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Cuando el gas protector de la vida se convierte en un peligroso contaminante
En este informe:
Cuando el gas protector de la vida se convierte en un peligroso contaminante
Los peligros del ozono

Cuando se sitúa en nuestros niveles atmosféricos, el ozono deja de ser el gas protector de la vida en el planeta para convertirse en un peligroso contaminante.

FACUA.org - 21 - junio de 2001
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Cuando el gas protector de la vida se convierte en un peligroso contaminante

Los grandes problemas relacionados con la contaminación atmosférica en las ciudades comienzan con la Revolución Industrial y han sido consecuencia, primeramente, de la cercanía de las industrias a los núcleos urbanos y, más tarde, de la calefacción y el tráfico. La emisión de gases y partículas afectó al principio a las áreas más cercanas a las fuentes de las emisiones contaminantes para ir después alcanzando áreas más amplias y alejadas, convirtiendo los problemas locales en regionales y, finalmente, globales, afectando hoy, con mayor o menor intensidad, a todo el planeta.

La contaminación atmosférica comenzó pronto a estudiarse, encontrando ya en 1852 los primeros artículos científicos que constataban los daños de la lluvia ácida en el suelo y aguas de alguna de las zonas más industrializadas de Inglaterra. La existencia de episodios de contaminación de cierta envergadura en décadas posteriores, como los ocurridos en Donora (Pennsylvania, EE.UU.), Valle del Mosa (Bélgica) o Londres (Gran Bretaña), que afectaron seriamente a miles de personas, obligó a conocer y, en lo posible, sustituir los productos que presentaban una incidencia negativa sobre el medio y los seres humanos, como el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, el plomo, etc., que fueron regulados y controlados a fin de garantizar la salud de la población expuesta a las combustiones y actividades, reduciendo su impacto ambiental. Como consecuencia, sus valores actuales en los núcleos urbanos de los países desarrollados han llegado a estar por debajo de los requeridos en las normativas internacionales.

Las ciudades continuaron creciendo, hasta tal punto de que el 50% de la población mundial vive actualmente en ellas, porcentaje que se eleva al 80% en los países desarrollados. El crecimiento urbano y las actividades propias de una sociedad de servicios han impulsado un espectacular aumento del transporte que, tras el alejamiento de las industrias de los centros urbanos y la sustitución de las antiguas calefacciones de carbón, han pasado a convertirse en la principal fuente contaminante, reponsable del 85% de las emisiones que tienen lugar en el interior de las ciudades, y ello sin considerar otros aspectos sociales y ambientales como la contaminación acústica, el estrés, la pérdida de calidad de vida... que también originan.

Con el tráfico masivo han aparecido nuevos contaminantes, procedentes de la combustión de los motores, mucho menos estudiados que los citados anteriormente. Entre ellos figuran algunas familias de compuestos orgánicos y los contaminantes fotoquímicos, de los que el ozono es el más representativo.

Gas protector

El ozono es un gas bien conocido por su función protectora en la alta atmósfera, constituyendo lo que se ha venido llamando capa de ozono. Efectivamente, ese ozono que apareció sobre nuestro planeta hace 1.500 millones de años permitió que la vida evolucionara desde el agua hacia tierra firme, y gracias a comportarse como un escudo frente a las fracciones más penetrantes de la radiación ultravioleta solar (B y C) ha garantizado la existencia de la vida tal y como hoy la conocemos.

La capa de ozono ha sido seriamente dañada como consecuencia, entre otros factores, del cloro y bromo contenido en muchos de nuestros productos de consumo diario (sprays, refrigeración, espumas, pesticidas...), aunque las reuniones internacionales y los plazos de reducción para los productos perjudiciales que han ido marcando, pueden representar una esperanza para la recuperación de nuestra capa protectora.

Diferente es el caso del ozono cuando se sitúa en nuestros niveles atmosféricos, donde el ozono actúa como un peligroso contaminante capaz de provocar daños en la salud humana, animales, cultivos y materiales, además de contribuir a incrementar el efecto invernadero. A diferencia de otros productos, se conoce sólo desde 1954, cuando fue estudiado en una de las áreas más castigadas por esta clase de contaminación: Los Angeles (California, EE.UU.), ciudad caracterizada por su intenso tráfico y su clima benigno. Desde entonces, los nuevos datos no han hecho sino confirmar la presencia de ozono en otros muchos lugares (como toda la región mediterránea) y el aumento de las concentraciones en una proporción estimada entre el 1% y el 2% por año, alcanzando valores elevados en el aire contaminado de las grandes ciudades.

Daños a la salud

El ozono es el producto más oxidante de todos los conocidos después del flúor. Debido a este carácter, puede producir, en determinadas concentraciones, irritaciones en los ojos, fosas nasales, garganta y bronquios, causando inflamaciones en las mucosas y conjuntiva. Cuando las concentraciones de ozono son elevadas se producen dificultades respiratorias y dolor en el pecho, lo que se acentúa en los grupos de población más sensible como niños, ancianos, enfermos respiratorios crónicos o personas que desarrollen actividades físicas al aire libre. Efectos similares se producen también en los animales.

En cuanto a las plantas, el ozono se encuentra entre los contaminantes más tóxicos, reduciendo la fotosíntesis y favoreciendo su envejecimiento, llevando a una reducción en el rendimiento de las plantas cultivables. Esto ha sido observado en todas las zonas en las que se han realizado investigaciones, mostrando desde daños a bosques de pinos en las montañas de América del Norte y en la región mediterránea, especialmente en Grecia, hasta los producidos en plantas cultivadas y hortalizas, como el tabaco y la sandía en la región valenciana, que además de dañar el vegetal, reducen notablemente el rendimiento de las cosechas.

El fuerte carácter oxidante del ozono es, asimismo, el responsable del daño producido a algunos materiales, tanto naturales, entre ellos el caucho, el algodón y la celulosa, como pinturas o plásticos. Entre los casos que más preocupan se encuentra la degradación de los colorantes artísticos, que obliga a una especial vigilancia y protección de museos y salas de arte.

Finalmente, el ozono contribuye a incrementar el efecto invernadero, con sus ya sabidas consecuencias sobre el clima, y aunque su presencia es inferior a la de los gases principales, como el dióxido de carbono o el metano, es responsable del 9% del efecto invernadero global.

Principal contaminante

La contaminación por ozono tiene una serie de rasgos propios que le dan un comportamiento original. A diferencia de otros contaminantes que son emitidos directamente por sus fuentes, el ozono surge a partir de productos precursores en presencia de abundante luz solar, motivo por el que se le define como contaminante secundario. Los precursores son los óxidos de nitrógeno y los hidrocarburos, ambos muy frecuentes en las atmósferas urbanas e industriales.

El otro componente indispensable para que esta clase de contaminación se produzca es la radiación solar, siendo ésta la causa de que España -donde treinta y dos provincias alcanzan o superan las 2.700 horas solares anuales- y en particular su zona mediterránea, sea uno de los países más afectados, hasta el punto de que podemos considerar ya al ozono como el principal contaminante atmosférico en España.