Alimentación infantil

Pautas alimentarias por edades
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2008
Formato: 210 x 297 mm.
Páginas: 24
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n la primera infancia (0 a 3 años), la alimentación, a cargo de los padres y cuidadores, constituye un factor primordial de salud y una de las causas más influyente en la implantación temprana de obesidad y su posterior desarrollo. A pesar de que cada vez se está teniendo más en cuenta por las madres el consejo del pediatra, todavía persiste la tendencia a sobrealimentar a los niños en esta etapa.

Durante los primeros seis meses, la leche materna, dado su composición y propiedades, es el alimento que mejor se adecua a las necesidades nutricionales del bebé. Además, existe la evidencia científica sobre otros beneficios relacionados con el vínculo afectivo madre-hijo y los efectos protectores, para ambos, frente a enfermedades inmediatas y futuras. En base a ello, la lactancia materna viene recomendada, de forma exclusiva, durante los primeros seis meses, y junto a comida complementaria, hasta al menos los dos años.

Los preparados para lactantes y los preparados de continuación, cuyo consumo, en el caso de estos últimos, se recomienda a partir de los seis meses, vienen a sustituir o a complementar la lactancia materna en estos primeros años de vida. Reconocido el éxito comercial que han alcanzado estos productos y la gran diversidad de preparados de este tipo que existen en el mercado, se hace imprescindible contar con las mejores garantías de calidad y seguridad alimentarias, tanto en lo referente al producto, como a la preparación y adecuación de las tomas.

A partir de los seis meses, la incorporación de alimentos complementarios deberá hacerse de forma paulatina. Es decir, de uno en uno, aunque después convenga combinarlos, dejando periodos suficientes de separación (1 a 2 semanas), y aumentando progresivamente la cantidad, de tal forma, que se pueda detectar la posible presentación de alergias o intolerancias. La digestibilidad, el valor nutricional (carnes, legumbres, cereales, frutas hortalizas) y la naturaleza alergénica de los alimentos (restricción de pescados, mariscos, huevos, miel y lácteos), así como la historia alérgica familiar, serán factores a considerar. En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que se trata de alimentos complementarios de la leche, y sustitutivos, por lo que la leche materna, o los sucedáneos de la misma, seguirá siendo el alimento de referencia.

Entre el primer y segundo año se atenderá a la ampliación progresiva de alimentos y a la combinación y presentación de los mismos (incorporación de huevos, pescados), de tal forma, que al finalizar esta etapa, la dieta se asemeje a lo estipulado para los adultos.

En esta etapa de transición de bebé a niño adquiere especial relevancia la interacción social y el aprendizaje de habilidades, que los padres cuidadores y familiares deben favorecer: a comer con los dedos, a usar el tenedor y la cuchara, a beber en vaso o taza, a probar nuevos alimentos, restringiendo los que presenten riesgo de atragantamiento (fragmentos pequeños y duros, frutos secos, aceitunas, picos…).

Entre el segundo y tercer año, el niño se incorporará definitivamente a la alimentación del adulto en el aspecto nutricional y, en la medida de lo posible al de las actitudes ante la mesa y la comida. Los principios de la alimentación saludable para adultos son plenamente aplicables: suficiente, variada y equilibrada. A esta edad, se debe inculcar al niño a mantener la postura adecuada en la mesa, a prestar atención al acto de comer, a comer sin prisa, a masticar bien la comida, a elegir y seleccionar nuevos alimentos….
En la segunda infancia (a partir de los 3 años) el niño sigue bajo una gran influencia de su entorno familiar, pero adquiere una relativa autonomía en lo referente a la alimentación, y también de su entorno social, a través de amistades, escuela, anuncios publicitarios y especialmente la televisión. Hay que prestar especial atención al refuerzo del sentido crítico ante estas influencias externas, sobre todo en el entorno familiar (ejemplo de los padres y hermanos, como modelos de referencia), socio-sanitario y escolar. El trasvase de información, especialmente entre el ámbito sanitario, escolar y el de los padres resulta fundamental. Las madres deben conocer y compartir las recomendaciones dietéticas de los pediatras y educadores.

En cuanto al consumo de productos enriquecidos (vitaminas, minerales, omega 3…), es importante saber que no siempre está justificado en términos económicos ni de salud. En condiciones de normalidad, una alimentación variada y equilibrada proporciona por sí misma los principales requerimientos nutricionales que se precisan; en cualquier caso, lo mejor sería pedir consejo al pediatra.

En el aspecto educacional, debe considerarse la promoción de alternativas de ocio y alimentación saludables, a través de la actividad físico-deportiva y de la dieta variada y equilibrada. Se estima de especial interés, que se atienda a la moderación o limitación en el consumo de alimentos excesivamente grasos y azucarados: mantequillas, pizzas, hamburguesas, salchichas, fritos, embutidos, golosinas, pastelería y bollería industrial, refrescos, etc. Se desaconsejan las celebraciones y los premios a base de chucherías y de la llamada "comida basura".
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