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Menos consumo, contaminación y ruido
En este informe:
Menos consumo, contaminación y ruido
Coches híbridos

Una alternativa a corto plazo para garantizar un futuro menos contaminado.

FACUA.org - 21 - enero de 2007
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Menos consumo, contaminación y ruido

Los vehículos ecológicos se presentan como alternativa a los vehículos movidos por carburantes tradicionales. La combinación de dos motores, uno eléctrico y otro de explosión, hace que se reduzca considerablemente en el consumo de combustible, en la emisión de gases de efecto invernadero y en el ruido.

Los combustibles tradicionales son finitos, y llegará un punto en el que no se podrá disponer de ellos. La búsqueda de medios de energías alternativas se hace cada vez más necesaria, y más en el sector del transporte. En el año 2003 ya había en el mundo casi 837 millones de vehículos. Está claro que urge buscar una solución alternativa al petróleo.

Los coches híbridos son aquellos que combinan dos motores, uno eléctrico y otro de explosión. Los dos impulsan el vehículo, complementándose para moverlo. La mecánica eléctrica es la que arranca el coche, mientras que el motor de gasolina sólo actúa como apoyo tanto en el arranque como al circular a una velocidad moderada. El motor eléctrico se recarga en las frenadas, los descensos de velocidad o las cuestas, evitando así los largos periodos de carga de los coches puramente eléctricos. Es la llamada frenada regenerativa, que hace que el motor eléctrico se recargue en los momentos de aceleración y desaceleración, recuperando así energía cinética. Esto supone una disminución bastante considerable en el consumo de combustible, en la emisión de gases contaminantes y en el ruido.

Así, se puede calcular que una familia que gasta 900 euros al año en carburante podría ahorrar una media de 370 euros anuales si tiene un vehículo híbrido. En una ciudad como Sevilla, que tiene unos 750.000 coches, si el 10% fuera híbrido se ahorrarían 30,4 millones de litros de carburante y se dejarían de emitir a la atmósfera 74.000 toneladas de CO2.

La gran ventaja de este tipo de vehículos es que ahorra mucho en ciudad, a determinadas velocidades, que es cuando utiliza en su funcionamiento el motor eléctrico. Cuando se alcanzan los 25 ó 30 kilómetros por hora, el sistema enciende automáticamente el motor de combustión. Al alcanzar altas velocidades el motor eléctrico entra en funcionamiento de nuevo, complementando y aumentando la potencia del motor convencional. Además, en este tipo de trayectos la batería se recarga con el movimiento de las ruedas del coche, con el consiguiente ahorro energético que ello conlleva.

El gran problema de estas tecnologías es el alto precio de los coches y que no se pueden adaptar a los automóviles ya existentes, lo que obliga al usuario a comprar un nuevo vehículo.

Otros vehículos ecológicos

Se puede hablar también de otros tipos de vehículos ecológicos, como los que incorporan la tecnología flexi-fuel, es decir, una serie de modificaciones mecánicas cuyo resultado es la posibilidad de emplear cualquier mezcla de gasolina y bioetanol en proporciones de hasta el 85% de carburante biológico.

Muchos países están incorporando ya el uso de este tipo de energías a la vida cotidiana. En Estados Unidos, Canadá y el norte de Europa se usa ya el etanol, cuya ventaja principal es que no genera CO2 en la combustión. En Suecia, por ejemplo, se añade un 5% de este combustible a la gasolina.

Francia ha aprobado recientemente el uso de E85 en algunas partes del país, que es una mezcla de 85% de etanol con 15% de gasolina que reduce las emisiones de CO2 hasta un 80% respecto a la generada por el uso de gasolina pura.

La pila de combustible es otra opción. Es un motor eléctrico que almacena con facilidad mucha energía en forma de combustible en un tanque. La electricidad no se almacena en baterías, sino que se genera en el propio vehículo por una reacción química, la llamada combustión fría, más ecológica que la tradicional.

El hidrógeno es otra fuente de energía que se baraja para propulsar los vehículos. En este caso, se podrá combinar el gas con la gasolina, lo que dará una autonomía de unos 750 kilómetros.

