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Ausbanc y Manos Limpias, sociedad criminal

Estaban llamadas a darse la mano y presentaban una serie de nexos que permitió a ambas aunarse con un objetivo criminal. Desenmascarar a sus líderes, Luis Pineda y Miguel Bernad, no fue una tarea sencilla.

Por Javier Chicote

Ausbanc y Manos Limpias estaban llamadas a darse la mano. Presentaban una serie de nexos que les permitieron aunarse con un objetivo criminal. El primero de ellos es ideológico. Los líderes de ambas organizaciones provienen de la ultraderecha más radical, lo que propició un fácil acercamiento y entendimiento. Además, tanto Luis Pineda como Miguel Bernad intentaron blanquearse y reconvertirse en líderes que combatirían los abusos de la banca y la corrupción.

Esta segunda coincidencia, la de presentarse como defensores del ciudadano frente al poder, les propició una imagen aseada entre todos aquellos, el público en general, que no conocían las interioridades de Ausbanc y Manos Limpias ni las técnicas de sus líderes.

El tercer nexo es que ambos manejaban sociedades pantalla (una autodenominada asociación de usuarios de banca y un pseudosindicato) con el fin último de su propio beneficio, cometiendo para ello una serie de presuntos delitos que van desde la extorsión hasta la integración en organización criminal.

El cuarto nexo es que eran organizaciones complementarias. Por eso Pineda se compró a Manos Limpias, asumiendo todos los gastos del sindicato y pagando incluso las condenas en costas de Bernad. El "sindicato" pasó a denunciar a los "enemigos" de Ausbanc como un ariete jurídico. Lo mismo servía para amenazar a entidades financieras que no pagaban suficiente impuesto revolucionario como para participar en la execrable campaña judicial y mediática contra el portavoz de FACUA, Rubén Sánchez.

Hay otra sinergia muy importante: desenmascararlos no era tarea fácil. Conozco a Bernad y a su socia Virginia López Negrete desde hace unos diez años. Éramos muchos los periodistas que teníamos contacto con Manos Limpias debido a su bulimia procesal. Lo denunciaban absolutamente todo y se personaban en las causas más mediáticas. Para conseguir repercusión, filtraban toda la información que recibían, por lo que la prensa los necesitaba como fuente (algunos les deben favores).

Manos Limpias se rompió por el afán de fama y dinero de López Negrete, que se cameló a Bernad, quien traicionó a los suyos. Gente que había pasado por allí comenzó a contarme cuál era la realidad del sindicato, la cara B: una herramienta de lucro para sus líderes.

Cuando comencé a publicar las primeras informaciones críticas, en septiembre de 2013, recibí la llamada de un empleado de una entidad financiera extorsionada por Ausbanc. Me dieron la información que me faltaba para desenmascarar al tándem, pero gozaban de un escudo protector.

Tras revelar cómo Bernad y Negrete se repartieron cien mil euros en metálico de una cuenta del sindicato, vendieron la teoría de la conspiración y las cloacas. El redactor de investigación de ABC, en connivencia con el CNI, atacaba sin fundamento a quienes acusaban a la Infanta en el caso Nóos. No eran pocos los que compraban esta bazofia (Cristina de Borbón me importa una higa, por si hay dudas).

Por otro lado, relatar el negocio de Ausbanc, la extorsión a los bancos, te convertía en un esbirro de las entidades financieras a las que Pineda les denunciaba las cláusulas suelo. En los tiempos de la postverdad, en los que las teorías de la conspiración campan a su anchas por el mundo digital sin filtro alguno, contar la verdad es una tarea hercúlea, pese a que esa verdad es muy simple: Ausbanc y Manos Limpias se dedicaban a la delincuencia organizada y les han pillado. Punto final.

Afortunadamente no los cacé solo yo, sino tipos mucho más importantes: agentes de la Udef, fiscales y jueces. Al final las evidencias son más que claras, pero tras cada información que publico me siguen insultando desde la izquierda (por "trabajar para la Corona desde el ABC"), y desde la ultraderecha (por atacar a los suyos). En el equilibrio reside la virtud, decía Aristóteles...

Ahora tengo la oportunidad de narrar esta trama con la amplitud que se merece y terminar de quitarles la careta a Pineda, Bernad y Negrete. La editorial Libros.com me ha propuesto que escriba las vísceras de esta historia, la parte más recóndita, bajo una fórmula de mecenazgo, un crowdfunding. Editan el libro si un determinado número de lectores lo compran por adelantado (y devuelven el dinero si el proyecto no saliera, lógicamente). Esto significa que solo se publicará si usted quiere, lo que me parece bastante justo.

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Javier Chicote es periodista de investigación del diario ABC y profesor de la UCJC.

*Las fotos que ilsutran este artículo pertenecen a agencias.

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