Ocio

Erin Brockovich: personas pequeñas pueden lograr grandes victorias

La película de Steven Soderbergh cuenta la historia real de la lucha de una mujer contra un gigante energético por contaminar acuíferos con una sustancia cancerígena.

Por Álvaro Velasco

Cuando los amigos de FACUA me propusieron escribir sobre cine en Consumerismo les dije que sí sin pensarmelo demasiado. Tenía mis motivos para aceptarlo: soy periodista, me gusta el cine y creo firmemente en la causa y el trabajo de FACUA. Unido a que soy de esas personas que no saben decir que no. Pero según pasaron los días me entraron dudas. No soy crítico de cine y respeto profundamente a los expertos en la materia. Igual que aborrezco a aquellos que por tener un puñado de followers y saber escribir el nombre del director Apichatpong Weerasethakul sin consultar Google (yo lo he tenido que mirar) se creen a la altura de Antonio Gasset o Carlos Boyero. Insisto. Hoy empiezo a escribir en esta revista sobre cine y abusos de empresas pero no soy un crítico de cine ni mi opinión sobre la materia debe ser tomada como la de un experto. Es más, el sábado vi Zombies nazis 2 y me pareció una obra magna.

Aclarados los términos de nuestra relación en el primer punto de nuestro contrato, entremos en faena. La primera película que he escogido ha sido Erin Brokovich. Me flipa Soderbergh (de nuevo he consultado Google). Desde la enigmática y enferma Sexo mentiras y cintas de vídeo hasta su vena comercialoide con la trilogía Ocean's. En el año 2000 le nominaron a mejor director en los Oscar por dos películas. Por nuestra elegida y por Traffic, por la que se llevó la estatuilla. Estatuilla es una palabra que mola un montón. Repetid despacio, estatuilla.

La película está basada en una historia real, aunque como bien acostumbran los yankis se toman ciertas licencias para en ciertos momentos hacer lo que le sale de los mismísimos guiones. La protagonista es Julia Roberts en una época en la que estaba en la cima de su carrera. Por esta peli se llevó a casa el Oscar, el Globo de Oro, el Bafta y una estantería nueva para ponerlos en el salón y que los vea bien su amigo George Clooney cuando va a casa a tomar un algo. Por cierto, merecidísimos premios en el año que la mejor película fue para Gladiator (WTF!).

La verdadera Erin Brockovich.

Erin es una madre divorciada que no tiene ni encuentra curro (España, ¿te suena de algo?) y que tras perder un juicio empieza a trabajar en el despacho de su abogado. La buena de Erin un día tranquilo de faena encuentra unos papeles en los que relaciona las enfermedades de la población de un vecindario con la contaminación del agua por parte de una compañía de gas y electricidad. ¡Ay, las eléctricas! Aunque en la película no dejan clara si las puertas de la compañía giran tanto como las españolas. A toda esta historia se suma una trama amorosa que no me interesa nada.

Para centrarnos en lo que realmente nos interesa, la lucha contra los abusos: salgamos por un momento de la película y centrémonos en el caso real. La verdadera Erin se crió en Kansas y se mudó a California al dejar los estudios. Lo que aquí sería que una muchacha de un pueblo de Murcia lo dejase de todo por ir a Madrid. Entrada ya en algo de edad, comenzó a estudiar ingeniería, porque hay países que no son el nuestro donde los ingenieros están bien valorados, para volver a dejarlo y terminar siendo modelo y Miss Costa del Pacífico en 1981. Un culo inquieto. Todo esto queda bien reflejado en el film aunque con sus correspondientes licencias.

Fue de 1991 a 1996 cuando se desarrolló este fenómeno judicial. Es alucinante ver como una cuarentona divorciada y casi sin estudios pero con dos ovarios como Asia de grandes fue capaz de ponerse al frente de una demanda colectiva contra la empresa Pacific Gas & Electric por contaminar acuiferos con cromo VI, un elemento cancerígeno. El juicio se saldó con una multa récord de 333 millones de dólares para los más de 600 afectados. Como anécdota, la Erin real interpreta a una camarera en la película.

El caso y a la conclusión a la que quiero llegar es que lo magnífico de esta película es que de una forma o de otra terminas con la sensación de que las personas normales pueden conseguir grandes gestas ante el abuso de las empreas. Muchas veces nos callamos. Pensamos: "¿Qué voy a conseguir yo reclamando ante un gigante?". Y los abusos muchas veces empiezan por ahí. Por todo lo que cedemos al sentirnos insignificantes ante las grandes corporaciones. Muchas de ellas llenas de políticos que por un par de visitas al mes a un consejo de administración ganan mucho más que si sumas lo que tú que lees esto y yo que lo escribo ganamos en un año.

La escena

En cada uno de mis post intentaré quedarme con una escena icónica de cada película. En este caso he elegido una en la que Erin, convertida ya en una abogada talentosa y dura rechaza una oferta de la compañía de 20 millones de dolares y despacha a los representantes de la empresa eléctrica. Pero antes de que estos se vayan les dice que el agua que están bebiendo en la reunión la han encargado especialmente para ellos...

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Álvaro Velasco es guionista, periodista y cómico.

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