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Hacia un necesario cambio de época

El Día Mundial de los Derechos del Consumidor es a la vez una oportunidad para abrir espacios de reflexión sobre los avances alcanzados y también sobre todo lo que queda por hacer en un futuro inmediato.

Por Juan Trímboli

El mes de marzo de cada año se constituye en una instancia especial para los consumidores y sus organizaciones en todo el mundo. El 15 de marzo es la fecha en que los consumidores celebran el reconocimiento de sus derechos, los cuales siguen siendo a menudo vulnerados con una persistencia digna de mejor causa.

En este 2017, Consumers International (CI) convocó a concentrar los esfuerzos de su membresía para conseguir más y mejores derechos en el mundo digital. Sin duda, estamos ante un tema por demás significativo. Intervenir con propuestas concretas en los temas de acceso, compensaciones en línea, seguridad de datos personales y otros, es ejercer ciudadanía en el ámbito digital.

Un ámbito al que los acelerados avances tecnológicos han conferido un rol relevante, con un alto impacto en la vida de las personas. Impactos que conllevan ventajas pero también nuevos problemas, desafíos e incertidumbre. Es de esperar que la cumbre que se celebra en Alemania los días 14 y15 de marzo para analizar estos temas y que ha sido convocada por Consumers International y el Ministerio Federal de Justicia y Protección del Consumidor de Alemania (BMJV), produzca una síntesis y fije las prioridades y caminos más adecuados para que los derechos de las personas sean efectivamente considerados y protegidos.

Pero, como es habitual cada 15 de marzo, las organizaciones y grupos de consumidores a nivel global hacen de la celebración una oportunidad para plantear aquellos temas que, a su juicio, son también prioritarios en cada realidad nacional. Tanto es así que en América Latina, los temas de la alimentación saludable, leyes y regulaciones, servicios públicos, acceso y calidad del agua, transporte, entre otros, son asuntos que siempre dan motivo a diversas e interesantes iniciativas.

Espacios de reflexión

En definitiva, el Día Mundial de los Derechos del Consumidor se constituye en una instancia de movilización ciudadana y es a la vez una oportunidad para abrir espacios de reflexión sobre los avances alcanzados y también sobre aquellos aspectos necesarios de corregir para que los esfuerzos desplegados tengan un efecto real sobre las causas estructurales que están en la raíz de los problemas casi permanentes que los ciudadanos enfrentamos en el mercado de bienes y servicios.

Destacar los avances alcanzados es necesario, y lo hemos hecho en diferentes oportunidades. Las organizaciones de consumidores lo merecen porque es con su esfuerzo, y en una cancha muy desigual, que esos avances se han conquistado. Para decirlo en pocas palabras, en el mundo y también en América Latina se ha producido un cambio cultural e institucional sustantivo en el ámbito de la protección del consumidor. Y probablemente ése sea el mejor reconocimiento que cada 15 de marzo la sociedad entera le puede entregar a miles de militantes sociales en todo el mundo.

Son estos militantes sociales y sus organizaciones ciudadanas las que procuran que también en la esfera del consumo el mundo sea más justo y sostenible. Sin embargo, y a pesar de todo lo que han logrado la crisis global de sostenibilidad parece estar alcanzando niveles de extrema gravedad.

La degradación ambiental, los problemas alimentarios, las desigualdades sociales y la pobreza de amplios sectores de la población son expresiones contundentes de la crisis global de sostenibilidad que atravesamos. Con razón se señala que "mientras el desarrollo económico ha mejorado las condiciones de vida materiales de millones de personas, las comunidades más pobres y vulnerables del mundo se están viendo enormemente afectadas por la explotación abusiva de la capacidad de la Tierra para proporcionar recursos y absorber deshechos. Además, el creciente grupo mundial de consumidores con un estilo de vida intensivo en recursos supone una amenaza cada vez mayor para los ecosistemas del planeta. Es cierto que hemos obtenido muchas victorias, pero estamos perdiendo el planeta" (Gustave Speth, 2008).

