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Rubén Juste: "A veces cuesta entender que quienes nos gobiernan están en contra de nuestros intereses"

Doctor en Sociología y experto en las relaciones entre élites políticas y económicas, el autor de 'Íbex 35. Una historia herética del poder en España' explica las peculiaridades del sistema económico español.

Por Ángeles Castellano

Doctor en Sociología, Rubén Juste (Toledo, 1985) lleva años estudiando las relaciones entre el poder político y económico en España. Autor del reciente libro Íbex 35. Una historia herética del poder en España (Capitán Swing, 2017), sus análisis sobre las conexiones entre las grandes empresas y la Administración han sido usados por los dirigentes de Podemos para crear su muy comentada teoría sobre la trama. Esto es criticado por algunos, como el ex ministro socialista Jordi Sevilla, que ha declarado recientemente que estas ideas son "engañabobos". Juste explica en una conversación telefónica mantenida durante un viaje en tren que le llevaba a la presentación de su libro en Barcelona que la falta de información sobre la élite empresarial española le llevó, entre otras cuestiones, a dedicarle años y una tesis doctoral a estos asuntos. También las posibles alternativas a este sistema, y cómo afecta a la vida de las personas.

¿Qué es el Íbex 35?

Es un índice bursátil, como hay otros en Europa y en el mundo, que aglutina, en nuestro caso, a las 35 empresas de mayor liquidez, cuyos títulos se venden en el mercado. Las diferencias entre otros índices y el nuestro es que el nuestro se calcula por capitalización, es decir, la multiplicación del valor de las acciones y la cantidad de acciones existentes. Es un índice muy ponderado que refleja mucho la importancia de determinadas empresas. Muchas de estas tienen como origen empresas públicas, y de ahí la peculiaridad del Íbex 35, esta vinculación y dependencia con antiguas empresas públicas.

¿Por qué es tan importante el Íbex 35 en la economía española?

Bueno, es importante por varios motivos, el más conocido es que se ha constituido como un índice de referencia sobre la salud de la economía española. Es el índice que consultan todos los inversores a la hora de analizar un poco la marcha de la economía, se dice que tiene cierta correlación con la dinámica del PIB. Esto por un lado, pero desde el punto de vista económico también por el propio peso de ese índice, aunque han traído muchos problemas esas cifras, pero bueno, el valor de este tipo de empresas equivale al 50% del PIB. Esto no quiere decir que ocupe esa cifra, lo que indica ese valor es que toda clase de movimientos en las empresas provocan un efecto dominó sobre la economía española, acarrean un riesgo sistémico. Es el caso, por ejemplo, de ACS, que era señalada por el New York Times como la empresa con mayor riesgo sistémico, comparándolo con otras, cuando ni siquiera aparecía Bankia en esa lista, en 2012.

Por otro lado, hay otros elementos de peculiaridad de este índice en España, como su vinculación con el Estado, que es además el que más le está deteriorando su imagen. Esto le hace un actor relevante políticamente. Esto le viene de dos cuestiones: por un lado, las puertas giratorias, que generan lazos muy estrechos con la Administración, ya sea por altos cuerpos del Estado o por antiguos representantes de partidos que ahora participan en estas empresas. Por otro lado, la tradición del Íbex que tiene su base fundamental en el Estado, desde la propia planificación del Estado -el propio mercado de valores fue planificado por [Carlos] Solchaga [ministro socialista de Economía y Hacienda entre 1985 y 1993]-, hasta la privatización de las grandes empresas que luego serían referentes en el propio Íbex. Esto le hace un actor muy dependiente de dinámicas estatales. Esto se ve actualmente en cuanto a la dependencia de algunas empresas respecto a Bankia, lo que ha sucedido recientemente por ejemplo con Abengoa, que era una moneda de cambio del nuevo pacto de gobierno entre el PSOE y el PP.

