Consumidor responsable, mundo sostenible

El consumo y el medio ambiente
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2007
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 16
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El problema global del medio ambiente puede considerarse fundamentado en tres pilares: superpoblación, consumo y tecnología. Somos muchos, consumimos en exceso en los países desarrollados y disponemos de una tecnología ineficiente e inadecuada para garantizar el equilibrio ecológico. La naturaleza no puede procesar los cambios que el hombre ha introducido en estos dos últimos siglos.

La Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios de España consagra y desarrolla el derecho del consumidor a la educación y formación en materia de consumo. Contempla entre sus objetivos el promover la libertad y racionalidad en el consumo y adecuar las pautas del mismo a un uso racional de los recursos naturales. Asimismo, consagra el derecho de los consumidores a disponer de una información veraz, eficaz y suficiente y establece los principios generales para la adecuada protección de la salud y la seguridad.

Por su parte, el Programa comunitario de política y acción en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible, elaborado por la Unión Europea, preconiza la reducción de un consumo excesivo de recursos naturales y reconoce el consumo como un fenómeno determinante de las políticas de protección ambiental. Además, establece que la relación entre industria y medio ambiente debe sustentarse, entre otros aspectos, en la gestión de recursos encaminados a racionalizar su consumo y en la información que permita a los consumidores elegir mejor.

¿Consumo = calidad de vida?

Sin embargo, buena parte de los aspectos relacionados con el consumo es a veces objeto de silencio, pues no se puede olvidar que el modelo de desarrollo económico y el éxito de los gobernantes se basan fundamentalmente en incentivar el consumo. Este silencio no es sorprendente pues para romperlo se requiere que la sociedad se pregunte sobre su propio estilo de vida y ponga en entredicho y cuestione la idea imperante de que tener más y consumir más conlleva ser más feliz y disfrutar de una mayor calidad de vida.

Los consumidores de las economías industrializadas se afanan por consumir más y mejores bienes de consumo. Se sufre una dependencia casi paranoica de todo tipo de bienes (electrodomésticos, automóviles, ropa de vestir, alimentos sofisticados, cuerpos modélicos, etc.), no sólo para satisfacer unas necesidades reales, sino que también se persiguen símbolos de posición social, alcanzar más felicidad, estar más sanos, mejorar las relaciones con los demás, es decir, los valores que vende la publicidad. Se consume para imitar a los sectores de la sociedad que se presentan como modelos, los ricos, los famosos, etc. y al imitarlos se pierde la capacidad de definir aquello que es digno y necesario de verdad.

El consumo de bienes normales satisface necesidades físico-objetivas y, en consecuencia, tiene un punto de saturación. Por el contrario, el bienestar y la satisfacción de los bienes de posición o relacionales se miden en comparación con los de otros consumidores y otros momentos históricos, lo que implica la ausencia de un límite, pues el afán de diferenciarse de los demás es interminable. Hablar de consumo de bienes normales para satisfacer las necesidades es hablar de alimentación, es hablar del vestir, es hablar en definitiva de una forma de vivir. Sin embargo, la publicidad no ofrece mensajes informativos para dar a conocer las calidades de los productos; la publicidad vende sensaciones, valores, metas que se pueden conseguir consumiendo dichos productos, que en la mayoría de los casos son falsas.

Reducción del consumo, ¿cosa de otros?

Sin embargo, siempre que se piensa en evitar o limitar los daños al medio ambiente generados por la producción, distribución y consumo de bienes adicionales, se está de acuerdo en que habría que introducir técnicas y productos menos perjudiciales, pero no se piensa en reducir la producción y el consumo.

En este sentido, la promoción del consumismo a través de la publicidad, la televisión comercial y los grandes centros comerciales debe tener una respuesta activa por parte de los consumidores. Los modelos o patrones de felicidad que se están vendiendo no sólo están produciendo un grave deterioro del medio ambiente, como consecuencia de la superproducción provocada por la puesta en el mercado de cada vez más productos y del mayor consumo de energía, sino que también se está sufriendo un proceso de degradación de la salud como consecuencia de los nuevos patrones alimentarios o sociales. Algunos ejemplos se encuentran en el aumento del colesterol y de las enfermedades cardiovasculares, el aumento de la obesidad y, en el otro polo, de la bulimia y de la anorexia, y multitud de nuevas patologías.