Estamos, sin duda, ante una situación de extrema complejidad e incertidumbre que nos plantea la necesidad de reflexionar colectivamente acerca de nuestras estrategias y actividades presentes y futuras. ¿Vamos por el camino correcto? ¿Qué puede ser necesario modificar?

Estimo que, pensando en los tiempos que vienen, hay un primer elemento a tomar muy en cuenta, y es la evidente interrelación existente entre todos los problemas que conforman la crisis global de sostenibilidad. Un pregunta que nos surge de inmediato es si en nuestras políticas, actividades y estrategias estamos asumiendo realmente esa complejidad.

La formulación de esta pregunta y las reflexiones posteriores son sólo una invitación a generar un intercambio de ideas al respecto que surge de la constatación de que las fuertes exigencias que nos presenta el día a día de nuestro trabajo nos dejan poco espacio para abordar con cierta sistematicidad este tipo de asuntos. Y si lo hacemos, entonces se hace necesario entregar opiniones para que el debate nos enriquezca a todos.

Tengo la impresión de que las organizaciones de consumidores, en su mayoría al menos, abordamos un conjunto de problemas y sus síntomas, por demás numerosos y variados, en forma aislada, sin considerar la interrelación sistémica que hay entre ellos. Estos problemas van desde la alimentación al transporte, incluyendo además los más variados asuntos en materia de servicios públicos, medicamentos, legislación, derechos en el mundo digital, etc. Una parte significativa de nuestro trabajo la organizamos en torno a estas temáticas y los problemas que desde ellas surgen para los consumidores, pero sin tener siempre en cuenta las posibles conexiones entre las mismas.

En principio no parece posible hacerlo de otra forma dada la especificidad de las organizaciones de consumidores y la diversidad y amplitud de asuntos que asumen, pero sí parece posible y oportuno integrar todos estos asuntos en una estrategia más compleja que dé cuenta de la necesidad de transformar el paradigma de desarrollo dominante en otro que apunte a un desarrollo sostenible inclusivo y con una visión de largo plazo.

De otra forma podemos, sin duda, continuar obteniendo éxitos en ámbitos específicos, pero los asuntos estructurales derivados de patrones de producción, energía y consumo que ya no son viables persistirán y harán brotar nuevos problemas muchas veces más graves para los intereses de los consumidores.

Desigualdad en todo el mundo

En el reciente documento de Cepal, Agenda 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible, se señala que "un cambio de época es necesario, en el caso de América Latina y el Caribe, que no es la región más pobre del mundo, pero si las más desigual. Si bien la desigualdad existe en todo el mundo, constituye una especial limitación para alcanzar el potencial de la región. Las brechas que se enfrentan son estructurales: escasa productividad y una infraestructura deficiente, segregación y rezagos en la calidad de los servicios de educación y salud, persistentes brechas de género y desigualdades territoriales y con respecto a las minorías, y un impacto desproporcionado del cambio climático en los eslabones más pobres de la sociedad".

Al trabajar por los derechos de los consumidores nos cotejamos permanentemente con otros actores relevantes como las empresas y los gobiernos. Tratamos siempre de influir para que estos actores contribuyan con respuestas apropiadas a la crisis global. Y hemos comprobado que si bien en ambos pueden existir agentes de cambio importantes, también constatamos a diario que estos tienen una capacidad limitada para sumarse más plenamente a ese necesario cambio de época que el momento actual está requiriendo.

En el caso de los gobiernos, aún en aquellos más progresistas, está siempre latente la contradicción entre la necesidad de adoptar medidas más profundas, por una parte, y el paradigma económico que predomina, por otra. Por lo general, la acción política gubernamental aparece determinada por alcanzar resultados en el corto plazo, más que por disponerse a transitar caminos de largo aliento que se orienten a cambios sociales, económicos y ambientales profundos.

En otras oportunidades hemos destacado positivamente los cambios generacionales que existen en el mundo empresarial y su influencia para lograr estándares éticos y de compromiso con la sociedad y sus problemas vitales. Pero todavía son pocas las empresas que están dispuestas a poner los derechos de los consumidores, los trabajadores y las comunidades como un eje de sus políticas. Y en cambio sigue siendo la mayoría la que actúa con la premisa que los negocios y la vida son ámbitos diferentes, gobernados por reglas diferentes. "De acuerdo con esta lógica, la responsabilidad social y medioambiental es, en el mejor de los casos, secundaria al propósito central de los negocios, que es maximizar la ganancia económica" (Dov Seidman, CEO LRN - Learn, Research, Network).

