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Cristina Fallarás: "La crisis es una farsa, un reparto de lo público entre los ricos y ciertos poderes"

Tras vivir un despido embarazada de ocho meses y ocho años de paro, esta veterana periodista está al frente de un medio de comunicación naciente, la rescatada cabecera Diario 16.

Por Ángeles Castellano

Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) es una de las pocas directoras de medios de comunicación que hay en España. Desde hace algunos meses está al frente de Diario 16, cuya cabecera renovada está de primer aniversario estos días, además de aparecer a menudo como tertuliana en programas de televisión de debate político, como Las mañanas de Cuatro. Esta veterana periodista, de conversación fluida, verbo apasionado y discurso radicalmente apegado a la calle, es una superviviente de su profesión, tras vivir ocho años de desempleo y perder su vivienda en un desahucio. Antes había trabajado en la edición catalana de El Mundo, en Cadena SER, Radio Nacional de España, El Periódico de Cataluña, Antena 3 y Telecinco y fue cofundadora y subdirectora del diario gratuito ADN, del que la despidieron en 2008 cuando estaba en su octavo mes de embarazo. Desde un AVE que la traslada a Córdoba explica las claves del oficio, que está viviendo en los últimos años una transformación profunda cuyas consecuencias más inmediatas han sido un reguero de trabajadores despedidos -y empobrecidos- y una galopante pérdida de credibilidad de los lectores. Desde su nueva posición en Diario 16 intenta explicar la realidad real, y no eso que dicen los poderosos que es la realidad.

Diario 16, periódico que diriges, acaba de cumplir un año. ¿Qué valoración haces de este arranque?

Bueno, yo sólo he estado en una parte. Recuperar una cabecera histórica como la de Diario 16 es muy importante, porque es un referente de un tipo de periodismo que vuelve en una época de crisis del periodismo. Tengo la sensación de que la gente, los lectores, están perdiendo la fe en la información, están viendo que la información sólo tiene como objetivo ganar dinero, o apoyar a unos cuantos, a un partido o una construcción política. Y esto me preocupa profundamente. Cuando me ofrecieron dirigir Diario 16 me propusieron lo contrario, me dijeron "bueno, haz el periodismo más libre que se te ocurra", y eso estamos haciendo. Creo que es importantísimo que la gente recupere la fe en el periodismo y que los periodistas recuperemos la fe en nosotros mismos también, es decir, que eliminemos la autocensura, que eliminemos el servilismo tanto de empresa como de partidos políticos, y que recuperemos el periodismo como una forma de ejercer la democracia y como una forma de dar a la gente herramientas para entender la realidad que vive.

¿Es más difícil sacar adelante un medio con una propuesta al margen de lo que están ofreciendo la mayoría de los medios?

Es difícil porque las condiciones económicas son catastróficas en todas partes, pero claro, en un medio que nace ahora todavía más, y porque además en el fondo somos un grupo de trabajadores que está sacando adelante una cabecera. Pero creo que la dificultad más gorda no reside en lo económico, que también, sino en la pelea por la credibilidad. Creo que vivimos una época de desencanto político, pero también de desencanto informativo y contra eso es contra lo que hay que luchar.

Los medios han vivido su propia crisis dentro de la crisis. ¿Cómo se puede sacar adelante en esta coyuntura el buen periodismo, que necesita de tiempo y un respaldo para el medio y los periodistas?

Es muy difícil, es muy difícil… Creo que de esta crisis no vamos a salir con dinero. En serio. Ojalá ganemos dinero en algún momento, que no es el caso, ojalá el periodismo digital encuentre la fórmula para funcionar bien, para tener los medios que necesita, que en este momento no es el caso tampoco, ojalá los medios impresos no perdieran cada mes lectores desde hace unos años y no hubiera que despedir a tantos periodistas... Sin embargo, creo que debemos plantearnos la información desde otro punto de vista y luego ya daremos el paso a lo económico. Es decir, creo que la recuperación de la información está en la recuperación de la confianza del periodismo en sí mismo. Creo que en eso las redes sociales y los nuevos medios digitales e independientes están haciendo una labor extraordinaria. No son medios que estén ganando mucho dinero, que estén económicamente boyantes, algunos incluso abren y cierran, y sin embargo, sí están dando una nueva visión del periodismo y están poniendo en evidencia a los grandes grupos de comunicación que no estaban ofreciendo ese periodismo ni tan veraz, ni tan comprometido, ni tan serio, ni tan profesional.

