Timocracia
Capítulo 5: Bares para no volver

43 cosas que pueden pasarte en un restaurante para que decidas no pisarlo nunca más

Quinto capítulo de 'Timocracia. 300 trampas con las que empresas y gobiernos nos toman el pelo a los consumidores'. Un libro editado por FACUA y su Fundación.

Por Rubén Sánchez

CAPÍTULO 5: BARES PARA NO VOLVER

43 cosas que pueden pasarte en un restaurante para que decidas no pisarlo nunca más

Tengo mucho respeto por la gente que va a McDonald's y se pide una ensalada. Yo mismo voy habitualmente a un restaurante italiano de Sevilla, Montolivo, porque me encantan sus papas con chocos. De hecho, también respeto a los que van a McDonald's a comer hamburguesas. Hay quienes, cuando piensan en hamburguesas, creen que sólo existen dos opciones. Y las causas por las que unos optan por el Big Mac y otros por el Big King son de lo más variopinto. La mía creo que es por un problema psicológico que arrastro desde la infancia: suelo huir de McDonald's porque su mascota, Ronald McDonald, me recuerda al payaso de It93. Aunque hay más motivos.

Imagen: Fotograma de lt (Warner Bros).
Imagen: Fotograma de lt (Warner Bros).

 

Recuerdo que la noche que mi mujer y yo fuimos a ver Extinction94 se nos hizo tarde y tuvimos que optar entre las dos alternativas de comida rápida que había en el centro comercial. Así que elegimos McDonald's, obligados por la eterna cola de Burger King. Como soy el tonto de las novedades, pedimos la hamburguesa que protagonizaba sus campañas publicitarias en esas fechas y que tenía una pinta maravillosa en el cartel que nos recibió a la entrada del establecimiento: The Ultimate CBO Sour Cream Onion by Peña. Comerme esa cosa se me hizo más largo que el nombre. Y Keka todavía no me lo ha perdonado.

Imagen: Fotograma de Extinction (Sony Pictures).
Imagen: Fotograma de Extinction (Sony Pictures).

 

Unos días después de mi desagradable experiencia con lo que McDonald's anunciaba como hamburguesa gourmet, descubrí que había más damnificados quejándose en las redes sociales. Por lo visto, para idear la receta la cadena estadounidense había tenido que contratar a un cocinero, Javier García Peña, que se había hecho famoso por ganar un concurso de la tele -no recuerdo si era Masterchef, Top chef o Top dance-. Así que como McDonald's no se atreve a abrir una cuenta de Twitter en España -créeme, @mcdonalds_es no más que un fake-, algunos usuarios de esta red social descontentos con la hamburguesa de nombre kilométrico optaron por dar las quejas directamente al tal Peña.

En su respuesta a uno de los consumidores que se quejaron, el chef cometió un error de Primero de Twitter. Hay una regla que dice que si has cobrado una pasta por ser la imagen de una multinacional, cuando alguien te critique porque se ha gastado su dinero en el producto que anuncias y no le ha gustado, como mínimo ten un poquito de jodido respeto. Y Peña pasó esa regla por alto. "Eres muy pesado artista, no te gusta no la comas, vive y deja vivir". Ésta es la filosófica respuesta que dió a un tuitero por recriminarle que el parecido entre la hamburguesa que le dieron y la de los anuncios era el mismo que el de un huevo a una castaña. Respuesta tras la que bloqueó al usuario descontento. "No es exactamente que no le guste. Es que no se parece demasiado a la hamburguesa de tu anuncio de McDonald's", le contesté yo. Acto seguido, el chef me bloqueó a mí también.

Seguí el consejo de Peña y no volví a comerme su hamburguesa. Pero como a mí también me encanta la cocina, le obsequié con una mis recetas. Utilicé cinco ingredientes: hice un montajito fotográfico con la hamburguesa del anuncio y la del mundo real junto al comentario del usuario, la respuesta del chef y la que le di yo, condimentándolo todo con un hashtag. Y lancé un tuit con la imagen y este texto: "Si te quejas porque la hamburguesa no se parece a la de su anuncio de McDonalds, @JPenaTopChef te regala un #McBlock"95. Gracias a la ayuda de los cerca de 1.500 usuarios que lo retuitearon, el mensaje fue visto por más de 150.000 personas y superó las 35.000 interacciones. Cuando a los consumidores nos toman el pelo, no sólo hay que reclamar y denunciar los abusos, sino hacer que la gente se entere de ellos. Y para eso las redes sociales pueden ser armas muy eficaces.