Si hay algo por demás básico que los consumidores en todo el mundo exigimos es respeto a nuestros derechos. ¿Cuántas empresas asumen realmente este compromiso? Hoy seguimos viendo que éstas son más reactivas que proactivas, y que el mecanismo del lobby empresarial y los vínculos de los negocios con la política se superponen en forma casi permanente a la necesaria transparencia corporativa y el compromiso con la sociedad. Y esto no construye legitimidad social, y menos aún puede constituir una palanca de transformación que conduzca a la sustentabilidad y el progreso social.

Mantener y abrir nuevos espacios de diálogo y cooperación con autoridades públicas y empresas tendría que seguir siendo un objetivo de nuestro trabajo. Yo diría que es consustancial a nuestro rol. Pero hacerlo teniendo claro tanto las posibilidades como también los límites de estas iniciativas. Aquí hay también un ámbito sobre el cual se hace necesario reflexionar con mayor rigor, recogiendo la rica experiencia que las organizaciones de consumidores en todo el mundo hemos ido construyendo en esta materia.

En todo caso, nos parece que ante la dimensión de los problemas actuales y las limitaciones objetivas que presentan gobiernos y empresas para impulsar transformaciones significativas, las organizaciones de la sociedad civil estamos llamadas a asumir con mayor rigurosidad políticas consistentes orientadas a ese necesario cambio de época.Ya hemos dicho que las organizaciones de consumidores hemos logrado éxitos importantes en las últimas décadas, pero también hemos querido llamar la atención sobre la profundización de una crisis global que tiene consecuencias sobre la viabilidad de nuestros derechos fundamentales.

Siempre es útil recordar algunos datos que fueron recientemente difundidos por Naciones Unidas en el sitio web dedicado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible:

-Si la población mundial llega a los 9600 millones para el 2050, harán falta casi 3 planetas para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los modos de vida actuales.

- El ser humano está contaminando el agua a un ritmo más rápido del que precisa la naturaleza para reciclarla y purificarla en los ríos y los lagos.

- Más de 1.000 millones de personas todavía no tienen acceso a agua dulce

- En 2002, la cantidad de vehículos automotores en los países de la OCDE era de 550 millones. Se prevé un aumento del 32 % en al propiedad de vehículos al 2020. Mientras que el transporte aéreo se triplicará en el mismo período.

- Mientras que cada año se desperdician 3.000 millones de toneladas de alimentos, casi 1.000 millones de personas padecen hambre en el mundo.

- A nivel mundial, 2.000 millones de personas padecen sobrepeso u obesidad.

Confianza en el futuro

Tener presente estos datos y otros que por demás abundan no es para agotarnos en cifras y diagnósticos, sino para estimular nuestra reflexión, ubicarnos con mayor precisión en el momento que vivimos y la magnitud de los problemas estructurales que es necesario modificar para que los consumidores puedan tener confianza en los tiempos que vendrán.

En artículos anteriores entregué mi opinión sobre la necesidad de un mayor intercambio de ideas entre nuestras organizaciones. En un mundo globalizado ese intercambio se constituye en un imperativo. Si no lo hacemos veo difícil que podamos superar las carencias actuales, darles mayor estabilidad y permanencia a los avances que con tanto esfuerzo se obtienen, y contribuir, con otras organizaciones de la sociedad civil y con referentes en el ámbito público y privado, a ese necesario cambio de época en el cual los principios que guían el consumo y la producción sostenible son un elemento central.

La Fundación FACUA y la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable hemos decidido dar pasos iniciales en esta dirección y lo hemos hecho en torno al tema de la sustentabilidad de las organizaciones de consumidores. Seguramente a este tema sumaremos otros en el futuro inmediato, con la expectativa de que desde otros ámbitos este ejercicio se siga ampliando.o.

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Juan Trímboli es consultor y director de la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable.

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