Bio

Venenos hormonales ocultos: los disruptores endocrinos

Están presentes sin que lo sepamos en muchos alimentos y artículos de consumo, y son los causantes de alergias, intolerancias, infertilidad y hasta tumores y malformaciones.

Por Ricardo Gamaza

¿Alguien se ha parado a pensar por qué en la actualidad hay mas personas alérgicas, estériles o con intolerancia a alimentos? Los que sí lo han hecho son los más de 3.800 científicos y profesionales de la sanidad, agrupados en la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) que en 2013 dieron la voz de alarma sobre los disruptores endocrinos. La Comisión Europea abrió una consulta pública en 2014 para recabar información para una futura regulación europea de los disruptores endocrinos que recibió más de 27.000 contribuciones.

El gran problema es que el consumidor no puede identificarlos, pero están en muchos de los productos que usamos a diario, que nos aplicamos en el cuerpo o incluso que comemos. Los disruptores endocrinos no aparecen en las etiquetas porque su uso aún no está regulado, pero los científicos alertan de que se trata de sustancias que producen cambios hormonales y que son los responsables de la eclosión de alergias, intolerancias alimenticias, diabetes, obesidad y hasta de casos de infertilidad, tumores y malformaciones congénitas.

Desde 2013, la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria viene dando la voz de alarma sobre los disruptores endocrinos.

En España, los expertos en salud de la Sespas reclamaron en 2013 "medidas urgentes para reducir la exposición de la población y el medio ambiente a dichos tóxicos", y esgrimían en la carta que enviaron al Ministerio de Sanidad español más de una docena de informes y estudios científicos independientes que avalan esta alarma ante los disruptores endocrinos: "Se encuentran en alimentos, agua, envases, juguetes, textiles, cosméticos, plaguicidas, productos de higiene, materiales de construcción, materiales de uso clínico y en otros numerosos artículos de consumo".

Una omnipresencia que hace que "la población general esté expuesta por vía digestiva a estas sustancias a través de la ingesta de alimentos y agua contaminados o sometida a prácticas odontológicas, por vía respiratoria a través de la inhalación del aire interior de los hogares, dérmicamente con la utilización de cosméticos que contienen estos tóxicos, o directamente por vía endovenosa cuando son sometidos a prácticas sanitarias y tratamientos hospitalarios que conllevan el uso de plásticos, entre otras vías de exposición".

Es imposible detectar qué productos contienen EDC porque la Comisión Europea mantiene paralizada la normativa que impediría su uso.

¿Cómo es posible que nos estén envenenando de esta manera sin que nos demos cuenta? En primer lugar, porque los efectos de los EDC (de sus siglas en inglés: Endocrine Disrupting Chemicals) no son inmediatos. Sus daños son perceptibles a medio y largo plazo, aunque para causar cambios moleculares y celulares permanentes en órganos y tejidos no se requieren grandes dosis de EDC. Y en segundo lugar, porque es imposible detectar qué productos contienen EDC, porque la Comisión Europea mantiene paralizada la normativa que impediría su uso, pese a que en 2013 su comisión de expertos ya le entregó los criterios para impedir que los disruptores endocrinos sigan llegando a los consumidores.

Suecia denunció a la Comisión Europea por no publicar la norma que protegería a la población de los efectos de los EDC, mientras que Francia y Dinamarca ya han planteado en Bruselas que hay que acelerar la adopción de medidas. Pero la Comisión Europea, el paraíso de los lobbys donde hay 2.500 grupos de presión presentes tratando de influir en las decisiones comunitarias, sigue estudiando un tema que afecta a los intereses de algunas industrias que perderían mucho dinero si se publica la norma que prohíbe las sustancias que actúan como alteradores hormonales. Así que la norma, por ahora, ni está ni se la espera.

Se han detectado estas sustancias alteradoras de las hormonas en mujeres embarazadas y niños.

La Sespas apunta en su carta de la alarma al Gobierno español, que ya hay muchos estudios científicos que indican que la "contaminación interna" (los niveles corporales o concentraciones en el organismo de las personas de ciertos EDC) de los españoles son muy superiores a los de otros países "y representan una clara amenaza para la salud, el bienestar y la economía de nuestros ciudadanos y de nuestro estado del bienestar".

Y lo más grave: se han detectado estas sustancias alteradoras de las hormonas en mujeres embarazadas y niños. Estos estudios han sido revisados recientemente de forma independiente y sistemática por la Sociedad Americana de Endocrinología (una de las más prestigiosas en este campo de EEUU), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Organización Mundial para la Salud (OMS), la propia Comisión Europea y otros investigadores independientes. Y todas las revisiones coinciden en su honda y racional preocupación por los efectos adversos que los EDC están teniendo en sociedades de todo el planeta, y en la necesidad de acciones mucho más enérgicas para proteger a la ciudadanía. Mientras, organizaciones como Ecologistas en Acción proponen medidas que pueden realizarse para evitar la exposición a EDC.

__________

Ricardo Gamaza es periodista especializado en medio ambiente. Autor del blog Ecoperiodismo.

Hazte socio pleno o inicia sesión para leer Consumerismo
Ya somos 39.955