Consumo responsable y sostenible

Crecimiento económico y sostenibilidad
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2007
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 12
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El problema global del medio ambiente puede considerarse fundamentado en tres pilares: superpoblación, consumo y tecnología. Somos muchos, se consume en exceso en los países desarrollados y se dispone de una tecnología ineficiente e inadecuada para garantizar el equilibrio ecológico. La naturaleza no puede procesar los cambios que el hombre ha introducido en estos dos últimos siglos. Frente al consumismo y al despilfarro que se ha impuesto en la denominada sociedad de consumo, FACUA propugna hábitos responsables en la producción y en el consumo.

Hablar de consumo responsable en la vida diaria de los consumidores es hablar también del modelo de sociedad imperante en España, en la Unión Europea y en una parte del mundo; es hablar del modelo de producción y consumo actual y de su relación con el medio ambiente, con la forma de vida de las personas y con la salud de los propios consumidores.

La Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios de España consagra y desarrolla el derecho del consumidor a la educación y formación en materia de consumo. Contempla entre sus objetivos el promover la libertad y racionalidad en el mismo y adecuar las pautas a un uso racional de los recursos naturales. Asimismo, consagra el derecho de los consumidores a disponer de una información veraz, eficaz y suficiente y establece los principios generales para la adecuada protección de la salud y la seguridad.

En la misma línea, la Ley 13/2003, de 17 de diciembre, de Defensa y Protección de los Consumidores y Usuarios de Andalucía recoge entre los derechos de los consumidores la efectiva protección frente a las actuaciones que por acción u omisión ocasionen riesgos o daños que puedan afectar a la salud, al medio ambiente o a la seguridad de los usuarios.

Los consumidores de las economías industrializadas se afanan por consumir más y mejores bienes de consumo. Se sufre una dependencia casi obsesiva de todo tipo de bienes (electrodomésticos, automóviles, ropa de vestir, alimentos sofisticados, cuerpos modélicos, etc.), no sólo para satisfacer las necesidades reales, sino que también se persiguen símbolos de posición social, alcanzar más felicidad, estar más sanos, mejorar las relaciones con los demás, es decir, los valores que vende la publicidad. Se consume para imitar a los sectores de la sociedad que se presentan como modelos, los ricos, los famosos, etc. y al imitarlos se pierde la capacidad de definir aquello que es digno y necesario de verdad.

Gobiernos, industria y consumidores son responsables de la crisis ecológica y a todos involucrará la estrategia para alcanzar un consumo y una producción sostenibles. Los gobiernos tienen la responsabilidad de crear políticas de protección ambiental que apunten hacia una producción limpia y hacia la racionalización del consumo. La industria, por su parte, como responsable directa de la mayor parte de la degradación ambiental debe asumir esa responsabilidad y transformar sus modos de producción y comercialización. Y los consumidores también tienen que asumir su cuota en la responsabilidad colectiva y adoptar pautas de conducta más responsables y racionales en relación al consumo y disfrute de bienes y servicios, a la vez que exigir mayor nivel de información en relación a los mismos.

En ambas direcciones, los consumidores pueden desempeñar un papel determinante. Por un lado, deben asumir, como ya se ha indicado, su parte de responsabilidad en la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos. Al fin y al cabo son los que consumen lo que produce la industria y sostienen con sus votos la política de los gobiernos. Por ello, ser conscientes de su responsabilidad y de su fuerza potencial es tan importante para evolucionar hacia un mundo ecológicamente (ambiental y socialmente) sostenible. Así, la disminución del consumo debe plantearse como un objetivo clave.

Sin embargo, el consumo sostenible supone mucho más que cambiar un producto perjudicial para la Tierra o para los humanos por otro más respetuoso: implica, ante todo, cuestionar el modo de consumo y un modo de vida; conlleva examinar el papel de los consumidores y usuarios ante las desigualdades de la economía mundial; significa retar a los gobernantes para que realicen políticas que favorezcan un cambio en el estilo de vida de los ciudadanos.

Consumo responsable

El desarrollo de las sociedades industriales propias del sistema capitalista conllevó, junto a las mejoras de las condiciones de vida de una buena parte de la población de una parte del planeta, la aparición de fenómenos nuevos que propiciaron la aparición de la sociedad de consumo y sus efectos negativos para la conservación del medio ambiente.

