Electrodomésticos: ahorro energético

Consumo energético en la cocina
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2004
Formato: 150 x 180 mm.
Páginas: 8
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Con independencia de la fuente energética que utilicemos, es preciso que tengamos en cuenta diversas cuestiones básicas que debemos acostumbrarnos a aplicar:

- Es conveniente usar la olla exprés, ya que ahorra tiempo y energía.

- No se debe abrir la puerta del horno para ver la cocción, ya que cada apertura supone una pérdida del 20% del calor acumulado.

- El tapar la cacerola durante la cocción facilita la concentración del calor.

- Se debe aplicar una llama que no sea mayor que el fondo de la olla.

- Es interesante utilizar el calor residual que queda tras apagar el foco de calor en las placas vitrocerámicas.

El frigorífico

El frigorífico tiene también un peso muy importante en la factura eléctrica, ya que se encuentra en permanente funcionamiento, por lo que las mejores prácticas deben centrarse en evitar las pérdidas de frío que suponen un consumo de energía adicional para recuperar la temperatura seleccionada. Por ello, debemos no abrir la puerta del frigorífico innecesariamente, así como revisar la buena estanqueidad de la puerta, para lo cual la junta de goma debe estar en buenas condiciones. Asimismo, debe mantenerse bien ventilada y limpia la rejilla trasera.

Hay que efectuar un periódico mantenimiento del aparato, evitando que se produzca acumulación de escarcha en el congelador, lo que perjudica el rendimiento del frigorífico y aumenta el consumo de energía.

La lavadora, la secadora y el lavavajillas

El uso de estos electrodomésticos debe efectuarse siempre a plena carga. En la actualidad se pueden encontrar diversas opciones en el mercado para acomodar nuestra elección a nuestras necesidades familiares. También tenemos que tener en consideración, al elegir el modelo, si tiene la posibilidad de seleccionar programas destinados a casos de que no se usen a carga completa.

Por otro lado, la mayor parte de ellos suelen traer unos programas de lavado económico, que son los que presentan una mejor relación consumo-prestaciones. Debemos usarlos por sistema, reservando los restantes para necesidades excepcionales.

La práctica totalidad del consumo de las lavadoras es para calentar el agua, por lo que la solución más eficiente es la de usar programas de lavado en frío o con agua templada. Los avances en los detergentes actuales permiten prescindir en la mayoría de los casos del agua caliente. Además, podemos optar por lavadoras y lavaplatos habilitados para conectarse a la toma de agua caliente, evitando tener que calentarla con resistencia eléctrica.

No podemos olvidar el mantenimiento de los aparatos y, en especial la limpieza periódica de los filtros, ya que ello mejora el consumo energético.

En cuanto a las secadoras, hay que decir que la solución más óptima es la de secar la ropa al aire libre siempre que sea posible, reservando su uso sólo en aquellos casos en que resulte imprescindible, por cuanto su consumo es elevado.
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