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Más botijos y menos botellas de plástico

La mayoría de las botellas plásticas que hay en el mercado son de un solo uso: rellenarlas puede tener graves efectos a largo plazo sobre nuestra salud. Los expertos recomiendan el agua de grifo (la que más controles sanitarios tiene) y los envases de cristal, aluminio o acero… y por supuestos los tradicionales de barro o cerámica como el botijo.

Los romanos lo llamaban buttis y ha formado parte de la historia del agua en nuestro país, aunque ahora encontrar un botijo es casi una misión imposible, especialmente en establecimientos de restauración o bares para poder refrescarse ante las altas temperaturas. El botijo ha quedado casi como un utensilio ornamental en estos tiempos en los que el plástico lo ha invadido todo. Sin embargo, la capacidad de enfriamiento de un botijo no lo tiene una botella de plástico que, además, señalan los expertos en nutrición, puede traer consigo problemas en nuestra salud si usamos estos envases sintéticos como recipiente en el que rellenamos el agua que consumimos.

El problema principal de rellenar con agua una botella plástica es su composición química. Muchas de ellas contienen Bisfenol A, un disruptor endocrino. Una sustancia capaz de modificar nuestro sistema endocrino a largo plazo, lo que se traduce en el desarrollo de alergias e intolerancias e incluso en problemas más graves de salud como el desarrollo de algunos tipos de cáncer e infertilidad a largo plazo. De hecho, en España está prohibido que los envases sensibles como los biberones contengan Bisfenol A, lo que da una idea del reconocimiento de los efectos nocivos para la salud de esta sustancia.

Precisamente, es con el calor cuando el consumo de agua es mayor y cuando el problema de las botellas plásticas se agudiza, ya que el Bisfenol A de estos envases se libera en el agua cuando se somete a altas temperaturas.

Mientras tanto, las cifras de venta de agua embotellada no paran de crecer. Su producción ha aumentado cerca de un 50% desde 2001, según cifras de la patronal de agua envasada, pese a que durante la crisis cayeron las ventas.

Y a pesar de esto, el agua embotellada no puede competir con la del grifo en la mayoría de las ciudades de España. El agua de la red pasa controles muy exhaustivos que garantizan una mayor seguridad que la que se vende embotellada. Además, no necesita envases, es más ecológica y, por supuesto, es mucho más barata: el agua embotellada puede costar hasta mil veces más que la que sale del grifo. Para transportarla, los expertos recomiendan envases que no sean plásticos, como botellas de aluminio, de acero o de cristal.

El botijo, ideado en tiempos casi neolíticos, es sin duda la mejor opción para mantener el agua fresca en casa o en los bares. Su diseño permite que, por ejemplo, logre enfriar el agua 10 grados en condiciones de 30 grados de temperatura exterior y 40 por ciento de humedad. Lo logra sudando, ya que la arcilla de la que está compuesto es porosa, con lo que al calor ambiental responde evaporando a través de sus poros el agua, que al contacto exterior (como nuestro sudor) enfría el recipiente y, por extensión, el agua que contiene. Este sencillo mecanismo termodinámico todavía no ha sido superado por la prepotente industria del envase de plástico, aunque el marketing haya inundado los establecimientos y los hogares con sus botellas que, para mayor desgracia, no son reutilizables en su mayoría.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

*La foto de encabezamiento es de flickr.com/whomples (CC BY-SA 2.0).