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Cinco razones para beber agua del grifo

España es el tercer país que más agua embotellada consume. La publicidad nos ha hecho creer que es más sana que la del grifo y muchos pagan hasta 1.000 veces más por un agua insostenible y antiecológica.

Por Ricardo Gamaza

Un lujo convertido en necesidad. Eso es lo que han logrado campañas machaconas de publicidad y marketing dirigidas a promocionar el agua embotellada. Al ciudadano de a pie que le duele pagar poco más de un euro por cada metro cúbico de agua que nos ofrece la red de agua pública no le tiembla el bolsillo si ese agua se la ofrecen embotellada mil veces más cara. Y no son cifras aleatorias: el metro cúbico (mil litros) de agua de la que sale del grifo se paga a 1,39 euros de media en España, mientras que la botella de agua mineral de un litro tiene el mismo precio en los comercios y lo más barato se se encuentra es a 0,50 euros el litro (casi 500 veces el precio de la de la red).

No es sólo una costumbre cara, la publicidad engañosa de las empresas de agua embotellada han inculcado en la mente del consumidor que el agua envasada es de más calidad. ¿Lo es? La respuesta es contundente: No. De hecho en algunos casos es la misma agua o incluso llegan a tener menos calidad que la que sale del grifo.

Pero consumir agua embotellada es además un problema ecológico al generar residuos y permitir el uso de sustancias de dudosa salud, como el bisfenol A, que está prohibido ya en algunos países como Francia. Éstas son las cinco razones por la que deberíamos escoger el agua del grifo y desechar adquirir agua embotellada:

Es gratis. Bueno, realmente no es gratis, pero casi porque las empresas públicas nos cobran el consumo; pero comparado con el precio al que pagamos el litro de agua (0,0013 euros de media) es infinitamente más barata que el agua embotellada.

Apoyamos la gestión integral del agua. El recibo que pagamos por el agua en el hogar incluye el tratamiento de las aguas en general, desde las denominadas aguas grises hasta la potabilización. Se trata de un servicio público esencial. Cuando las ciudades no contaban con estos servicios eran habituales enfermedades relacionadas con la contaminación del agua de los pozos, como el tifus o el cólera. En España estas eran enfermedades que se erradicaron con las redes de saneamiento público.

No genera residuos. A diferencia del agua embotellada, que requiere un envase que debe ser en el mejor de los casos reciclado con posterioridad o reutilizado, el agua del grifo llega directamente sin envasar. En ciudades que apuestan por el agua pública de la red, como París, se llevan a cabo campañas como la de Eau de París: la venta de una botella vacía para que el sediento usuario la llene con agua del grifo.

En contra de lo que la publicidad vende, el agua embotellada no es más sana.
En contra de lo que la publicidad vende, el agua embotellada no es más sana.

 

No produce contaminación. El agua embotellada tiene que transportarse desde las plantas envasadoras hasta los distintos puntos de venta. Ese traslado obliga al uso de vehículos que contaminan durante su transporte contribuyendo al proceso de cambio climático y de contaminación atmosférica. El agua del grifo nos llega en muchos casos desde plantas depuradoras que no utilizan gases ni producen contaminación.

Es más sana. En contra de lo que dan a entender en su publicidad las empresas envasadoras de agua, el agua embotellada no es más sana. para empezar los envases plásticos contienen en su mayoría Bisfenol A, un producto que se asocia a graves enfermedades y que en España está prohibido para la fabricación de biberones. El único producto que puede contener el agua del grifo que no es sano es el cloro, pero un filtro elimina ese compuesto. Un estudio llevado a cabo por el Colegio Norteamericano de Medicina Deportiva reveló hace unos años que el 25 por ciento del agua embotellada que se comercializaba procedía de la red pública y que las empresas simplemente la filtraban y la embotellaban. Ese mismo estudio daba datos comprometedores para el agua envasada: de las 1.000 marcas analizadas, 103 contenían sustancias químicas artificiales.

Una campaña publicitaria capaz de aumentar el valor de un producto en mil veces, sin embargo, no debería hacer aguas. Y en el caso de algunas marcas, como Font Vella, no está todo claro como el agua, porque su agua embotellada "con un toque de limón" no incluye limón natural, sino ácido cíarico y además suma al anunciado sano producto azúcar, que no es tan sana.

Sin embargo, la marca Dasani es la que se lleva el gato al agua en lo que se refiere al gran engaño a los consumidores porque se descubrió hace años que este agua embotellada por la Compañía Coca Cola no era más que agua del grifo, en este caso del grifo londinense, porque era agua del río Támesis, a la que habían sometido a un proceso de filtrado por ósmosis inversa para embotellarla y venderla mil veces más cara; un proceso que no tienen nada de complejo o costoso y que está al alcance de cualquier consumidor que quiera instalar un filtro de este tipo en su grifo. Eso sí, la botella se la ahorra (el consumidor y el planeta).

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Ricardo Gamaza es periodista y realizador agroambiental.

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