Gobiernos, industria y consumidores son responsables de la crisis ecológica y a todos involucrará la estrategia para alcanzar un consumo y una producción sostenibles. Los gobiernos tienen la responsabilidad de crear políticas de protección ambiental que apunten hacia una producción limpia y hacia la racionalización del consumo. La industria, por su lado, como responsable directa de la mayor parte de la degradación ambiental debe asumir esa responsabilidad y transformar sus modos de producción y comercialización. Y los consumidores también tienen que asumir su cuota en la responsabilidad colectiva y adoptar pautas de conducta más responsables y racionales en relación al consumo y disfrute de bienes y servicios, a la vez que exigir mayor nivel de información en relación a los mismos.

El mundo del reciclaje

Reciclar significa volver a darle una utilidad a los componentes que se encuentran en las basuras mediante la elaboración de nuevos productos. Es, por tanto, la acción de volver a introducir en el ciclo de producción y consumo productos materiales obtenidos de residuos. Por ejemplo, reciclar un ordenador significa que o bien sus partes o las materias primas que forman sus componentes vuelven a emplearse en la industria de fabricación o montaje.

También se refiere al conjunto de actividades que pretenden reutilizar partes de artículos que en su conjunto han llegado al término de su vida útil, pero que admiten un uso adicional para alguno de sus componentes o elementos. Al proceso (simple o complejo, dependiendo del material) necesario para disponer de estas partes o elementos, y prepararlos para su nueva utilización, se le conoce como reciclado.

En una visión ecológica del mundo, el reciclaje es la tercera y última medida en el objetivo de la disminución de residuos; el primero sería la reducción del consumo y el segundo la reutilización. Tanto el término como sus actividades se han vuelto de dominio público y se aplican en muchas áreas productivas, económicas, sociales e incluso políticas y humanas.

La filosofía del reciclaje conlleva un control en el consumo (reducción) y una tendencia hacia productos que ofrezcan los mínimos problemas de contaminación y la mayor facilidad para su recuperación. Para la buena realización del reciclaje es indispensable la recogida selectiva.

Ventajas
- Se ahorran materias primas y energía.

- Se reduce la cantidad de residuos a tratar por métodos tradicionales (vertedero e incineración).

- Requiere la participación ciudadana, con las correspondientes repercusiones sociales.

- Hace al consumidor más consciente de los problemas medioambientales.

Inconvenientes
- Se necesita más superficie de terreno que en otros sistemas de tratamiento.

- Siempre queda una fracción de residuos que se tiene que verter.

Dificultades para los usuarios
- La selección de residuos requiere más esfuerzo y atención.

- No siempre se conoce bien cómo realizar esta separación de los residuos.

- Las casas no siempre tienen espacio para realizar la separación.

- La localización de los contenedores y su cercanía o lejanía de la casa.

Separar los residuos en distintas fracciones y dar a cada una el tratamiento adecuado es la clave para manejarlos bien. Es responsabilidad de los municipios y mancomunidades dotarse de los medios técnicos y humanos para recoger selectivamente los Residuos Sólidos Urbanos (RSU). El reto consiste en hacerlo de la forma más eficaz, garantizando además la higiene y la comodidad de los usuarios.

Para esto se han inventado multitud de sistemas: contenedores o instalaciones específicas para entrega de los residuos, así como camiones de distintos tipos. Cada sistema tiene sus ventajas e inconvenientes. Lo que todas esas alternativas tienen en común es la necesidad de que los ciudadanos, pieza clave del proceso, actúen de forma eficaz. Es decir:

· Separen bien desde casa las distintas fracciones de las basuras.

· Lleven cada una a los contenedores o puntos de recogida que les corresponde, en el horario correcto y utilizando convenientemente el equipamiento.
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