Se llame McDonald's o Casa Pepe -una de las cadenas con más establecimientos de la hostelería española-, los bares y restaurantes tienen que respetar nuestros derechos. Lamentablemente, la cantidad de abusos que muchos de ellos cometen es larga: desde productos que no tienen nada que ver con lo que publicitan hasta precios abusivos en platos que no aparecían en la carta, pasando por el cobro de suplementos tan disparatados como el uso de cubiertos, pedir hielo o que te sirvan la carne muy hecha... Ahí va una lista con 43 cosas que pueden pasarte en un restaurante, algunas de las cuales pueden hacer que decidas no pisarlo nunca más.

Imagen: Juego de tronos (HBO).
Imagen: Juego de tronos (HBO).

 

1. Cobran la tapa de ensaladilla como si estuviera hecha con caviar de esturión beluga y la cerveza parece tener cebada cultivada en los jardines del Palacio de Versalles. Los precios son libres. Y tú también lo eres de no volver al local y de contar cómo se pasan, a tus amigos y en las redes sociales. Eso sí, en caso de que te quieran cobrar un pastizal por un producto del que habían ocultado el precio, puedes negarte. En cualquier caso, es necesario que la legislación del sector mejore para obligar a que el menú que se entrega en la mesa o la barra incluya los precios de todos los productos que sirven en el establecimiento. Con la normativa vigente en la actualidad, pueden omitir algunos si exhiben en un lugar visible una lista de precios completa. Si tampoco lo hacen, el incumplimiento de la ley es indiscutible.

2. No aparecen las bebidas en la carta. Y no se trata de que tengan una de vinos aparte. Hay locales donde informan de los precios de lo que se come pero no de lo que se bebe. A veces, es una trampa para cobrarte un disparate por una caña de cerveza o un refresco.

3. Cobran por el pan. Pueden hacerlo, pero sólo si está en la lista de precios. Suelen incluir en la cuenta una cantidad por cada persona que se sienta a la mesa, salvo que indiques que no lo quieres. Por cierto, si especifican que cobran por cada pieza, no descartes que el precio aumente si se acaba y pides más.

4. El aperitivo que no pediste te sale por un ojo de la cara. Salvo que indiques que no lo quieres, es perfectamente legal, siempre que aparezca en la lista de precios. Eso sí, mientras hay establecimientos donde puedes abrir boca con una riquísima y económica degustación de alguno de los platos que aparecen en la carta, en otros te cobran 3 euros por un triste puñado de patatas fritas de bolsa.

5. Los precios que aparecen en la cuenta son un 10% más caros que los de la carta porque había que añadirles el IVA. Está absolutamente prohibido. Y no vale eso de incluir una frase con la advertencia "IVA no incluido" para que se lo sumes tú a cada plato. Has venido a comer, no a hacer sudokus, que con un 10% es fácil, pero como vuelvan a subir el IVA... La ley establece que siempre hay que indicar el precio final completo, por lo que puedes plantear que no pagarás más del importe que habías leído junto a cada plato.

6. En mesa, los precios son más caros que en la barra. Pueden hacerlo, pero únicamente si en la carta desglosan todos los precios. Al igual que con el IVA, no es admisible legalmente limitarse a indicar a pie de página que habrá un porcentaje de incremento por el servicio en mesa.

7. Te cobran una cerveza de más. A veces es por error. Otras, porque se pasan de listos para ganar un dinero extra aprovechándose de que buena parte de los clientes no se para a revisar la cuenta.

8. Hay un suplemento si quieres la carne muy hecha. Se ve que hay que compensar de alguna forma el descomunal sobreesfuerzo que representa para el cocinero. ¿Aplicarán un descuento si la pides casi cruda? Obviamente, ni se te ocurra aceptar esa tomadura de pelo.