Y por último, ya el tema social, un tema de clasismo. El Íbex hereda toda un linaje de apellidos que se tornan como indiscutibles en el campo económico. Ahí tenemos apellidos que nos llegan desde la Restauración hasta ahora y que siempre han aparecido en la primera línea del campo económico: los Benjumea, Koplowitz, que es un apellido más reciente, o Urquijo, o los Casteller, la mayoría vienen del Franquismo, pero son apellidos que están muy incrustados dentro del poder. Con lo cual, estos tres niveles: el político, el económico y el social le hacen ser un actor muy relevante y difícil de confrontar.

Tú te has dedicado a estudiarlo durante varios años y tanto tu tesis doctoral como el libro que has publicado recientemente versan precisamente sobre estas relaciones que estás comentando, pero ¿qué fue lo que te empujó a embarcarte en este análisis, en este estudio? ¿Qué es lo que más te llamaba la atención o más te interesaba conocer?

Principalmente, el problema de las cajas de ahorro. Cuando termino la carrera, en 2009, había un clima de mucha incertidumbre en el panorama económico y sobre todo se apuntaba a las cajas como principal problema. Entonces empiezo a indagar qué papel tenían las cajas en todo el entramado económico y qué suponían, más allá de ser simples financieras. Encontré todo un entramado relacionado con las cajas de ahorro, que también participaban en el Íbex. Es ahí cuando empiezo a encontrar que existe eso que ahora se le llama trama, pero que bueno, que es un grupo que tiene relaciones entre sí y que abarca mucho más allá de una sola empresa. El Íbex, más allá de ser un índice bursátil, son las empresas que tienen una alta relación entre sí.

Segundo, también me llamó la atención que no existen estudios sobre la élite económica de España.

Según lo que tú describes en el libro, no se sabe quién dirige más a quién, si el poder político a través de la financiación de estas empresas, o si son estas familias históricas las que están determinando al poder político, en cuanto a legislación, etc. ¿Hay equilibrio entre estos agentes?

Es un equilibrio que tiende a descompensarse a lo largo del tiempo. Es cierto que en algunos momentos han pesado más las familias, en otros han pesado más esos círculos políticos, pero en todo en caso, en todos los periodos históricos desde la Restauración hasta ahora, forman parte de un mismo bloque de poder. De un lado están las grandes familias, que serían los empresarios, y en el otro lado estarían los políticos, que en muchos casos forman parte de las mismas familias. Yo pongo como ejemplo la familia Benjumea, fundadora de Abengoa, que ha tenido entre sus miembros también gobernadores del Banco de España, ministros de la Dictadura… Digamos que ha habido una tendencia por la cual se han estrechado los lazos dentro de este mismo entramado, pero yo diría que el único periodo en el que se ha podido descompensar esa relación más hacia el lado de lo político, en el plano de poder planificar, fue únicamente durante los diez años de bonanza desde el 2000 hasta ahora, cuando los políticos podían controlar las cajas de ahorro.

El libro está organizado como por etapas históricas del Íbex, que tienen que ver también con mandatos políticos. ¿Crees que hay una etapa determinante para la evolución del Íbex y para la situación actual?

Sí, los años fundamentales son desde 2009-2010, que se produce el gran cambio en el Gobierno de Rodríguez Zapatero tanto en el plano de personas y nombres como en el terreno de las políticas públicas cuando se inician los recortes. Es ahí cuando se revierte la relación. Había una especie de pacto de paz, de no agresión entre el poder político y económico, en el cual no se interfería en las políticas más sociales de Zapatero, y es en ese momento en el que empiezan a presionar, sobre todo las grandes constructoras altamente endeudadas para que se aprobara la reforma laboral, que es el primer punto de inflexión. Los recortes van precedidos de presiones en los medios de comunicación, declaraciones de Florentino Pérez para que se aprobara esa reforma laboral, coincidente con un momento en el que estas constructoras tenían un ratio de endeudamiento muy superior a las empresas europeas, estamos hablando de seis veces sus beneficios.

