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La guerra de los SIGs: reciclaje contra recogida

Mientras en España se recogen los envases, en países como Noruega o Alemania los supermercados cuentan con máquinas especiales que permiten devolver las botellas y latas vacías para canjearlas por dinero.

Por Ricardo Gamaza

Los contenedores de reciclaje se han convertido en algo cotidiano en la vida de un español medio. Casi nadie desconoce lo que supone reciclar y aunque todavía haya personas que no separan sus residuos, las campañas de comunicación y concienciación llevadas a cabo por entidades como Ecoenves o Ecovidrio hace que empiece a estar mal visto socialmente no dividir las basuras.

Queda mucho por andar, pero las cifras de reciclaje de vidrio, por ejemplo, marcan una tendencia positiva: cada vez se recicla más. Un 4,4% más al año según el último balance anual de Ecovidrio, que asegura que se han reciclado más de 700.000 toneladas de envases de vidrio durante el pasado año.

Ecoenves, la encargada del reciclaje de los envases que van a parar al contenedor amarillo, ofrece unos halagüeños datos que superan las 1.300.339 toneladas de material reciclado en España. Incluso, incitan a los ciudadanos a picarse entre ellos para ver quien recicla más con un barómetro en el que se puede ver cuánto se recicla en cada comunidad autónoma o en cada municipio.

Ecovidrio y Ecoenves son SIGs: Sistemas Integrales de Gestión de Residuos. Bajo ese nombre que puede parecer salido de una de las películas de la saga de La Guerra de las Galaxias, lo que hay es un método nacional destinado basado en la recogida, transporte, almacenamiento y el reciclado de los diferentes residuos que genera la sociedad, además de la vigilancia de estas operaciones y de los lugares de descarga.

Los SIGs existen por Ley. En concreto la 11/1997 de Envases y Residuos de Envases, que a grades rasgos establece que las empresas que comercializan los productos envasados colaboren en el mantenimiento de una entidad sin ánimo de lucro destinada al reciclaje de los envases. Por supuesto esta aportación económica de las empresas la repercuten en los precios de lo que venden, de manera que quien finalmente soporta económicamente el coste del reciclaje son los consumidores.

Pero en todos sitios no se recicla mediante la fórmula de nuestros SIGs. En países como Alemania o Noruega, es habitual encontrar en supermercados una máquinas que recogen las botellas o latas que depositan los consumidores a cambio de un ticket canjeable por dinero en el establecimiento. Es el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), una fórmula que no es nueva aunque ahora esté tecnificada. Los que hayan pasado de los 40 recordarán la frase de su niñez de "¿Has traído los cascos?" que hacía el tendero antes de suministrar las nuevas botellas de cervezas o refrescos: si no había un canje del mismo número de botellas llenas que vacías había que pagar el precio del ‘casco’.

Al otro lado de los SIGs se sitúa una organización llamada Retorna. En ella reclaman que se implante en España el SDDR ya que, dicen, no supone ningún coste para el consumidor. Sólo paga el que no devuelve el envase, aseguran, con lo que se cumple la máxima de quien contamina paga.

Los detractores de los SDDR -y defensores de los SIGs- sostienen por su parte que se trata de un sistema que como mucho puede aspirar a ser complementario. "Imaginan que cada establecimiento tuviese que pagar estas máquinas y destinar un espacio en sus tiendas para ello; y todo ello sin recibir nada a cambio", apuntan.

En efecto, estas máquinas cuestan en Alemania entre 15.000 y 20.000 euros. Sin embargo reconocen que en determinados segmentos como la hostelería tal vez podrían funcionar, aunque es cierto que las campañas de reciclaje llevadas a cabo en el sector de la hostelería son las que mejores resultados de reciclaje han dado a los SIGs. ¿Para qué cambiar algo que funciona?

Los férreos defensores del sistema SDDR recurren también a la certificación geográfica: está implantado en países avanzados como Alemania, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia u Holanda. También es verdad que en todos ellos la concienciación ciudadana por temas ambientales está a años luz de España.

En Alemania, el SDDR presume de haber logrado el 98,5 por ciento de recuperación de envases. Los defensores de este sistema dicen que es el ejemplo de que en España se podrían alcanzar mayores cotas de reciclaje si se aplicase. No lo sabemos. Tampoco sabemos que habría pasado si en Alemania -donde el Partido Verde tiene un peso propio en el Parlamento- se hubiese aplicado un sistema de SIGs; ¿tendrán la misma cuota de reciclaje? Puede ser, ya que las cifras globales de reciclaje alemanas nacen de la concienciación ciudadana en los hogares donde se separan los envases.

Una conciencia ambiental que en España quiere sustituirse por un premio económico para que se vea la basura como dinero. Algo que dice muy poco de la responsabilidad una sociedad.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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