¿Qué responsabilidad en esta crisis tienen los lectores? También parece que hay muchos que han perdido el espíritu crítico, que no son exigentes ni siquiera con los medios que les son afines ideológicamente…

Creo que no se puede responsabilizar al lector. Creo que el responsable es siempre el medio de comunicación. El lector -o un gran número de lectores- en realidad esperan oír lo que quieren oír, pero como cualquier lector, no sólo de información, también de ficción, etc. Uno lee lo que espera leer, uno sabe lo que quiere saber y lo busca, porque seguramente es más fácil vivir así. Sin embargo, la responsabilidad de los medios de comunicación es no ofrecer aquello que el lector espera, sino aquello que es la realidad. Cuando yo era joven, me acuerdo que nos enseñaban en la facultad que no debía existir el periodismo de declaraciones, que una declaración de alguien no es nada, no tiene valor, lo que importa y es relevante son los actos. Creo que hace mucho tiempo que vivimos un periodismo que cuenta lo que dicen algunos que pasa y no lo que pasa realmente. Es decir, lo que dicen los políticos que pasa, lo que dicen los gabinetes de comunicación que pasa, lo que dicen las empresas que pasa, pero no lo que realmente sucede. De tal forma que el periódico afirma: "Mariano Rajoy dice que hemos salido de la crisis", "Juncker y la UE felicitan a España por su gestión con los bancos"… ¿Y qué importa eso? Si sólo contamos eso, si sólo contamos aquello que la voz del poder dice que sucede, estamos hurtándole al ciudadano la realidad. Y la culpa no es del ciudadano, la culpa es del medio de comunicación.

En tu caso personal has podido vivir todas las etapas del periodismo, desde reportera de calle hasta la directiva de medios y también el largo desempleo, la gran sombra que afecta a la profesión…

Todo. Sí. Ocho años he estado parada. Bueno, con una tertulia aquí, una tertulia allá, pero sin empleo. Ocho años. Es una barbaridad.

¿Cómo se vuelve a empezar? Porque me imagino que esas experiencia también habrá cambiado tu propia manera de hacer periodismo, de mirar y contar la realidad…

Sin duda. Sí. Hay un paso, hay algo que sucede cuando lo pierdes todo que es que, aunque parezca una perogrullada, ya no tienes nada que perder, y cuando ya no tienes nada que perder, pierdes el miedo a mirar la realidad tal como es. Ese miedo que me obligaba antes a no decir tal cosa para conservar mi puesto de trabajo, ojo no me meta con este no me vaya a decir tal… Las autocensuras en la comunicación son atroces y son múltiples. Y a veces nos engañamos a nosotros mismos y creemos que esa es la realidad. Cuando te quedas sin nada, absolutamente, ya no tienes nada que perder y ya no tienes más remedio que mirar a la realidad a la cara y ves cuántas veces te has callado y dónde te has callado y cuántas veces te han mandado callar y cómo funcionan las cosas. Cuando sales de ahí, ya no hay vuelta atrás. Yo no podría en estos momentos callar una información por no molestar a tal o prescindir de un colaborador porque molesta a cual, o no hacer tal cosa porque hay un anuncio… Ese tipo de cosas que se hacen en los periódicos, no te metas con tal banco porque está financiando esta sección… Yo ya no podría hacer eso, porque ya he dado el paso. Creo que los periodistas que han pasado por el paro de media y larga duración, que son miles y miles y miles en España, si vuelven al periodismo, ya no vuelven con los pactos informativos que hay antes de llegar al paro.

En algunos casos parece que es al contrario, que después de un largo periodo de desempleo parece que algunos periodistas tienen aún más miedo…

