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La tela de araña del consumismo

Sucumbimos a él y a sus códigos de la felicidad: infeliz el que no tenga, el que no compre. Y cuando dejaron de sacar billetes de la chistera, nos culpabilizaron de la caída de su castillo de naipes.

Por Olga Ruiz Legido

Fueron tejiendo una gran tela de araña, atrayente y pegajosa, en la que quedamos atrapados sin poder despegarnos y donde cómodamente podían devorarnos. Nos vendieron una vida de anuncio en la que gnomos de jardín nos recibían con una sonrisa al llegar a casa. Nos ofrecieron una existencia indolora y anestesiada, llena de insolidaridad, de egoísmo y de temor a perder lo que teníamos; una existencia comprada a plazos, tan brillante y efímera como una burbuja de jabón al sol.

Tocamos la seda de la telaraña y nos sentimos falsamente arropados por su suave tacto, sin pensar que caíamos en una enorme trampa. Con sus elegantes maneras de ilusionistas de chistera nos mostraron el dinero fácil y nos ofrecieron los billetes que salían de sus sombreros. Concedieron préstamos y créditos como quien reparte cromos a las puertas de un colegio, desplegaron sibilinas estrategias de marketing presentadas con voz melosa de locutor de radio y la mano tendida del banco de toda tu vida y miles, miles de consumidores les confiamos nuestros ahorros, nuestras casas, nuestras vidas…

La tela de araña del consumismo

Cantamos al oro y nos dejamos deslumbrar por sus brillos y el ladrillo reluciente. Sucumbimos al consumismo y a sus códigos de la felicidad: infeliz el que no tenga, infeliz el que no compre. "Si compras tienes derechos", nos dijeron, y el día que dejamos de comprar, dejamos de tener derechos. Nos adormecieron con falsos cantos de sirena y nos fuimos olvidando de lo auténtico y lo esencial, de la empatía y la generosidad. Nos embaucaron y nos dejaron creer que éramos porque teníamos y que podíamos elegir, seguros en un mundo lleno de gnomos de jardín que nos sonreían.

Y cuando dejaron de sacar billetes de la chistera, nos responsabilizaron de su fracaso y nos culpabilizaron de la caída del castillo de naipes que habían construido. Quisimos ser lo que no podíamos ser y debíamos pagar por ello. Nos mostraron entonces la cruda realidad, el espejismo en el que habíamos vivido, nos hicieron sentir vergüenza y nos mostraron nuestras debilidades, incapacidades e inferioridades. Vividores por encima de nuestras posibilidades, analfabetos financieros, morosos y caraduras nos llamaron y, sumisos y avergonzados, nos sentimos culpables de querer poner en práctica sus inducidos sueños consumistas, alienados entonces con un sistema que siempre nos quiso débiles e incapaces.

La tela de araña del consumismo

Mienten y manipulan, ellos dan y ellos quitan. Y mientras, siguen atrayendo presas a su tela de araña. El canto de las sirenas continúa anunciando de forma engañosa los placeres de un mundo subterráneo que nos embauca para seguir viviendo en la isla de Artemisa, aquella en la que, si no lo evitamos, habitaremos junto con los huesos de todos los que son atraídos por sus deliciosos cantos.

Frente al poder mágico del consumismo, opongamos el poder real de lo colectivo, de la cooperación, de la empatía, de la solidaridad y de la lucha social. Sólo desde lo colectivo plantaremos cara a un sistema que nos devora como presas en su tela de araña. Sólo desde la rebeldía y la lucha contra los abusos haremos frente a la indefensión provocada y la injusticia generada por este sistema.

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Olga Ruiz es la secretaria general de FACUA.

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