9. En algunos platos de la carta, en lugar de los precios aparecen las siglas "SM" o "PSM". Ni los platos incluyen un libro de texto ni tienen nada que ver con el Partido Socialista de Madrid. Se refieren a que aplican "precios según mercado". Y como imaginarás a estas alturas, no es legal. Puede ser razonable que cada varios días, o incluso a diario, cambien los precios de carnes, pescados y mariscos frescos en proporción a su oscilación en el mercado, pero eso no les exime de reimprimir la carta o colocar una simple pegatina para actualizar sus importes.

10. Aplican un suplemento por el hielo. Si pides un refresco, resulta tan abusivo como si te cobraran por el vaso. Y cuidado, no vaya a ser que tengan otra tarifa por cada cubito extra. Si se trata de un café, siempre tienen la opción de incluir en la carta el "café con hielo" como un producto distinto. Es bastante cutre pero admisible legalmente.

11. El agua del grifo hay que pagarla. Pues sí, son unos roñosos pero no incumplen la ley... salvo que hayan olvidado incluirlo en la lista de precios o que en la comunidad autónoma donde esté el establecimiento haya una norma que obligue a servir agua del grifo gratis96.

12. Pides una pastilla para el dolor de cabeza y te la incluyen en la cuenta. No sólo no pueden cobrártela, sino ni tan siquiera dártela. Sólo las farmacias y los centros sanitarios pueden suministrar medicamentos. Si debido a sus contraindicaciones te provoca un problema, el responsable del establecimiento puede meterse en un lío.

13. Pretenden que pagues por entrar en el servicio. Igual la tarifa es más cara si quieres usar jabón o papel higiénico. Tan legal como que tú les cobres por tirar de la cisterna.

14. Hay una carta paralela cuyos precios sólo están en la mente de los camareros. "Además de lo que está en la carta tenemos...". En muchos casos, el complemento directo de esta frase es una eterna lista de platos por los que tienes que volver a preguntar una y otra vez: "¿Qué es lo que dijo entre la urta a la roteña y el solomillo al whisky?", "El decimonoveno montadito, ¿era de melva con pimientos o con alioli?". Si no aparecen ni en la carta que nos entregan en la mesa ni en una lista de precios perfectamente visible en el local, estás en tu derecho de negarte a pagar cantidades que consideres abusivas. Como mucho, puedes ofrecerte a abonar precios que se equiparen a los de otros platos que sí están por escrito. Y si no atienden a razones, tienen las de perder, no sólo porque no les pagues, sino por la multa que puede caerles. Haz una foto del listado de precios para aportarla como prueba si tienes que presentar una denuncia ante la autoridad autonómica de consumo.

15. Existe un "menú del día" del que nadie te informa. Una ley de 1965130 obligaba a los restaurantes a ofrecerlo con primer plato, segundo, pan, vino (¡viva!) y postre. La norma está derogada, pero muchísimos locales tienen menú del día, en algunos casos porque creen que sigue siendo obligatorio -ya sólo lo es si la comunidad donde estén ubicados se lo impone en su normativa autonómica-. A veces lo esconden o le ponen un precio tan caro que sale más a cuenta elegir platos de la carta. Sus propietarios son tan listillos que creen que están saltándose una ley que ni siquiera existe. Y luego están los que incluyen en el menú platos que no darían de comer ni a sus mascotas.

16. No te permiten compartir el menú del día. Se ve que si comes de menú te están haciendo un favor, así que ni se te ocurra sacar la mano para coger una patata frita del plato de tu pareja, porque puede que haya cámaras grabándote. Pero no, obviamente no existe ninguna ley que diga que el menú es personal e intransferible, salvo en Asturias, que cuenta con un peculiar decreto que dice que los hosteleros pueden negarse a servir un número de menús inferior al de comensales.

17. Tu plato favorito de la carta está incluido en el menú del día, pero es distinto. Pongamos un ejemplo real: los Nachos San Fernando de Foster's Hollywood. El camarero te pregunta si lo quieres con un ingrediente que siempre lleva ese plato, en este caso el guacamole, así que le contestas que por supuesto que sí. Cuando llega la cuenta, te lo han cargado aparte como suplemento. La práctica es denunciable incluso si en el papelito del menú te informan de que cobran ese ingrediente como extra. Porque no es un extra, ya que forma parte del plato. En nuestro ejemplo, Foster's siempre puede empezar a cumplir la ley cutremente si rebautiza su plato en el menú como Nachos San Fernando Sin Guacamole.