Bueno, seguramente también hay gente que necesita conservar un sueldo y callarse, pero no es gente que me interese. Sí me interesa la gente que está volviendo a los medios de comunicación, sobre todo los que están montando pequeños proyectos, no sé, hablo pues desde vosotros en FACUA a La Marea, a Diagonal, hay un montón, pero un montón de pequeños medios de comunicación, pequeñas webs y no tan pequeñas, donde veo que el trabajo de los periodistas es el trabajo post paro, es decir, unos periodistas que se han enfrentado a lo que es la realidad y es muy difícil volver a mentir después de ver lo que es la realidad. No sé antes, porque yo hace veinticinco años que soy periodista, pero sí sé todo lo que hemos escondido en este tiempo y todo lo que hemos callado todos los medios de comunicación. Esta crisis no ha caído de un guindo, esta crisis es una construcción, la corrupción que ahora empieza a salir a la luz y de la que nos quedan por saber muchas cosas no es de ahora, estamos hablando de la época de Aznar y si quieres nos remontamos a Felipe González, y Zapatero y Rajoy…¿Tú te crees de verdad que nadie sabía lo que estaban haciendo los Pujol, si había medios de comunicación independientes denunciándolo constantemente, si Pascual Maragall dijo lo del 3% en su momento y ni siquiera Izquierda Unida abrió la boca? Todo eso se sabía, solamente que no se ha contado. Yo creo que hay ciertos mecanismos que ya no tienen vuelta atrás.

Cristina Fallarás cree que es imprescindible recuperar la credibilidad de los medios. | Imagen: Ana Portnoy.
Cristina Fallarás cree que es imprescindible recuperar la credibilidad de los medios. | Imagen: Ana Portnoy.

 

Antes has dicho que de esta crisis no vamos a salir con dinero. ¿Nos tenemos que acostumbrar a vivir así? ¿No es posible recuperar el poder adquisitivo perdido?

No, no. Tenemos que aspirar a tener dinero de nuevo. No podemos conformarnos. A mí la gente que dice “ahora no tenemos, no pasa nada, es un momento de tránsito”… Bueno, es un momento de tránsito, pero no por la crisis, que es una farsa, que es un reparto de lo público por parte de los ricos y de ciertos poderes. Entonces, pienso que debemos aspirar a tener dinero, debemos exigir a las empresas y al Gobierno volver a tener dinero y debemos exigir recuperar los derechos de los trabajadores que nos han hurtado en sólo cinco años.

Precisamente en relación con esto, llama mucho la atención la falta de movilización social, ha habido momentos puntuales, como el 15M, las mareas, pero no es masiva, pese a la violencia tan enorme que estamos viviendo como ciudadanos…

Cuanto tú empobreces a la población generas unos mecanismos bestiales de miedo, pero sobre todo de silencio e ignorancia. Aquí sí responsabilizo a los medios de comunicación. El mayor problema de estos años ha sido la pobreza, es decir, cómo se ha precarizado a la población. Y los medios de comunicación no han hablado de esa pobreza: han hablado de la prima de riesgo, han hablado de hipotecas, han hablado de recuperación bancaria… Pero no han contado la pobreza. Eso quiere decir que los pobres no han sido conscientes de que había más pobres. ¿Con esto qué sucede? Primero, que el pobre se culpabiliza, porque piensa que es el único pobre y que se merece lo que le ha pasado, y segundo, que como no sabe que hay más pobres no se organiza. Si a esto le sumas la completa destrucción del movimiento asociativo que hubo durante los años 80 y 90, que nos hizo enfrentarnos a los 2000 absolutamente desprovistos de asociaciones, tienes el retrato de una sociedad aislada. Y luego creo que hay un cierto mensaje en el que la izquierda se equivocó, que es el mensaje optimista, el mensaje de la sonrisa, el mensaje de “vamos hacia delante, que ya tenemos el poder”… Eso desmovilizó a ciertas personas y creo que no para bien.

Y además, como has dicho en algunas ocasiones, falta el discurso de la Cultura, que quizás tiene que ver también con esta desmovilización, ¿no?

Claro. Tú fíjate, acuérdate del No a la guerra del mundo de la Cultura. Imagínate que hubiera no esa movilización, la mitad de eso, contra los desahucios, contra el hambre, contra la pobreza infantil, contra la gente que pasa frío… Es que no puedo entender dónde está el mundo de la Cultura. En serio. ¿Dónde está la gente de la Cultura y dónde están los sindicatos? No ha habido nadie movilizándose por las personas pobres. Y en este momento tenemos 15 millones de personas en riesgo de exclusión y pobreza en España, que es una cifra aterradora. Tenemos 2.650.000 niños por debajo del umbral de la pobreza. ¡Es que es una barbaridad! ¿Dónde está el relato? Si tú a esa gente no la dotas de un relato, si a la crisis no le das un relato no tiene alma. Si a esa gente no le buscas un relato desde los medios de comunicación y desde la Cultura la dejas sin armas para comprender lo que le está pasando. La Cultura es el espejo donde nos miramos. Una obra de teatro es un espejo donde ves lo que está sucediendo en tu vida, una película sobre los desahucios es mucho más importante que doce mil noticias, un libro sobre la pobreza… ¿Sabes? Todo eso está faltando.

