Reflexiones sobre la excesiva medicalización de los sistemas sanitarios

Profesionales alertan de que, más allá de ser una solución, el consumo de servicios relacionados con la Salud se puede convertir en un serio problema, así como de los efectos adversos de la polimedicación.

Reflexiones sobre la excesiva medicalización de los sistemas sanitarios

Vivimos preocupados por nuestra salud y por la prevención de enfermedades. A ello hay que sumar la moda del culto al cuerpo y la necesidad de querer vivir más, con un buen aspecto a toda costa y sin esfuerzo.

Esta preocupación, y la respuesta que se ofrece desde las instituciones y la sociedad en su conjunto, provoca la necesaria reflexión sobre si no asistimos a un proceso de mercantilización de la salud y de exceso de tratamiento y medicación de la población, sobre todo de ciertos sectores y colectivos (niños, ancianos, mujeres…) y si dicho exceso implica realmente una mejora global de la salud. Hay profesionales que alertan de que, más allá de ser una solución, el consumo de servicios sanitarios y medicamentos se convierte en un verdadero problema y destacan los efectos adversos de la polimedicación y de intervenciones que resultan innecesarias.

La sociedad consumista inventa necesidades y genera exceso de expectativas y, en la medida en que estamos imbuidos de sus valores, hemos ido cambiando el concepto de enfermedad y salud y lo hemos ligado a consumo: alimentos, medicamentos y servicios ligados al bienestar y la salud. Esas necesidades y expectativas creadas también generan una demanda por parte de la población del sistema sanitario.

Situaciones no médicas

En ocasiones nos hemos sentido frustrados como pacientes cuando, tras la consulta con el profesional sanitario, el encuentro médico–paciente no ha acabado con la prescripción de un fármaco o con la solicitud de una prueba diagnóstica. ¿Se tiende a la medicalización de procesos que son consecuencia de situaciones frecuentes y normales pretendiendo resolver con la medicina situaciones que no son médicas sino sociales, profesionales o derivadas de relaciones interpersonales? ¿Todo padecimiento, problema o inconveniente de salud debe ser medicalizado? ¿Podría resolverse de otra forma?

No es fácil abordar el tema, sobre todo en época de grave crisis económica y de recortes sociales donde nos pueden surgir dudas sobre las razones que motivan la no prescripción de determinados fármacos o pruebas diagnósticas. En cualquier caso, las respuestas deberían tener en consideración una serie de factores: la necesidad de reforzar y mejorar la relación médico-paciente para hacerla más empática, poner en valor la labor pedagógica que desempeñan los profesionales del sistema sanitario, una atención primaria integral, apoyar una respuesta social solidaria y también el papel que desempeñan los medios de comunicación y la administración sanitaria.

Supervisión integral

Una supervisión integral del paciente desde una atención primaria de calidad y el fomento de una mayor y mejor coordinación de los servicios sociales y resto de agentes de salud resultan herramientas fundamentales para dar una respuesta positiva a la última pregunta: sí puede resolverse de otra forma y no sólo consumiendo fármacos.

Es preciso trabajar para normalizar situaciones de la vida que resultan inevitables, tales como el envejecimiento, la menopausia, la pérdida de un ser querido, la soledad, etc, que llevan a la persona a exigir del sistema sanitario una respuesta en forma de consumo de algún medicamento milagroso.

También es necesario desarrollar y potenciar los activos en salud, entendiendo por ello todo factor o recurso que aumenta la capacidad de las personas e instituciones para mantener y sostener salud y bienestar.

Así, a nivel individual, la competencia social, la autoestima o el compromiso con el aprendizaje, entre otros. A nivel comunitario, reforzando las redes de apoyo, apoyando el capital social que representan profesionales bien formados y comprometidos con el sistema sanitario público, la solidaridad o la cohesión comunitaria. A nivel institucional y profesional, valorando por parte del profesional médico la oportunidad de prescribir un determinado fármaco o la prescripción de otro tipo de actuaciones no clínicas y otros recursos sociales.

Herramientas de respuesta

El fomento y apoyo de los grupos de ayuda, el asociacionismo resultan también herramientas de respuesta que deben ser elementos esenciales para entender la salud y el bienestar como el resultado procesos de participación e integración comunitaria.

Los medios de comunicación también influyen en nuestra percepción de la enfermedad, de nuestra salud en general y en la idealización de nuevos fármacos y tratamientos. Existen muchos modos de compartir información que potencian la necesidad de los mimos, ayudando a identificar el medicamento como un bien de consumo más y reforzando una visión mercantilista de la salud que debe ser reprobada.

Por último, la administración sanitaria debe poner en marcha mecanismos que garanticen que la desmedicalización de la sociedad no suponga una merma en los derechos de los usuarios del sistema público de salud, ni tampoco una bajada en los recursos que se destinan al servicio de salud público. Debe promover una redistribución eficaz y efectiva apostando por planes de promoción de salud en los que se potencie y se utilice la participación de la sociedad organizada que es un activo esencial en salud.

__________

Olga Ruiz Legido es la secretaria general de FACUA. Artículo publicado originariamente en la revista SAMFyC.

Ya somos 188.801