18. Algunos precios se indican por gramos y no por unidad. Hay platos en los que puede ser razonable informar así, pero para no llevarte a error, la carta debería aclarar al menos el peso referente que suelen tener de media y el precio que les correspondería. Y si se trata de una pieza entera, por ejemplo un pescado, puedes solicitar que te la enseñen antes de cocinarla.

19. Cobran por el cubierto. Salvo que la idea sea que los paguen los clientes que quieran llevárselos a casa, es tan ilegal como que te cargasen una cantidad adicional por limpiar la mesa o poner el mantel. En resumen, no puede cobrarse nada que resulte necesario para la prestación del servicio. Y no, lo de que podrías comer con las manos no cuela.

20. Pides kétchup para la hamburguesa y te lo cobran aparte. Es cutre, sí, pero si aparece la salsa en la lista de precios igual tienes que pagarlo, salvo que quieras entablar un combate dialéctico con el responsable del local sobre el hecho de que concebir una hamburguesa sin kétchup es un pecado tan grave como que te pongan la carne entre dos rebanadas de pan de molde.

21. Aplican un suplemento por poner mantel. Alucinante, sí. Un usuario denunció a través de Twitter cómo un restaurante había incluido en la factura 1,75 euros por cada comensal por el "servicio de lavandería" que había implicado colocar un mantel de tela -limpios, se entiende- en la mesa.

22. Un recargo por descorchar la botella de vino. Hay establecimientos que permiten traer el vino de casa y cobran una cantidad por lo que se conoce como descorche. Hasta ahí, todo correcto. Pero algún restaurante cobra ese concepto por beber la botella que ellos mismos han vendido, con la excusa de que se ha adquirido en una vinoteca anexa al local. Para que la práctica cumpliese con la normativa de defensa de los consumidores, sería tan simple como indicar en la lista de precios dos importes distintos para cada botella: uno si se compra para llevar a casa y otro si se pretende consumir en el local.

23. Descafeinar el café tiene un precio. Un bar de Valencia cobra un extra de 25 céntimos por pedir el café descafeinado. Con la ley en la mano, si el precio de un café con leche, un cortado o un manchado es distinto, tienen que desglosarlos en la lista de precios, y lo mismo si en cada modalidad utilizan descafeinado. No vale introducir suplementos, ni tan siquiera aunque se incluyan por escrito. Por cierto, los bares de toda la vida suelen cobrar lo mismo por el café, ya te lo sirvan en taza grande o pequeña, con mucha o poca cantidad y proporción de leche. No ocurre lo mismo en las cafeterías de grandes cadenas multinacionales, donde cada modalidad tiene un nombre y precio distinto. No me quiero ni imaginar lo que pasaría si en Málaga a alguien se le ocurriese poner un precio diferente a cada una de sus nueve variantes de café -solo, largo, semilargo, solo corto, mitad, entrecorto, corto, sombra y nube- y además también lo cambiase en funcion de que tuviese o no cafeína.

24. Cada sobre de azúcar se paga aparte. Quien hace eso, igual cobra más caro el sobrecito si lo pides de sacarina. Otra cutrez, que por supuesto para ser legal debe aparecer en la lista de precios y afectar en todo caso a los extras de azúcar. Porque si lo que pides es un café, debe entenderse que el precio ya lo incluye, integrado con la leche, el vaso y el platito.

25. Comerte la pizza en casa sale más caro... por la caja. Si no te terminas la pizza y quieres llevártela a casa, hay restaurantes que te cobran un extra por darte una caja. Está feo, pero no tiene nada de ilegal, salvo que el recargo del cartón no aparezca en la lista de precios.

26. La cuenta incluye cosas raras. La inmensísima mayoría de ocasiones en que he tenido que advertir a un camarero de que había errores en la cuenta ha sido porque olvidaron incluir algún plato o bebida. Pero es cierto que a veces el error sale a favor del establecimiento, al incluir cosas de más. Muchas veces es porque han cargado a nuestra mesa algo que pidió la de al lado. Pero algunas -las menos, pero se producen- lo han hecho queriendo para ver si cuela.

