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Imaginación y realismo en la Unión Europea

La crisis económico-financiera precedió a la crisis de los desplazados y, por ende, la infraestructura de acogida en Europa no era la mejor para responder a un problema de tal magnitud.

Por Carlos Puente Martín

Tras escribir y publicar, en La Razón del día 11 de mayo, mi último artículo con el título La integración europea y el alcalde de Londres, he leído otro artículo sobre el mismo tema con el título Día de Europa: ¿algo que celebrar? (publicado dos días antes en es-global). Leyendo dicho artículo que aborda la crisis que ha generado la oleada de desplazados y los movimientos populistas en varios países de la Unión, aun existiendo elementos ciertos que reflejan la debilidad en la construcción europea, en mi modesta opinión, ese artículo bien podría haberse titulado: Imaginación europea. Los autores ignoran el fondo de la cuestión y el origen de los problemas alineándose con las soluciones populistas, que seguramente también formaron parte del escuadrón que auguraba la desaparición del Euro, negando la aportación positiva de la Unión Europea. La situación exige un análisis más serio, aunque no triunfalista, y el artículo en cuestión es injustamente crítico con la Unión Europea.

Ni en Política ni en Economía se pueden banalizar las situaciones y las eventuales soluciones. La situación existente de la oleada de desplazados, tanto por razones bélicas como económicas, no ha sido originada por la UE sino por otra potencia ultramarina, los Estados Unidos de América, aunque bien es cierto que con la colaboración del Reino Unido, Francia y otros países. Y la solución al problema creado no la puede resolver la UE aisladamente por más que lo piensen los autores del artículo. ¡Ojalá pudiera solucionarse en Europa un problema de tal magnitud! La solución no consiste en desplazar a todas las poblaciones que sufren las consecuencias que todos conocemos sino en solucionar sus causas.

Los que residimos en Europa central conocemos la situación de cerca, los errores que se han cometido y la influencia que la crisis está teniendo en la opinión de la población autóctona. Países que cuentan con 10 ó 12 millones de habitantes no pueden hacer frente a la acogida masiva de desplazados acumulando en algunas localidades una gran población de desplazados. Todos estamos de acuerdo en ayudar y acoger a los refugiados procedentes de las zonas de guerra o persecución pero muchos desplazados, sobre todos los económicos, buscan destinos privilegiados, rechazando el teórico "reparto". Muchos Estados miembros de la Unión no han resuelto el problema social y económico de sus propios ciudadanos. Miles de españoles fueron exiliados, después de la Guerra civil, y emigrantes durante la dictadura, por lo que esta situación la conocemos bien.

La crisis económico-financiera precedió a la crisis de los desplazados y, por ende, la infraestructura de acogida en Europa no era la mejor para responder a un problema de tal magnitud. Existe una regulación para abordar esta situación, no sólo internacional sino también en el seno de la UE. La Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo modificativo de 1967 son aplicables a situaciones como las que están sucediendo en la UE. Si bien reconoce la protección a los refugiados en base a acuerdos previos en el marco de la ONU, también establece, en el artículo 2, sus obligaciones frente al Estado receptor, relacionadas con el respeto a sus leyes y al mantenimiento del orden público.

La solución al problema creado no la puede resolver la UE de forma aislada.
La solución al problema creado no la puede resolver la UE de forma aislada.

 

En la UE se intentó construir un sistema común de asilo y su funcionamiento se estableció el Sistema de Dublín cuyo fundamento es el Reglamento (UE) 604/2013 que fija los mecanismos para determinar el Estado responsable del examen de las solicitudes de asilo, y el Reglamento (UE) 603/2013, que lo complementa y crea el sistema EURODAC por el que "los Estados miembros tomarán sin demora las impresiones dactilares de todos los dedos del solicitante de protección internacional mayor de catorce años". El Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, en su artículo 78, también establece las garantías que los Estados otorgarán a los solicitantes de asilo y la necesidad de adoptar un sistema de asilo común europeo. Igualmente se alude a las situaciones de flujos masivos y las ayudas que deben recibir los Estados afectados por parte de la Comisión Europea.

