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Los disfraces del azúcar

Un etiquetado confuso permite que el azúcar sea omnipresente en casi todos los alimentos procesados. Los españoles consumen de media 100 gramos al día, cuatro veces más de lo que recomienda la OMS.

Por Ricardo Gamaza

El azúcar blanco refinado es una sustancia química pura (C12 H22 O11) que no tiene vitaminas, minerales, enzimas o fibra. Por el contrario, incrementa el aporte de calorías, quita el hambre y reduce la ingesta de alimentos más ricos en nutrientes, favoreciendo así una dieta poco saludable.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de azúcar no debería superar el 5% de la ingesta de calorías totales, lo que vienen a ser unos 25 gramos -el equivalente a tres sobrecitos de azucarillos de los que se les echa al café-, una cantidad que los españoles superamos con creces: 100 gramos diarios.

Aunque creas que no es tu caso, ya que viertes poco azúcar directamente en los alimentos que comes, tal vez no estés tan lejos o hasta superes esa media de los 100 gramos por persona y día, ya que el 75% del azúcar que consumimos se ingiere de manera indirecta, es decir a través de los alimentos. Algo a lo que ayuda un etiquetado confuso, que disfraza el azúcar en muchos de los productos que consumimos con nombres como sacarosa, glucosa, dextrosa, malta… que muchos consumidores desconocen que son azúcares. Así, se hace casi omnipresente en casi todos los productos procesados, en los que el consumidor no podría ni imaginar que puedan contener azúcar, como el loncheado de pechuga de pavo, por ejemplo.

Muchos consumidores desconocen que alimentos procesados como el loncheado de pechuga de pavo contienen azúcar.

Las razones que hacen que el azúcar sea un ingrediente esencial en los alimentos procesados es su poder conservante al lograr disminuir la humedad de los alimentos, lo que impide el crecimiento de microbios patógenos. Así, la necesidad de que los productos alimentarios duren más tiempo ha disparado el uso del azúcar, aunque la mala fama que le precede hace que el etiquetado sea el caballo de batalla de los productores. Una batalla que van ganando los productores, si se atiende al dato que de sólo el 64% de los consumidores entienden las etiquetas.

El reglamento de etiquetado de la UE fue una de las mayores operaciones de presión corporativa que se recuerdan en el Parlamento Europeo. El resultado ha sido un etiquetado en el que la industria ha logrado presentarnos la información a la que tiene derecho el consumidor en términos como la Cantidad Diaria Orientativa (CDO), que para entenderlas requiere usar una calculadora. La CDO ofrece esa información basa en las porciones o raciones del producto, quedando a discrecionalidad de cada productos establecer cuál es la cantidad de cada porción de su producto. Así, en algunos casos las raciones son ridículas o tienen unas instrucciones de uso que parecen una tomadura de pelo, como sucedió con el caso del Cola Cao Light.

Nutrexpa retiró del mercado el Cola Cao Light tras las denuncias de FACUA.

En esa incapacidad de acceder a una información clara y rigurosa en las etiquetas de los alimentos es donde se cuela el azúcar.

Y para terminar de rematar este engaño a los consumidores se ha incluido en el etiquetado otro elemento distorsionador, el de "sin azúcares añadidos". Una maniobra disuasoria para convencer al consumidor de la bondad de los productos azucarados.

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Ricardo Gamaza es periodista especializado en medio ambiente. Autor del blog Ecoperiodismo.

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