También hay abusos que van más allá de los precios:

27. El camarero sufre un síndrome de sordera selectiva y no percibe el sonido que producen ciertas combinaciones de palabras como "agua del grifo" o "cambiar los cubiertos".

28. Empiezan a tomarte nota de la comida con la mesa sucia. No falla: once de cada diez veces acabarán sirviéndote los platos sin haberla limpiado.

29. El plato de pescado tarda tanto que empiezas a sospechar que han enviado al cocinero a practicar La pesca del salmón en Yemen131 con Ewan McGregor.

30. Eres el único sin atender en el local y el camarero sigue sin prestarte atención aunque te acerques a la barra. Necesita colocar antes todos esos platitos, cucharillas y azucarillos, ante el riesgo de que lleguen otros 300 clientes de golpe.

31. Desde que te sirven la bebida hasta que vuelven para tomar nota de la comida te ha dado tiempo a ver en el móvil la última temporada de Juego de tronos132. Cada vez que aparece el camarero, se dedica a mirar al horizonte en lugar de a las mesas. Y cuando por fin se da cuenta de que estás levantando la mano, se da la vuelta. Posiblemente pensará que estás llamando un taxi. Lo peor es cuando acaban sirviendo los platos a un ritmo distinto para cada comensal y a tu pareja le ponen el postre mientras a ti todavía no te han servido el primer plato. Y tu comida llega por fin... fría. La solución no siempre es que se lleven el plato para volver a calentarlo. Si habías pedido la carne poco hecha, puede regresar más dura que la suela de un zapato.

Imagen: Juego de tronos (HBO).
Imagen: Juego de tronos (HBO).

 

32. El plato que te ponen no se parece en nada al de la foto. Y es que las imágenes de la comida que anuncian los restaurantes son como la foto de perfil que algunos amigos cuelgan en las redes sociales (la tuya no, por supuesto). Tienen tantos filtros y retoques que cualquiera diría que las hamburguesas de McDonald's llevan demasiada carne.

33. Cuando traen la cuenta te dicen que no pueden cobrar con tarjeta porque la máquina se les averió ayer. Es algo que debieron indicar con un cartel, justo donde dicen que admiten el pago con tarjeta, y que el camarero tendría que haberte informado al llegar. Si no llevas suficiente dinero en efectivo, igual tu casa está más cerca que un cajero donde no te cobren comisión. Puedes pedir la cuenta del restaurante para hacerles el ingreso. Aunque igual tienen la desfachatez de insistirte en que salgas a la calle a buscar el dinero... y que les dejes a tu primogénito como señal.

34. El camarero regresa para que le aclares si habías pedido la carne muy hecha, poco hecha o al punto. Después vuelve para que le confirmes que era solomillo y no entrecot. Y al rato, te pregunta si lo quieres acompañado de alguna salsa -si quieres la mejor, pídele cualquier cosa de Celia Cruz-. No es que haya tomado mal la nota, lo que pasa es que la cocina va con retraso e intenta que no te des cuenta.

Imagen: Fotograma de Los reyes del mambo (Warner Bros).
Imagen: Fotograma de Los reyes del mambo (Warner Bros).

 

35. El aceite de oliva que sirven para acompañar las tostadas sólo fue virgen extra el día que compraron las botellitas que rellenan cada semana. Desde marzo de 2014, un real decreto133 prohíbe en España utilizar aceiteras rellenables en establecimientos de hostelería. Los envases tienen que estar provistos de un sistema de apertura que pierda su integridad tras su primer uso y disponer de un mecanismo de protección que impida su rellenado, pero hay quien usa sus trucos para saltarse la norma.

36. El "exquisito aceite de oliva en el que freímos el pescado" sabe a girasoles. Hay veces que con el objetivo de reducir costes, lo que se reduce es la clientela, sobre todo cuando nos cuentan un cuento.

