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Algunos consejos sobre alimentación infantil
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Algunos consejos sobre alimentación infantil
Alimentación infantil

Establecer pautas de alimentación y adoptar hábitos saludables son la mejor opción para evitar enfermedades.

FACUA.org - 21 - diciembre de 2008
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Algunos consejos sobre alimentación infantil

Una buena nutrición es la primera línea de defensa contra numerosas enfermedades infantiles que pueden dejar huella de por vida en los niños. Una buena nutrición y una buena salud está ligadas de por vida, pero esta conexión es aún más importante durante la infancia. Es en este periodo cuando se deben adquirir buenos hábitos alimenticios porque así será más fácil que en la edad adulta se apueste por una dieta sana.

Actualmente, y por el ritmo de vida que hoy llevamos, las nuevas condiciones laborales, económicas y sociales están ocasionando una gran transformación en los hábitos alimentarios y en la actitud hacia la comida respecto de la población infantil: abstención y/o abandono prematuro de la lactancia materna, descontrol en los desayunos y meriendas, comida fuera del hogar, desajuste de horarios en las comidas, celebraciones a base de alimentos servicio y golosinas, influencia de los medios de comunicación, la publicidad y las modas… Todo ello esta repercutiendo de forma negativa en la alimentación infantil.

Los errores alimentarios, sobre todo por excesos, pero también por defectos nutricionales, favorecen, principalmente, el sobrepeso y la obesidad, pero también diversos trastornos metabólicos y estados carenciales.

Tales situaciones influyen significativamente en el aumento de riesgo de enfermedad en la infancia (endocrino, cardiovascular, digestiva, esquelética, neurológica, psicológica…), que se trasfiere, en buena medida, a la edad adolescente y adulta. Ante esta situación, debemos prestar más atención a lo que comemos, no sólo nuestros hijos, sino también nosotros, puesto que debemos educar a nuestros hijos a adoptar hábitos saludables en su alimentación.

Las etapas de la alimentación

En todas las etapas de la infancia no se tienen las mismas necesidades nutricionales; éstas varían en función de factores como la edad, el peso, la talla, el ritmo de crecimiento, el ejercicio físico, etc. Es por ello que vamos a analizar cada una de ellas.

Durante la primera infancia

En la etapa comprendida entre cero y tres años, la alimentación corre a cargo exclusivamente de padres y cuidadores por lo que podemos llevar un mejor control de la alimentación de nuestro hijo siguiendo siempre las recomendaciones del pediatra, además de no sobrealimentar al niño. En los primeros meses de vida es recomendable la lactancia materna por los beneficios que la misma proporciona al bebé.

La leche materna contiene, por su composición y propiedades, todo lo que el niño necesita durante los primeros meses de vida para su crecimiento, protegiendo a éste frente a muchas enfermedades como infecciones estomacales o intestinales, alergias, problemas digestivos como estreñimiento o diarrea. La lactancia materna está recomendada de forma exclusiva durante los seis primeros meses de vida y como alimento complementario hasta los dos años de vida.

En este sentido, mencionar que, en algunos casos, debido a diferentes razones, no es posible alimentar al bebé con leche materna por lo que en el mercado existe una gran variedad de preparados para lactantes (sustituyen a la leche materna) los cuales representan un óptimo sustituto de la leche materna y de continuación (recomendado para partir de los seis meses). Dichos preparados deben contar con las máximas garantías de seguridad y de calidad y que debemos tener en cuenta a la hora de elegir uno u otro.

A partir de los seis meses

En este momento es cuando se empieza a introducir como alimento complementario a la leche alimentos sólidos, ya que la leche ya no es suficiente para garantizar el correcto crecimiento del pequeño.

Esta incorporación se hará de forma gradual y siempre siguiendo las instrucciones del pediatra para evitar la aparición de alergias e intolerancias. Se empezará por la fruta, principalmente manzana, pera y plátano y los cereales añadidos a la leche. Una vez que el niño ha aceptado bien la fruta es el momento de introducir la verdura y la carne.

Durante el primer y hasta el tercer año de vida

La alimentación del niño debe ir incorporando alimentos de forma que se vaya asemejando a la alimentación del adulto que deberá ser lo más sana y equilibrada posible. En esta etapa se incorporaran alimentos como el huevo y el pescado siendo importante la implantación de hábitos de conducta durante la hora de la comida así como el aprendizaje de habilidades como beber en vaso, comer con los cubiertos, mantener una postura adecuada en la mesa, etc.

Respecto a la introducción del huevo en la alimentación del niño es importante que se comience con la incorporación de la yema y posteriormente la clara, ya que ésta es más propensa a provocar alergias. Debe controlarse que su alimentación sea completa y que garantice una aportación adecuada de vitaminas, sales minerales, carbohidratos, proteínas y grasas.

A partir de los tres años

En lo que se denomina 'segunda infancia', aunque la alimentación sigue estando a cargo de padres y educadores principalmente, existen múltiples elementos externos que pueden influir en la alimentación de nuestro hijo: publicidad, escuela, amistades etc.

En esta etapa, es importante la presentación que se haga de los alimentos, especialmente si se trata de alimentos que le resulten al niño poco apetecibles. Es conveniente conocer los menús que ofrecen los colegios para poder completarlos con las comidas que se realizan en el hogar e inculcar que el desayuno es una de las comidas más importante del día.

En el almuerzo o la merienda, se debe favorecer la ingesta de bocadillos preparados en casa, frutas y productos lácteos y evitar la bollería industrial. También es conveniente limitar el consumo de alimentos superfluos como las golosinas, especialmente entre comidas, y las bebidas refrescantes azucaradas. Éstas últimas es mejor sustituirlas por zumos naturales, batidos caseros de leche, yogurt o frutas.

No sólo hay que prestar atención a los alimentos que se ingieren sino que también se han de establecer unas pautas de comportamiento ante la alimentación. Se ha de educar al niño para que coma lo que debe, cuando debe y de una forma adecuada. Uno de los requisitos para asegurar al niño un correcto equilibrio alimenticio es la regularidad en los horarios y una correcta división de los momentos que deben dedicarse a su nutrición.

Algunos de los consejos más útiles para lograrlo son: procurar que el niño no adquiera conductas alimenticias caprichosas y monótonas con preferencia hacia unos alimentos y aversión a otros; enseñarle, cuanto antes mejor, a comer despacio y con moderación y a masticar bien los alimentos; evitar elementos que distraigan la atención del niño durante las comidas como por ejemplo la televisión; y no emplear nunca los alimentos como premio o castigo.

Si desde el principio se han ido cumpliendo estas pautas, cuando el niño llega a la etapa de la adolescencia ya ha de tener el conocimiento de lo que constituye una buena base para la alimentación. Pero la adolescencia es un período en el que se producen una serie de cambios físicos que requieren también una atención especial en cuanto a la alimentación.