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Móviles y salud

Algunos datos que los consumidores deben conocer.

FACUA.org - 22 - junio de 2001
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¿Qué tipo de radiaciones emiten los móviles y sus antenas repetidoras?

La telefonía móvil utiliza la física de propagación de las ondas electromagnéticas. Así, éstas viajan a través del aire desde las antenas emisoras hasta las receptoras alcanzando una velocidad cercana a la de la luz, permitiendo al usuario enviar y recibir información sin apenas limitaciones espaciales.

Para hacer posible esta comunicación es necesaria una red de antenas repetidoras, denominadas estaciones bases transceptoras (EBT). En las zonas rurales, las EBT se montan sobre mástiles o torres, mientras que en las áreas urbanas se ubican en puntos elevados, generalmente las azoteas de los edificios.

Las llamadas radiofrecuencias (RF) pueden producirse con una intensidad variable en un intervalo que va desde los 3 KHz (kilohercios) hasta los 300 MHz (megahercios), y no sólo los teléfonos móviles constituyen una fuente de radiofrecuencias en nuestro entorno más o menos inmediato. Según publica la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe Campos electromagnéticos y salud pública. Efectos de las radiofrecuencias en la salud, entre las fuentes más comunes de campos de radiofrecuencias se encuentran:

- Monitores y pantallas, entre 3 y 30 KHz.
- Aparatos de radio AM, entre 30 KHz y 3 MHz.
- Aparatos de radio de FM, entre 30 MHz y 300 GHz (gigahercios).
- Receptores de televisión, hornos microondas, teléfonos móviles, entre 0,3 y 3 GHz..
- Aparatos de radar, sistemas de comunicaciones por microondas, entre 3 y 30 GHz..
- Radiaciones solares, entre 3 y 300 GHz..

La OMS puso en marcha en 1996 el Proyecto Internacional sobre Campos Electromagnéticos con el objetivo de evaluar los efectos sanitarios y medioambientales que se derivan de la exposición a campos eléctricos y magnéticos en la gama de frecuencias de cero a 300 GHz. Sus conclusiones no estarán disponibles probablemente antes de 2005.

En función de sus efectos sobre la materia y los seres vivos, pueden distinguirse dos tipos de radiaciones electromagnéticas: las ionizantes y las no ionizantes.

Las radiaciones ionizantes son de frecuencias muy altas (como las de los rayos X y gamma) y su energía es tal que es capaz de producir ionización, es decir, ruptura de enlaces atómicos (un fotón incide sobre un átomo haciéndole perder un electrón). Cuando los enlaces atómicos afectados forman parte del material genético de las células, este daño puede provocar, de no ser reparado por el sistema, mutaciones que pueden derivar en cánceres, malformaciones congénitas o defectos en el desarrollo.

Las radiaciones de frecuencias más bajas, como las radiofrecuencias en las que operan los sistemas de telefonía móvil, son, según indican las investigaciones, demasiado débiles para romper enlaces atómicos, por lo que reciben el nombre de no ionizantes. Sin embargo, las radiofrecuencias no ionizantes no están exentas de producir efectos en los organismos, aunque no hay consenso a la hora de determinarlos.

Se vienen realizado diferentes tipos de estudios con el fin de aclarar los posibles efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia: por una parte estudios epidemiológicos, haciendo análisis estadísticos de los historiales médicos de pacientes con patologías con el fin de determinar si pudieran ser atribuibles a las radiofrecuencias de la telefonía móvil; por otra parte, las pruebas estandarizadas llevadas a cabo en una muestra concreta bajo un protocolo determinado. Pero estos estudios tienen muchas dificultades como por ejemplo la de realizarlos en humanos, medir la radiación a la que se expone un individuo, la estandarización de los estudios (no todos los individuos utilizan el mismo modelo móvil, lo colocan en el mismo sitio, viven en zonas con los mismos niveles de radiación) o la complejidad de realizar grandes estudios epidemiológicos a largo plazo, ya que el uso del teléfono móvil se ha extendido hace relativamente poco tiempo.

El profesor Diego Pablo Ruiz Padillo, del departamento de Física Aplicada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, que trabaja en el estudio de las radiofrecuencias, señala que uno de los grandes escollos con los que tropieza la investigación científica es la dificultad de reproducir en laboratorio las condiciones de exposición natural.

El biofísico Gerard H. Hyland, del departamento de Física de la Universidad de Warwick, en Coventry (Gran Bretaña) y el Instituto Internacional de Biofísica Neuss-Holzheim (Alemania) advierte de la dificultad que plantea la reproducción de los resultados obtenidos en un experimento como obstáculo para la aceptación de las conclusiones del mismo. El fracaso de los intentos de replicar los experimentos que han mostrado indicios preocupantes radica en la dificultad de procurar idénticas condiciones debido a la singularidad de los organismos vivos y de las respuestas que emiten ante similares estímulos.