FACUA expresa su rechazo a los transgénicos en el Día de Acción Mundial contra los OMG

La Federación se une a organizaciones de todo el planeta para recomendar a los consumidores que no compren alimentos transgénicos y demandar la aplicación del principio de precaución.

Ante la celebración, el 8 de abril, del Día de Acción Mundial contra los Organismos Modificados Genéticamente (OMG), la Federación de Consumidores en Acción (FACUA) se une a organizaciones de todo el planeta para expresar su rechazo a los transgénicos, recomendando a los consumidores que no compren estos productos y demandar la aplicación del principio de precaución.

FACUA se opone la comercialización de estos productos por razones de responsabilidad para la salud humana y la del planeta. La motivación del rechazo de la Federación se sustenta en la más elemental aplicación de dos principios que entiende fundamentales para la seguridad de los consumidores y para nuestro propio entorno, como son los principios de precaución y de información, cuestiones básicas y comprensibles para las cuales no existe una respuesta ni científica ni comercial que garantice los derechos de los consumidores.

Los organismos modificados genéticamente (OMG) o transgénicos pueden ser plantas, animales, hongos o bacterias a las que se les introducen genes de especies distintas, manipulando su secuencia genética con la finalidad habitual de obtener mayor resistencia, eficacia o productividad en su cultivo o cría, así como valores añadidos en su transformación o elaboración, lo que incrementa su posible rentabilidad económica y las perspectivas de beneficios para los productores y comercializadores de los mismos.

El necesario principio de precaución supone la prevención ante la producción y comercialización de transgénicos dada la ausencia de certeza científica sobre la inocuidad ambiental y sanitaria del cultivo y consumo de estos productos y las dudas más que razonables sobre los posibles daños irreversibles que pudiera provocar sobre la salud de las personas o sobre el equilibrio natural del Planeta.

Es lamentable la ausencia de información suficiente al consumidor sobre su presencia en los alimentos, sólo prevista a partir de determinados niveles que consideramos excesivos, y sobre los efectos, aún imprevisibles, al objeto de que el consumidor pudiera adoptar una decisión libre y consciente sobre su consumo. Los actuales criterios de información y etiquetado no garantizan que el consumidor que así lo quiera pueda excluir de su dieta los OMGs.

Por otro lado, resultaría sumamente peligroso el acaparamiento de la producción alimentaria mundial en manos de unas cuantas multinacionales del sector, propietarias de las patentes de las semillas, y que tendrían un poderoso instrumento para decidir sobre el destino y las cuestiones más trascendentales de la economía mundial. Sin embargo, tal acaparamiento puede ser un hecho en el caso de que se generalice la producción de OMG.

Son más que suficientes las razonables dudas científicas sobre la existencia de tales riesgos, tanto para la salud humana como para el medio ambiente. Dudas que tienen el suficiente calado como para exigir una inversión de la carga de la prueba sobre aquellos que están implantándola y extendiéndola de forma indiscriminada.

Por ello, FACUA considera inadmisible que se acepte y fomente su producción y comercialización en tanto no quede acreditada que no tendrá efectos perniciosos. Así, se deben adoptar todas las medidas para impedir su extensión generalizada hasta que no haya constancia cierta y probada de su inocuidad, algo que a estas alturas puede empezar a descartarse aunque sólo fuera por su demostrado impacto ambiental y su potencial riesgo para la biodiversidad del Planeta.

La calidad de vida en los países subdesarrollados es susceptible de mejora con otros planteamientos, menos demagógicos que los que tratan de ofrecer a los productos transgénicos como la panacea para paliar el hambre en el Mundo, pues dicha hambre está más relacionada con el injusto reparto de la riqueza y la histórica y vigente expoliación de sus recursos naturales y económicos por los países desarrollados.

En la Tierra no faltan recursos para garantizar una digna alimentación y calidad de vida a la población mundial. El problema es que la inmensa mayoría de los recursos del planeta son utilizados por el 20% de sus habitantes que, sometidos a la incitación consumista, despilfarra en muchas ocasiones tales recursos, que bien distribuidos llegarían al 100% de la población.

En este contexto, probablemente, los OMGs pueden ser un instrumento más para incrementar la dependencia económica de los países del llamado Tercer Mundo y una oportunidad de las multinacionales, para incrementar sus beneficios económicos a costa de poner en riesgo una vez más la salud de las personas y del planeta.

Las multinacionales tratan de maquillar, bajo una capa distorsionada de supuestos argumentos éticos y de interés general y humanitario, la presunta necesidad de continuar implantando la producción transgénica de una manera indiscriminada en todo el mundo.

Finalmente y como complemento de todo lo señalado hasta ahora, no está ni tan siquiera demostrada la utilidad de los transgénicos para garantizar la alimentación de la población mundial, ya que diversos estudios cuestionan el rendimiento real y la estabilidad genética de los cultivos transgénicos y ponen en serias dudas su primacía sobre la producción convencional.

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