendemos fundamentales
para la seguridad de los consumidores y para nuestro propio entorno,
como son los principios de precaución y de información, cuestiones básicas
y comprensibles para las cuales no existe una respuesta ni científica
ni comercial que garantice los derechos de los consumidores.
El necesario principio de precaución
supone la prevención ante la producción y comercialización de transgénicos
dada la ausencia de certeza científica sobre la inocuidad ambiental y
sanitaria del cultivo y consumo de estos productos y las dudas más que
razonables sobre los posibles daños irreversibles que pudiera provocar
sobre la salud de las personas o sobre el equilibrio natural del
Planeta.
Es lamentable la ausencia de información
suficiente al consumidor sobre su presencia en los alimentos, sólo
prevista a partir de determinados niveles que consideramos excesivos, y
sobre los efectos, aún imprevisibles, al objeto de que el consumidor
pudiera adoptar una decisión libre y consciente sobre su consumo. Los
actuales criterios de información y etiquetado no garantizan que el
consumidor que así lo quiera pueda excluir de su dieta los OMGs.
Por otro lado, resultaría sumamente
peligroso el acaparamiento de la producción alimentaria mundial en
manos de unas cuantas multinacionales del sector, propietarias de las
patentes de las semillas, y que tendrían un poderoso instrumento para
decidir sobre el destino y las cuestiones más trascendentales de la
economía mundial. Sin embargo, tal acaparamiento puede ser un hecho en
el caso de que se generalice la producción de OMG.
Son más que suficientes las razonables
dudas científicas sobre la existencia de tales riesgos, tanto para la
salud humana como para el medio ambiente. Dudas que tienen el suficiente
calado como para exigir una inversión de la carga de la prueba sobre
aquellos que están implantándola y extendiéndola de forma
indiscriminada.
Por ello, FACUA considera inadmisible que se
acepte y fomente su producción y comercialización en tanto no quede
acreditada que no tendrá efectos perniciosos. Por ello se deben adoptar
todas las medidas para impedir su extensión generalizada hasta que no haya
constancia cierta y probada de su inocuidad, algo que a estas alturas
puede empezar a descartarse aunque sólo fuera por su demostrado impacto
ambiental y su potencial riesgo para la biodiversidad del Planeta.
La calidad de vida en los países
subdesarrollados es susceptible de mejora con otros planteamientos,
menos demagógicos que los que tratan de ofrecer a los productos transgénicos
como la panacea para paliar el hambre en el Mundo, pues dicha hambre está
más relacionada con el injusto reparto de la riqueza y la histórica y
vigente expoliación de sus recursos naturales y económicos por los países
desarrollados.
En la Tierra no faltan recursos para
garantizar una digna alimentación y calidad de vida a la población
mundial. El problema es que la inmensa mayoría de los recursos del
planeta son utilizados por el 20% de sus habitantes que, sometidos a la
incitación consumista, despilfarra en muchas ocasiones tales recursos,
que bien distribuidos llegarían al 100% de la población.
En este contexto, probablemente, los OMGs
pueden ser un instrumento más para incrementar la dependencia económica
de los países del llamado Tercer Mundo y una oportunidad de las
multinacionales, para incrementar sus beneficios económicos a costa de
poner en riesgo una vez más la salud de las personas y del planeta.
Las multinacionales tratan de maquillar,
bajo una capa distorsionada de supuestos argumentos éticos y de interés
general y humanitario, la presunta necesidad de continuar implantando la
producción transgénica de una manera indiscriminada en todo el mundo.
Finalmente y como complemento de todo lo señalado
hasta ahora, no está ni tan siquiera demostrada la utilidad de los
transgénicos para garantizar la alimentación de la población mundial,
ya que diversos estudios cuestionan el rendimiento real y la estabilidad
genética de los cultivos transgénicos y ponen en serias dudas su
primacía sobre la producción convencional.
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