Consumo responsable: crecimiento económico y sostenibilidad

El modelo actual
Edita: FACUA
Fecha: 2006
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 80
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El problema global del medio ambiente puede considerarse fundamentado en tres pilares: superpoblación, consumo y tecnología. Somos muchos, consumimos en exceso en los países desarrollados y disponemos de una tecnología ineficiente e inadecuada para garantizar el equilibrio ecológico. La naturaleza no puede procesar los cambios que el hombre ha introducido en estos dos últimos siglos.

La Cumbre de Río de Janeiro de 1992 señaló la modificación de las actuales pautas de consumo en el mundo industrializado como una de las tareas principales de la humanidad para el próximo siglo. Nuestro planeta no dispone de los medios suficientes para garantizar que todos sus habitantes puedan disponer de un nivel de consumo y despilfarro como el existente en los países desarrollados. Por tanto tenemos que admitir que nuestra forma actual de vida, solo se puede mantener si la mayoría de los habitantes del planeta, es decir el 80%, siguen viviendo como hasta ahora en la pobreza utilizando el 20 % de los recursos disponibles.

La Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios de España consagra y desarrolla el derecho del consumidor a la educación y formación en materia de consumo. Contempla entre sus objetivos el promover la libertad y racionalidad en el consumo y adecuar las pautas del mismo a un uso racional de los recursos naturales. Asimismo, consagra el derecho de los consumidores a disponer de una información veraz, eficaz y suficiente, y establece los principios generales para la adecuada protección de la salud y la seguridad.

El Programa comunitario de política y acción en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible, elaborado por la Unión Europea, preconiza la reducción de un consumo excesivo de recursos naturales, y reconoce el consumo como un fenómeno determinante de las políticas de protección ambiental. Además establece que la relación entre industria y medio ambiente debe sustentarse, entre otros aspectos, en la gestión de recursos encaminados a racionalizar su consumo y en la información que permita a los consumidores elegir mejor.

Sin embargo, el aspecto del consumo excesivo es a veces objeto de silencio, pues no podemos olvidar que nuestro modelo de desarrollo económico y el éxito de nuestros gobernantes, se basa fundamentalmente en incentivar el consumo. Este silencio no es sorprendente pues para romperlo se requiere que la sociedad se pregunte sobre su propio estilo de vida y ponga en entredicho y cuestione la idea imperante de que tener más y consumir más, conlleva ser más feliz y disfrutar de una mayor calidad de vida.

Los consumidores de las economías industrializadas nos afanamos por consumir mas y mejores bienes de consumo. Sufrimos una dependencia casi obsesiva de todo tipo de bienes (electrodomésticos, automóviles, ropa de vestir, alimentos sofisticados, cuerpos modélicos, etc.), no sólo para satisfacer nuestras necesidades reales, sino que también se persiguen símbolos de posición social, alcanzar más felicidad, estar más sanos, mejorar nuestras relaciones con los demás, es decir los valores que nos vende la publicidad.

Consumimos para imitar a los sectores de la sociedad que nos presentan como modelos, los ricos, los famosos, etc. y al imitarlos perdemos nuestra capacidad de definir aquello que es digno y necesario de verdad.

El consumo de bienes normales satisface necesidades físico-objetivas y, en consecuencia, tiene un punto de saturación. Por el contrario, el bienestar y la satisfacción de los bienes de posición o relacionales se miden en comparación con los de otros consumidores y otros momentos históricos, lo que implica la ausencia de un límite, pues el afán de diferenciarse de los demás es interminable.

Hablar de consumo de bienes normales para satisfacer nuestras necesidades, es hablar de nuestra alimentación, es hablar de nuestro vestir, es hablar en definitiva de nuestra forma de vivir. Sin embargo la publicidad no nos ofrece mensajes informativos para darnos a conocer las calidades de los productos, la publicidad nos vende sensaciones, valores, metas, que se pueden conseguir consumiendo dichos productos, que en la mayoría de los casos son falsos.

Sin embargo, siempre que pensamos en evitar o limitar los daños al medio ambiente generados por la producción, distribución y consumo de bienes adicionales, estamos de acuerdo en que habría que introducir técnicas y productos menos perjudiciales, pero no pensamos en reducir la producción y el consumo de los propios medios materiales.

Gobiernos, industria y consumidores somos responsables de la crisis ecológica y a todos involucrará la estrategia para alcanzar un consumo y producción sostenibles. Los gobiernos tienen la responsabilidad de crear políticas de protección ambiental que apunten hacia una producción limpia y hacia la racionalización del consumo. La industria por su parte, como responsable directa de la mayor parte de la degradación ambiental, debe asumir esa responsabilidad y transformar sus modos de producción y comercialización. Y los consumidores, también tenemos que asumir nuestra cuota en la responsabilidad colectiva y adoptar pautas de conductas más responsables y racionales en relación al consumo y disfrute de bienes y servicios, a la vez que exigir mayor nivel de información en relación a los mismos.

En ambas direcciones, los consumidores podemos desempeñar un papel determinante. Por un lado, los consumidores debemos asumir, como ya se ha indicado, nuestra parte de responsabilidad en la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos. Al fin y al cabo, somos nosotros los que consumimos lo que produce la industria y sostenemos con nuestros votos la política de los gobiernos. Por ello, ser conscientes de nuestra responsabilidad y de nuestra fuerza potencial, es tan importante para evolucionar hacia un mundo ecológicamente (ambiental y socialmente) sostenible. Así, la disminución del consumo debe plantearse como un objetivo clave.

El consumo responsable y sostenible debe empezar por un consumo consciente y responsable, y para ello, el consumidor debe exigir una información clara, sencilla y actualizada acerca de las connotaciones ecológicas y sociales de los productos ofertados en el mercado, y hoy a pesar de que el nivel de conciencia va aumentando, aún existe una considerable carencia de información precisa y de fácil acceso al publico en general de estos temas y por ello, la carencia de información no permite una correcta compresión del problema, ni la participación pública activa en defensa del medio ambiente y de la salud humana por parte de la mayoría de los consumidores.

Sin embargo, el consumo sostenible supone mucho mas que cambiar un producto perjudicial para la tierra o para los humanos por otro más respetuoso: implica ante todo, cuestionar nuestro consumo y nuestro modo de vida; conlleva examinar nuestro papel ante las desigualdades de la economía mundial; significa retar a los gobernantes para que realicen políticas que favorezcan un cambio en el estilo de vida de los ciudadanos.

Ya hemos hablado de que el 20% de la población mundial (es decir los países desarrollados) emplea el 80% de los recursos de todo el planeta, a costa del resto de los seres humanos y de la salud de la Tierra. La economía de nuestros países se apoya en el consumismo, y sin éste, este modelo económico actual no funcionaría. Por eso incentivar el consumo es siempre tan importante para la salud de nuestra economía, sin embargo, este modelo no tiene en cuenta consideraciones ambientales ni sociales, y nos ha llevado a una peligrosa situación que pone en peligro a las generaciones futuras.

Es necesario que los consumidores despertemos y salgamos de la dinámica de consumismo en la que nos han introducido.

Renunciar a lo realmente innecesario y a gran parte de nuestros hábitos de consumo es clave para provocar un cambio en el injusto e insostenible modelo económico de producción y consumo que rige nuestro planeta, que incluso provoca que los países poderosos, justifiquen guerras para hacerse con el control de las materias primas de otros países, para poder mantener su modo de vida.
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