37. Que te ofrezcan lenguado y te pongan acedías134, que en el mercado cuestan la mitad. Son dos pescados que se prestan a confusión y en muchos establecimientos sirven el segundo haciéndolo pasar por el primero. Lo mismo ocurre cuando ofertan calamar y es pota135, o carne de buey que en realidad es de vaca. Hay una larga lista de platos trampa136, que llega al sumun cuando pides liebre y te ponen carne de gato. Es broma. No, no es broma.

Imagen: Fotograma de Guerra mundial Z (Paramount Pictures).
Imagen: Fotograma de Guerra mundial Z (Paramount Pictures).

 

38. Lo que sirven no se lo comerían ni los zombis de Guerra mundial Z137. Hay locales donde la calidad brilla por su ausencia e incluso no tienen escrúpulos para servir alimentos en mal estado, algo que no resolverían ni aunque Alberto Chicote se fuese a vivir con el dueño. Si el plato está incomible o no tiene nada que ver con lo que has pedido, puedes negarte a pagarlo. Y si sufres una intoxicación alimentaria, no dejes de reclamar una indemnización por daños y perjuicios.

39. Hace un calor infernal. Bares y restaurantes -al igual que los edificios y locales administrativos, comerciales, culturales, de ocio y las estaciones de transporte- están obligados a contar con equipos de climatización en su interior. Y a tenerlos en marcha cuando hace falta, claro.

40. Aparece un pingüino en tu mesa. Si se han pasado con la temperatura del aire acondicionado, raro sería que se negasen a subirla. Es más, los establecimientos no sólo están obligados a ponerlo cuando hace calor y a encender la calefacción cuando hace frío. En el primer caso, la normativa establece que la temperatura no puede ser interior a 26º C y en el segundo, no superior a 21º. Límites que además de evitar que te mueras de frío o te ases, pretenden garantizar el ahorro energético. Eso sí, no tienen en cuenta que en ciudades como Sevilla, en verano se sufre lo más grande almorzando a 26º cuando en la calle estamos a 45º.

41. El "yogur de la casa al estilo francés" ha salido de la fábrica de Danone. En algunos restaurantes, los "postres de la casa" son industriales. Si no se elaboran en su propia cocina, sino que los suministran determinados proveedores, podrían anunciarse en todo caso como "caseros" o "artesanos" -si de verdad lo son-. Pero cuando lo que te sirven es un Danone o similar, la cosa es de juzgado de guardia.

42. Las "croquetas caseras" saben a bolsa de congelados. A veces, cuando adviertes de que te has dado cuenta, el encargado todavía tiene la cara de decirte: "¡y yo que sé, en la bolsa pone que son caseras!".

43. Entras en el baño y compruebas que el diseñador del local ha olvidado colocar la tapa al váter. Se trata de una técnica centenaria, inventada en las cantinas del Salvaje Oeste americano, que tiene por objeto evitar que los clientes hagan aguas mayores. Algunos hosteleros la sustituyen eliminando el papel higiénico, el jabón... e incluso el propio váter.

- Aquí puedes acceder al índice de #Timocracia.

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93 It (EEUU, Canadá, 1990), telefilme dirigido por por Tommy Lee Wallace y basado en la novela homónima de Stephen King publicada en 1986.

94 Extinction (España, 2015), dirigida por Miguel Ángel Vivas.

95 http://ow.ly/6Sy130gkaYa.

96 http://ow.ly/AAOk30gkbkl.

97 http://ow.ly/YsWDb.

98 La pesca del salmón en Yemen (Salmon fishing in the Yemen, Reino Unido, 2011) es una película dirigida por Lasse Hallström y protagonizada por Emily Blunt, Ewan McGregor y Kristin Scott Thomas. Está basada en la novela homónima de Paul Torday publicada en 2007.

99 Juego de tronos (Game of thrones) es una serie de la cadena estadounidense HBO basada en la saga literaria de George R. R. Martin Canción de hielo y fuego. Como si no lo supieras...

100 http://ow.ly/YvW6h.

101 http://ow.ly/YvYwK.

102 http://ow.ly/YvY9a.

103 http://ow.ly/YvZJi.

104 Guerra mundial Z (World War Z, EEUU, 2013), dirigida por Marc Forster y basada en la novela homónima de Max Brooks publicada en 2006.

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