No se puede obviar el problema que genera el consumo y su incidencia en el medio ambiente. Este problema global puede considerarse fundamentado en tres pilares: superpoblación, consumo y tecnología. Somos muchos, se consume en exceso en los países desarrollados y se dispone de una tecnología ineficiente e inadecuada para garantizar el equilibrio ecológico. La naturaleza no puede procesar los cambios que el hombre ha introducido en estos dos últimos siglos.

La Cumbre de Río de Janeiro de 1992 señaló la modificación de las actuales pautas de consumo en el mundo industrializado como una de las tareas principales de la humanidad para el próximo siglo. La Tierra no dispone de los medios suficientes para garantizar que todos sus habitantes puedan disponer de un nivel de consumo y despilfarro como el existente en los países desarrollados. Por tanto, hay que admitir que la forma actual de vida sólo se puede mantener si la mayoría de los habitantes del planeta, es decir el 80%, siguen viviendo como hasta ahora en la pobreza utilizando el 20% de los recursos disponibles.

Sin embargo, buena parte de los aspectos relacionados con el consumo requiere que la sociedad se pregunte sobre su propio estilo de vida y ponga en entredicho y cuestione la idea imperante de que tener más y consumir más conlleva ser más feliz y disfrutar de una mayor calidad de vida.

Los modelos de consumo actual no sólo están produciendo un grave deterioro del medio ambiente como consecuencia de la superproducción provocada por la puesta en el mercado de cada vez más productos y del mayor consumo de energía, sino que también se está sufriendo un proceso de degradación de la salud como consecuencia de los nuevos patrones alimentarios o sociales. Algunos ejemplos se encuentran en el aumento del colesterol y de las enfermedades cardiovasculares, el aumento de la obesidad y, en el otro polo, de la bulimia y de la anorexia, así como en multitud de nuevas patologías.

Por todo ello es desde cada consumidor y desde las Asociaciones de Consumidores donde la lucha por proteger el medio ambiente y la salud cobra un sentido más claro, apuntando a las causas y no tratando de poner parches a las consecuencias.

Consumo sostenible

El objetivo será alcanzar una modalidad de consumo sostenible que no hipoteque la supervivencia de las generaciones venideras. Los medios para alcanzarlo son por una parte, la educación y concienciación para un consumo responsable y por otra, el trabajo de denuncia para conseguir producciones menos dañinas para el medio ambiente y para los consumidores y denunciar los mensajes publicitarios o los modelos que limitan la libertad de elección.

El consumo sostenible debe empezar por un consumo consciente y responsable y para ello el consumidor debe exigir una información clara, sencilla y actualizada acerca de las connotaciones ecológicas y sociales de los productos ofertados en el mercado. Hoy, a pesar de que el nivel de conciencia va aumentando, aún existe una considerable carencia de información precisa y de fácil acceso al público en general de estos temas. Por ello, la falta de información no permite una correcta comprensión del problema, ni la participación pública activa en defensa del medio ambiente y de la salud humana por parte de la mayoría de los consumidores.

Todos los estudios rigurosos que se están realizando por instituciones prestigiosas demuestran que no es posible que todos los habitantes del planeta puedan alcanzar, algún día, el mismo nivel de consumo de los habitantes de los países desarrollados. No es posible porque el planeta llamado Tierra no tiene suficientes recursos como para que 6.000 millones de habitantes, y no digamos 9.000, puedan consumir y despilfarrar de la misma manera que lo hacen los que viven en la parte privilegiada de este mundo. Harían falta tres planetas como la Tierra para poder disponer de los recursos necesarios para que los 6.000 millones de habitantes vivieran con este mismo nivel de consumismo insostenible.

Se entiende que hay que decir que esta situación se puede cambiar, pues otro mundo es posible, otros sistemas son viables y es posible globalizar la cultura, la sanidad, el respeto al medio ambiente y, sobre todo, es posible globalizar una alimentación justa para todos los habitantes del planeta. Para ello sí hay recursos en la Tierra, pero sólo se podrá llevar a cabo si se pone freno a la carrera armamentística, al dominio de unos países sobre otros y a la destrucción de los recursos naturales.

Hay que optar por un consumo racional y responsable en una sociedad justa y sostenible. El logro de esos dos objetivos debe ser paralelo y eso es algo más que cambiar un producto perjudicial para el medio ambiente o para los humanos por otro más respetuoso, o seleccionar los residuos urbanos en los hogares; implica, ante todo, cuestionar el sistema de sociedad actual.
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