Porque además te acompaña, una canción no te resuelve el problema, pero te ayuda a sobrellevarlo…

Exacto. Te ayuda a verte, te ayuda a saber que no eres único, sino que existe ese mundo.

En ese sentido, tú has puesto tu granito de arena con A la puta calle, un libro que cuenta tu propia experiencia de perderlo todo, hasta el techo bajo el que dormías…

Sí, creí que era muy importante narrarlo en primera persona. Cuando vi que me iban a desahuciar pensé que era muy injusto que el relato sobre los desahucios que estaba viendo en los medios de comunicación se centrara sólo en la gente más pobre, como la gente de la construcción que además era inmigrante, etc. También nos estaban robando un relato, que es el de la clase media empobrecida durante la crisis. De repente pensé: "tengo que contar cómo pasé de ser una directiva de los medios de comunicación rica a no tener nada, ni la casa, y quedarme en la calle con dos hijos". Ese proceso de empobrecimiento, que se dio en sólo tres años y medio, necesité relatarlo, primero para entenderlo, porque es muy difícil entender lo que te pasa cuando vives eso, y segundo, para decirle a la gente que le sucede como a mí, o que le había sucedido como a mí o que le podía suceder como a mí, que entendiera que no estaba sola, que no era la única persona.

Además, el tema de la vivienda es especialmente grave en España porque precisamente es un país de propietarios, algo que se impulsó desde la Dictadura…

Bueno, y durante el Gobierno de Felipe González último, el cambio de la ley de suelo de Aznar, y por Zapatero después, apoyando a las entidades bancarias en vez de a los propietarios… Y por el desamparo que sufre el ciudadano por parte de su Gobierno, porque te recuerdo que en Francia no pueden desahuciarte entre finales de octubre y febrero o marzo, es que ni siquiera existe eso en España y cuando ha querido existir se han inventado que los culpables somos nosotros. Creo que somos un país de ignorantes en ese sentido y que hemos permitido que los gobiernos se instalen al calor del poder.

También es cierto que venimos de una Transición mal hecha, absolutamente falseada, tramada desde el miedo y que no pensó en los ciudadanos, sino en cómo solidificar lo que había quedado atado y bien atado. A partir de ahí sólo hay que ver que lo siguiente fue Felipe González y mira dónde está Felipe González

¿Crees que hay espacio para el cambio? ¿Todo esto que está viviendo España va a servir para cambiar cómo nos aproximamos a la vivienda, cómo se conceden las hipotecas y todo esto?

Creo que viene una generación nueva absolutamente. Y lo creo muy sinceramente, porque voy a algunas universidades a dar charlas y me llaman de asociaciones… Creo que hasta mi generación, yo tengo ahora casi 50, ha habido una especie de temor a la autoridad, al poder, a lo que se dice… y obediencia, porque todo temor a la autoridad genera obediencia. Creo que por primera vez eso se ha roto. No sé hacia dónde irán, pero lo que sí sé es que ponen en tela de juicio aquello que nosotros no pusimos en tela de juicio. La gente que ahora tiene veintitantos, de 30 para abajo, está cuestionándose absolutamente todo, desde la propiedad de una casa hasta el feminismo radical, la sexualidad o la necesidad de formación en las instituciones públicas… Todo se lo están planteando. No sé si cambiarán algo, pero sí que sé que ese paso que era necesario, que era planteárselo todo y que nosotros no dimos, hoy se está dando.

La directora de Diario 16 recibe constantes insultos y amenazas por declararse feminista. | Imagen: Óscar García.
La directora de Diario 16 recibe constantes insultos y amenazas por declararse feminista. | Imagen: Óscar García.

 

Eres una de las pocas mujeres al frente de un medio de comunicación en España. ¿No es un poco desalentador que las redacciones y las facultades de periodismo estén llenas de mujeres pero no se venza ese techo de cristal hacia los puestos directivos?