Otras opciones son el gas natural licuado, usado en España por los transportes públicos en algunas ciudades, o el biocombustible, que se obtiene a partir de elementos naturales, como el trigo, la cebada, el azúcar o las patatas, y que pueden ser utilizados por cualquier motor con pequeños ajustes y resultan muy baratos.

El biodiesel tiene muchas ventajas para el medio ambiente, ya que su uso disminuye las emisiones contaminantes como el monóxido de carbono, óxidos de azufre y partículas, así como el CO2, que se reduce en un 80% respecto a los combustibles que provienen del petróleo. En varias ciudades españolas se usa este carburante para el transporte público.

En una directiva aprobada por el Parlamento en mayo de 2003, la Unión Europea abogó por crear un marco dirigido a fomentar la utilización de biocarburantes con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y el impacto medioambiental de los transportes y aumentar la seguridad del abastecimiento.

Para ello impuso a los Estados miembros la obligación de adoptar las medidas necesarias para que, a partir de 2005, los biocarburantes representaran un mínimo de los combustibles comercializados en su territorio.

Los combustibles que se pueden comercializar son:

- Bioetanol: proviene de la fermentación de plantas ricas en azúcar o almidón.
- Biodiesel: se obtiene de la biomasa o aceites de fritura.
- ETBE: bioetanol esterificado.
- Biogás: combustible gaseoso producido mediante fermentación por bacterias de materias orgánicas.
- Biometanol: metanol producido a partir de la biomasa.
- Bioaceite: producido por pirólisis, es decir, descomposición nuclear de la biomasa por aplicación del calor.

Para diciembre de 2010, los Estados miembros deberían velar por que la proporción mínima de biocarburantes comercializados en sus mercados sea del 5,75%.

Sin embargo, a día de hoy la Unión Europea ha constatado que este objetivo no se cumple, por lo que la Comisión ha propuesto recientemente pasar a una nueva economía con un bajo uso de energías fósiles con el objetivo obligatorio de que las energías renovables cubran el 20% del consumo para el año 2020. También ha propuesto que en ese año el uso de los biocombustibles represente, al menos, el 10% del consumo del petróleo y derivados empleados en el transporte.

Otra iniciativa de la Comisión Europea fijó como objetivo para el año 2012 reducir las emisiones de CO2 en los automóviles a 120 gramos por kilómetro e inició negociaciones con las empresas para que se adhirieran voluntariamente al programa. Este acuerdo incluyó el compromiso de reducir a 140 gramos por kilómetro para 2008 y 2009, es decir, una reducción de casi un 25% en relación con los niveles de 2005. Sin embargo, a la vista de los resultados obtenidos hasta el momento, estos objetivos no se van a cumplir, lo que ha obligado a una parte de la Comisión Europea a dar marcha atrás en sus planes y ha puesto de manifiesto la división de opiniones en el seno de esta institución europea.

Petróleo, un bien escaso

Hay muchos estudios que afirman que el día en el que se acabe el petróleo no tardará en llegar.

Se habla incluso de un plazo de 30 a 40 años, por lo que llegado el momento será necesario contar con otro tipo de energía como base para nuestro desarrollo vital. Incluso en la actualidad se espera que en algún momento se produzca una grave crisis del sector petrolífero y los precios se disparen. A este problema se le añade que los grandes yacimientos de petróleo, donde la extracción del crudo es barata, se están agotando.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) advierte que en un plazo de 10 ó 15 años la producción mundial de hidrocarburos no tendrá capacidad suficiente para cubrir la demanda. Según un informe del Gobierno francés, el consumo diario pasará de los actuales 84,7 millones de barriles diarios a 91,8 millones en 2010, por lo que las reservas mundiales de petróleo se agotarían antes de 30 años.

Es por ello que cada vez se habla más de el uso de energías alternativas, renovables, y que fomenten el desarrollo sostenible. Los vehículos híbridos suponen una importante reducción en el uso de combustibles contaminantes derivados del petróleo y la emisión de gases de efecto invernadero, ya que consumen un 40% menos, y además tienen un menor impacto acústico.