Por otra parte, está en vigor la Directiva 2001/55/CE del Consejo de 20 de julio de 2001, relativa a las normas para la concesión de protección temporal en caso de afluencia masiva y a medidas de fomento de un esfuerzo equitativo entre los Estados miembros para acoger a dichas personas. Las medidas que se adopten se beneficiarán del Fondo Europeo para los Refugiados y, en el artículo 25, hace una apelación a la solidaridad de manera general. La realidad es que, insisto, la Unión no puede resolver sola el gigantesco problema y la UE no es una organización federal y, ante los nuevos retos, hay que avanzar en esa dirección. Ante estas circunstancias Bruselas no puede imponer obligaciones a los Estados miembros.

Por lo tanto, sugiero que el imaginario periodista inglés, al que alude el artículo crítico con la UE, en su regreso a Londres desde Grecia, escoja la próxima vez una ruta más directa sin necesidad de sobrevolar los países de Europa oriental, porque desde el aire no se aprecia la realidad. Como decía más arriba, la crisis económica ha afectado a casi todos los Estados miembros de la Unión y, aún, no ha sido resuelta a pesar de las declaraciones victoriosas de los ministros de Economía y políticos en general. Pero esta crisis ha afectado fundamentalmente a la clase media europea, columna vertebral de la sociedad, trabajadora, ahorradora y elemento básico para reactivar la demanda agregada de la economía nacional en los distintos países. Las políticas de recortes y la política monetaria del BCE han aumentado la sangría de este segmento social que, en España, se estima que alcanza a más de tres millones de personas que se han visto desplazadas de nivel social.

La aparición de movimientos populistas, de derechas en unos países y de izquierdas en otros, tienen su fundamento más en la base económica que en la xenófoba. La elección del mayor de Londres el jueves día 5 de mayo en la figura de un abogado de 45 años, de clase humilde y origen paquistaní, que profesa el Islam, es una gran lección para entender lo que digo. Siempre ha habido y habrá movimientos nacionalistas en todos los países y los existentes en Francia, Hungría, Bélgica y otros Estados lo confirman. El pasado 22 de mayo en Austria los ciudadanos acudieron a votar en la segunda vuelta para elegir al presidente de la República entre Norbert Hofer, populista de derechas, el FPÖ, y los Verdes, con el candidato Van der Bellen. Incluso en la vecina Ucrania, que no es miembro de la UE, hay movimientos populistas. Resulta pueril echar toda la culpa de las crisis a Bruselas.

La Unión, pese a sus errores, es la garantía para Europa de paz y estabilidad.
La Unión, pese a sus errores, es la garantía para Europa de paz y estabilidad.

 

Como decía en mi artículo, la Unión, con todos sus errores y crisis, es la garantía para Europa de paz, estabilidad y progreso y ha llevado la solidaridad a todos los continentes cuando ha sido necesario, a través de sus programas de ayuda. Los jóvenes europeos deberían estudiar las aportaciones en la construcción de la Unión de Robert Schuman, Jean Monnet, Johan Willem Beyen, Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi, Walter Hallstein, Sicco Mansholt, Joseph Bech, Paul-Henri Spaak, Altiero Spinelli, etc., que hicieron posible la integración europea. También Sir Winston Churchill que, a pesar de sus veleidades con su sueño de la "Commonwealth de naciones anglosajonas", no dudó en defender los "Estados Unidos de Europa". Y no olvidemos al gran presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, que con sus iniciativas hizo posible el deshielo Este-Oeste y el fin de la Guerra Fría en Europa.

Los que no han conocido la Europa previa a la Unión Europea y al espacio Schengen opinan sobre "la crisis que sufre la integración europea", pero deben recordar las políticas comunitarias que hicieron posible que en muchos Estados, entre ellos España, tengamos mejores infraestructuras, sistemas sanitarios homologables, derechos de los consumidores mejor protegidos, sistemas educativos paralelos, programas de intercambio de estudiantes, libertad de movimientos, etc. No todo es de color de rosa y debemos estar atentos a la conculcación de los derechos individuales con la excusa de la lucha contra el terrorismo y la inseguridad. Tras releer el artículo crítico, he llegado a la conclusión de que sus autores tienen mucha imaginación y poco realismo. ¡Claro que sí hay muchas cosas que celebrar en la UE!
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Carlos Puente Martín es economista, exdiplomático y analista político. Forma parte de la Junta Directiva de FACUA.

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