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Así trabajan los esclavos de la globalización

FACUA.org - 22 - octubre de 2001
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Introducción

La mano de obra barata de los países del Sur, con obreros, niños en muchos casos, que llegan a trabajar en condiciones cercanas a la esclavitud, es el gran negocio de ciertas multinacionales.

La situación laboral de los países del Sur siempre ha dejado mucho que desear; pero, desde los años 60 y ante el aumento de la competitividad entre las multinacionales, ésta se ha agravado debido a la práctica de una nueva modalidad laboral: la subcontratación, a través de la cual las grandes empresas trasladan sus locales de producción hacia países del Tercer Mundo con la finalidad de ahorrar en el proceso de fabricación. Generalmente, se trata de lugares en los que producir resulta mucho más rentable, ya que son países que poseen una legislación social, fiscal o medioambiental menos costosa y en los que la mano de obra es mucho más flexible y barata.

Según Setem, una federación de organizaciones no gubernamentales especializada en temas de cooperación y desarrollo, mientras que en algunos países europeos el sueldo medio de un obrero cualificado está sobre los 7,21 euros, en Marruecos es de 0,8 euros, en Polonia de 0,39 euros y en Filipinas de 0,15 euros. Esto deja ver claramente las ventajas de desplazar la producción.

En estos países, las condiciones laborales son muy duras. En algunos casos, los trabajadores se ven obligados a realizar horas extras que no son contabilizadas como tales, ya que son necesarias para alcanzar la producción mínima exigida. A todo esto, hay que añadir que estas fábricas no suelen cumplir unas condiciones mínimas en materia de seguridad e higiene porque, en muchos casos, estos países ni siquiera poseen una legislación que regule estos aspectos. Además, en estos países la libertad sindical no siempre existe.

En ocasiones, los trabajadores son forzados a trabajar para afrontar el pago de una deuda contraída anteriormente con el patrono, la cual, con mucha seguridad, nunca se llegará a eliminar.

Si estas condiciones ya son duras, especialmente alarmante resulta la situación laboral de niños y adolescentes, cuyo sueldo es mucho menor que el de los adultos, lo que contribuye al aumento de la explotación infantil y al desempleo en los mayores.

Las empresas también emplean otra forma de contratación, consistente en el trabajo a domicilio; esta modalidad hace que la empresa se libre de tener una plantilla y de pagar la Seguridad Social, el coste es menor y la flexibilidad laboral aumenta. Aunque, en teoría, no se trata de un trabajo ilegal, sí se suele contar con la ayuda de otros miembros de la familia para la realización de las tareas, entre ellos, los niños.

De todos es sabido que, ante las malas condiciones laborales de los países del Sur, la explotación de los trabajadores en las industrias está a la orden del día. Quizás el caso más sonado sea el de la marca Nike. Tal como afirma Setem, esta empresa internacional realiza el 99% de su producción en el Tercer Mundo, principalmente en Indonesia y China, donde emplea a unas 75.000 personas. Pero cuando compramos unas zapatillas Nike, menos del 0,18% de lo que pagamos va a parar al trabajador indonesio o chino que las ha fabricado.

La jornada laboral de estos trabajadores es de hasta doce horas diarias, por la que cobran un salario de poco más de 31 euros, lo cual equivale tan sólo al 30% de las necesidades vitales de una familia; si, por contra, el trabajador es un niño, el sueldo baja hasta menos de 14 euros al mes.

Según afirma un dosier informativo de Infomundi, Servicio de Información y Documentación sobre el Tercer Mundo creado por Medicus Mundi en 1996, "los niños trabajadores constituyen ya en Asia el 11% de la población activa (...), en África representan en torno al 17%, mientras que en algunas ciudades de América Latina trabajan hasta el 26% de los niños. Brasil presenta una de las tasas más elevadas: el 18% de los niños entre diez y catorce años".

El 65% de ellos, sobre todo las niñas, trabaja de seis a siete días por semana sin recibir ninguna paga por horas extraordinarias ni prestaciones sociales o de otro tipo que se conceden normalmente a adultos. La jornada laboral puede extenderse hasta las nueve horas diarias a cambio de recibir la mitad del sueldo de un adulto: "Tres dólares semanales en las fábricas de bombillas de Indonesia por 48 horas de trabajo. La misma cantidad en Zimbabue por 60 horas, en la recolección del café. Un dólar al día en las fábricas de alfombras de Nepal".

Entran en este mundo en torno a los diez años de edad, aunque ésta suele bajar notablemente en ambientes rurales.