La huella ecológica

Huella ecológica en España
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2009
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 32
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Según los datos que se desprenden del último análisis de la huella ecológica de los españoles, publicado por el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino (MARM), un español necesita como media 6,4 hectáreas de territorio para satisfacer sus consumos y absorber sus residuos, que es casi el triple de lo que España se puede permitir.

En los últimos diez años esa huella ha crecido un 34%, en su mayor parte como consecuencia del incremento de consumo energético.

Una clasificación de la organización ecologista WWF establecía que los diez países con una mayor huella ecológica son, en este orden, Estados Unidos, Australia, Kuwait, Suecia, Finlandia, Canadá, Dinamarca, Irlanda, Noruega y Francia, mientras que España se colocaba en el vigésimo lugar, con una huella de 4 hectáreas por habitante.

Según un estudio, que forma parte del informe "Sostenibilidad Local", realizado por el Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE), la huella ecológica de las ciudades se corresponde con el área que se necesita para sostener los patrones de consumo de sus habitantes y, por lo tanto, es siempre proporcional a la población.

De este estudio se desprenden las siguientes consideraciones relativas a la huella ecológica en ciertas ciudades españolas. Así, Cáceres es la ciudad que presenta una menor huella ecológica porque necesitaría poco más de su territorio para mantener el consumo actual de recursos medioambientales (1,38), seguida de ciudades como Cuenca (1,68), Badajoz (2,19), Albacete (2,90), Córdoba (4,10), Jaén (4,79) y Teruel (4,98).

Una ciudad como Bilbao necesitaría cien veces su territorio para equilibrar el impacto de su huella ecológica, pero no es la única, porque todas las capitales españolas consumen más recursos medioambientales de los disponibles en sus territorios.

La huella ecológica de un país es la suma de todas las tierras agrícolas, de pastoreo, bosques y zonas de pesca requeridas para producir los alimentos y materiales que cada territorio consume, para absorber los desechos emitidos y para proporcionar espacio para su infraestructura.

El número de productos no locales que se consumen, la preferencia por los productos empaquetados, la alimentación basada en productos cárnicos frente a los vegetales o el papel que no se recicla son algunos de los factores que hacen aumentar la huella ecológica de una sociedad y ponen en peligro la sostenibilidad.

Por ello, aunque todas las capitales españolas necesitan más territorio del que ocupan, además de Bilbao (que necesitaría 100,88 veces su territorio) destacan también ciudades como Cádiz (necesitaría 90,84 veces su espacio), Pamplona (89,36), Barcelona (83,37), Santander (81,04) y A Coruña (80,23) que presentan un déficit ambiental muy severo.

Estas ciudades no cuentan con recursos suficientes para cubrir su demanda y los residuos generados, por lo que extienden su huella ecológica a otras zonas de la provincia e incluso fuera de los límites de su comunidad autónoma.

En el análisis por provincias, Teruel, Cáceres, Zamora, Ciudad Real, Guadalajara, Albacete, Palencia, Soria y Cuenca presentan superávit ambiental, es decir, el número de hectáreas disponibles es mayor que el número de hectáreas necesarias para cubrir el consumo y los residuos de sus habitantes.

Sin embargo, según el informe, la mayoría de las provincias presenta un déficit ambiental severo que se ve acentuado en Barcelona, Madrid, Guipúzcoa y Vizcaya que necesitan más de diez veces su territorio para mantener el nivel de consumo actual.

El análisis muestra que también existen diferencias geográficas ya que las provincias del interior presentan una huella ecológica moderada e incluso excedentes mientras que todas las provincias del litoral, excepto Granada y Almería, se encuentran en situaciones de déficit ambiental severo o muy severo.

También existen diferencias notables entre el norte y sur de España, donde la mayoría de las provincias sureñas tienden a presentar superávit ecológico frente a las situaciones de déficit severo de las provincias del norte peninsular.

Entre los indicadores que se tienen en cuenta para realizar esta valoración están la generación de residuos urbanos, el consumo de agua en los hogares, el de energía eléctrica por habitante estimado, la superficie de zonas verdes urbanas, la concentración de óxido de nitrógeno y otros contaminantes, el índice de actividad económica urbana, la tasa de paro o la densidad de población.