Es más complicado que el techo de cristal en el caso de los medios de comunicación. Creo que los medios de comunicación en la actualidad son herramientas de poder construidas desde un punto de vista del poder muy masculino, o si quieres patriarcal. No es algo que tenga elaborado, pero sí me voy fijando en el tipo de periodismo que gestionamos las mujeres y el tipo de periodismo que gestionan los hombres y me interesa mucho ver ciertas diferencias. Digamos que el modelo industrial es patriarcal, el modelo económico es patriarcal y el modelo financiero es patriarcal. El modelo de los medios de comunicación en España se ciñe, se amolda a los modelos económico, financiero, etc. Y por lo tanto sigue unas directrices muy parecidas y todo ese entramado es profundamente masculino, que no sé hasta qué punto refleja la realidad.

Sin embargo, creo que hay un periodismo muchísimo más pegado a la calle, a la realidad de las personas que durante mucho tiempo no se ha hecho, no se ha llevado a cabo porque no tiene que ver con lo policial, con lo económico, que era lo que abría portadas, con lo financiero o con lo político. En la medida en la que aparecemos mujeres en los medios de comunicación gestionando los medios hay algo que cambia en el punto de vista. Pero mientras no cambie el sistema político, financiero, económico y judicial del que te hablo, que es estructuralmente macho, va a ser muy difícil que cambie el modelo de periodismo. No solamente es porque las mujeres no entran, creo que es algo mucho más profundo. Como herramienta de poder, el periodismo se ha amoldado a las otras herramientas de poder que son política, economía, finanzas y tribunales. Y todo ello forma un entramado masculino, macho, patriarcal.

Hay una frase tuya muy contundente: "Las mujeres hemos aceptado que la igualdad consiste en proceder como si fuéramos machos"…

Claro. Entonces, ¿qué haces? Tú puedes coger la dirección de un periódico, pero si es para hacer lo mismo que se hacía hasta ahora, ¿cuál es el fin? En el fondo lo que estás haciendo es reproducir un esquema que te había llevado a no pertenecer a una profesión o a ciertos niveles de una profesión. Pero en los medios de comunicación gestionados o dirigidos por mujeres en España, que somos cuatro o cinco, fíjate en la diferencia de contenidos y de puntos de vista que hay respecto al resto.

Seguimos peleando por la igualdad de derechos, es que no hemos avanzado nada. Aún me insultan por ser feminista, me amenazan por ser feminista, y voy a un debate en una universidad, en una televisión, en una radio y me dicen "bueno, claro, es que tú eres una feminista radical", es que ¡sólo se puede ser radical siendo feminista! El feminismo es un movimiento que pide la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y me parece de cajón, es que si no lo pides eres un hijo de puta. Entonces, sólo se puede ser radical, porque exigir la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ¡es que no puede ser medio-medio! Pero si dices "soy feminista" te insultan, te amenazan, te dicen feminazi y te mandan a casa un consolador… ¡Es que me ha pasado de todo! No es inocente, hay una reticencia de los hombres a perder los derechos adquiridos. Es decir, en la medida en la que yo tenga más derechos, esos privilegios… Porque yo no pido tener más privilegios que los hombres, ni más derechos, pido ser igual, y ellos piden y defienden permanecer como están, que es teniendo más. En la medida en la que yo soy igual, ellos tienen que perder algo. Y no es inocente. Es una reticencia por su parte.

Una reticencia que además se ejerce con violencia, que es el instrumento en la base de esa estructura…

Sin duda. Con violencia y amenaza, exactamente.

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Los tres de… Cristina Fallarás.

Tres películas: Hana-Bi, dirigida por Takeshi Kitano, Asesinos Natos (Natural Born Killers), dirigida por Oliver Stone, Novecento, dirigida por Bernardo Bertolucci.

Tres libros: Las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez y El ruido y la furia, de William Faulkner.

Tres programas de televisión: Es que no veo… Veo cine sólo. E informativos. Veo ocho informativos al día.

Tres momentos históricos: La invención de la imprenta, Machado cruzando la frontera en el 39 y los nacimientos de mis dos hijos.

Tres referentes: Albert Camus, Federico García Lorca, Hana Harendt.

Tres lugares para visitar: Tozeur (Túnez), La Barceloneta (Barcelona), La Floresta (en San Cugat del Vallés, Barcelona).

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto del encabezamiento es de Mireya de Sagarra.

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