Compras

Saca el cerdo a pasear

Algunos famosos han vuelto a poner de moda los animales exóticos como mascotas, abriendo así la veda a su adquisición sin reparar en graves problemas como la posible transmisión de enfermedades a los humanos.

Por Ricardo Gamaza

La venta de mascotas es un negocio que afecta a cerca de 200 millones de ejemplares al año en toda Europa, según las organizaciones animalistas. Conocer qué animales se pueden tener en casa y cuáles no es una cuestión legal, pero también de aplicar el sentido común que se le presupone a los humanos: especies que llegan a duplicar el peso de una persona adulta y comen con voracidad, o animales que se adquieren como un objeto y cuyos ciudados hacen que después sean abandonados, son muchos de los casos que demuestran que adquirir animales no debe ser una decisión de consumo.

Los famosos han puesto de moda mascotas que salen de los tradicionales perros o gatos. George Clooney y Paris Hilton han posado ante los flashes con su cerdo vietnamita y su kinkajou (Potos favus), respectivamente, y abrieron la veda a la adquisición de animales de compañía exóticos que, sin embargo, conllevan graves problemas.

Seguramente, muchas personas que se compraron un cerdo vietnamita para imitar al actor promocional de una de las marcas líderes de los cafés en cápsula no sepan que se trata de una especie que puede llegar a pesar 150 kilos, y su voracidad hasta alcanzar esa dimensión no lo convierte en una mascota que respete muebles y enseres de un piso o una casa.

Antes, camaleones y tortugas

Sin embargo, esta moda por los animales exóticos no es nueva. Muchos de los que tenemos más de 40 años podemos recordar que en nuestra infancia estaba de moda comprarse un camaleón o una tortuga. En Sevilla se vendían cada domingo en el mercado de animales instalado de manera totalmente irregular en la céntrica calle de la Alfalfa.

Si el camaleón (Chamaeleo chamaeleon) está considerado en peligro de extinción en toda España a causa de la drástica disminución de sus poblaciones es sobre todo por la destrucción de su hábitat costero, debido a la proliferación de nuevas urbanizaciones, pero seguramente la venta a mansalva y sin control de estos reptiles que son muy fáciles de capturar también ha puesto su granito de arena en la reducción demoledora de esta especie.

Sin embargo, el problema más grave de esos tiempos es la tortuga de Florida (Trachemis scipta), que durante tres décadas se ha vendido de manera masiva en todo el mundo. Este galápago semiacuático ha colonizado prácticamente todos los hábitats a los que ha llegado en Andalucía, desplazando y eliminando paulatinamente a nuestra tortuga autóctona.

Un problema ambiental provocado por una mal entendida conciencia ambiental de muchas personas que, cansadas de esta mascota, decidían liberarla en arroyos y estanques. Lo que probablemente no sabían tampoco de esta tortuguita los que la compraban es que, frecuentemente, puede contagiar la salmonelosis a los humanos.

Andalucía fue pionera en en prohibir la tenencia de animales exóticos y venenos. Convivir con un animal considerado "salvaje, exótico o venenoso" como mascota en el domicilio puede acarrear en la Comunidad Andaluza multas de hasta 15.000 euros. Con esa medida se pretendía poner coto a tener como mascotas a caimanes, cocodrilos y serpientes venenosas, así como a reptiles de más de dos kilos de peso, cualquier primate, mamíferos salvajes superiores a diez kilos de peso y todos los peces y artrópodos cuyo veneno represente un riesgo para la persona.

Estas especies "sólo podrán ubicarse en lugares reservados y autorizados, caso de centros de investigación, zoológicos y otros centros que cuenten con autorización administrativa", indica la norma. Dos años después, la Comunidad de Madrid siguió la senda andaluza y aprobó un texto prácticamente idéntico. Sin embargo, se trata de una norma complicada de aplicar y a partir de la cual no se han impuesto sanciones ejemplares.

Mentalidad ecológica

En todo caso, esta regulación está pensada sobre todo para proteger de agresiones de estos animales a las personas, pero no se concibió con una mentalidad ecológica amplia. De esta manera, una tortuga que supere los dos kilos de peso es ilegal, pero un hurón o incluso un mapache no lo son aunque este último pueda transmitir la rabia.

Algunas organizaciones europeas de respeto animal ya apuntan como solución que se elabore una lista de especies aptas para ser mascotas. Ese listado probablemente aclararía a los consumidores qué animales pueden ser sus compañeros y cuáles son los cuidados que necesitan. En cualquier caso, lo fundamental, antes incluso de contar con esa herramienta informativa, es tomar conciencia como consumidores que no es razonable ni ético tener un animal exótico en una casa por moda o como si fuese un juguete, sino que son seres vivos que forman parte de la familia una vez son adoptados.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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