Este es un primer punto en el que empiezan a tomar el pulso al poder y es un momento en el que se rompe el equilibrio y dejan de poder decidirse políticas sociales sin muchas interferencias.

El segundo, que es el determinante, es 2012. En ese momento se firma el Memorando de Entendimiento y se suspenden de facto las cajas de ahorro por Europa. Entonces se produce el quiebre final entre la política y las empresas, que se basaba en la facilidad de financiación. Estas empresas si tenían una relación privilegiada y también facilitaban y tenían cordialidad con estos círculos políticos era por esa facilidad. A partir de 2012 se quiebra esa relación y se inicia un momento diferente. Las relaciones ya no son solamente con el Estado, o no son nacionales sobre todo, sino que el Íbex ya empieza a internacionalizarse y sobre todo a vincularse más con fondos extranjeros, que son actualmente los principales inversores del Íbex.

En ese momento también se da una ruptura con lo social. Hasta ese momento se mantenía el empleo, con lo cual esa bonanza de las empresas del Íbex se revertía en la sociedad, pero en el momento en que se da esa ruptura ésta también es social, ¿no?

Claro, es lo que comentaba, ese pacto hacía que hubiera una cierta libertad por parte de los partidos, que al fin y al cabo podían practicar políticas más expansionistas, más ligadas al gasto social, pero llegado un momento las empresas del Íbex tienen problemas y se rompe ese pacto de atención, ese pacto social, a favor de las empresas. Es cuando empiezan los partidos, sobre todo el PSOE, a tener problemas con sus bases sociales, al elegir rescatar el Íbex sobre elegir rescatar a sus votantes.

Hay una figura fundamental en todo esto que es Solchaga, que pone en marcha este sistema. ¿Crees que se podía haber hecho de otra manera? ¿Qué alternativas tenía, o le vino sobrevenido por la presión de estas familias del poder económico?

Es siempre difícil hacer diagnósticos a posteriori, pero sí podemos decir que ahora nos encontramos con un problema, y es que tenemos grandes empresas, internacionalizadas, con gran parte de su facturación en el exterior, pero que en España no generan empleo en relación con su dimensión. El gran problema es que tenemos actores económicos de gran tamaño que no generan empleo y además pugnan por unas relaciones laborales que minen esa creación de empleo. Pongo como ejemplo la reforma laboral de 2010, que a quien más benefició fue a esas grandes empresas.

Solchaga decía que la mejor política industrial es la que no existe. En su cabeza siempre tuvo un proyecto de sociedad muy tercializado, ligado al ámbito de los servicios y él lo ha dejado escrito en muchas ocasiones. Él creía que la posición de España no era una posición de productor, sino ligada a la agroalimentación y sobre todo al ocio. Y hacia ese modelo se movió toda su política. No hay que olvidar que en el periodo de reconversión se perdieron dos millones de empleos, con lo cual, lo que heredamos es el sistema productivo que tenía Solchaga en la cabeza y que tenía como base la relación entre dos grandes puntos económicos: el financiero y sobre todo el inmobiliario, ligado al sector servicios. Este es el gran problema que tiene nuestro tiempo, poder realizar otra política diferente, con un valor añadido superior.

Llama mucho la atención que desde entonces ha habido diferencias entre los sucesivos gobiernos en lo social, pero la política económica desde los años 80 es la misma, marcada por ideologías liberales, prácticamente sin variación. ¿Cómo se puede intervenir la situación para proteger un poco a la población? ¿Se puede hacer algo?

Claro que se puede hacer algo, pero se trata de un dilema moral, no tanto económico, hay que empezar a entender que estas élites económicas no son las más adecuadas. Esto es un problema que tiene que ver con la civilización. Hay veces que cuesta décadas o incluso cientos de años entender que aquellos que nos gobiernan están en contra de nuestros intereses, no a favor de ellos. El problema que nos encontramos ahora es no poder hacer nada acerca de estas grandes empresas que forman parte del Íbex, no poder ni criticarlas, o incluso cambiar su rumbo para que, en lugar de ser empresas cuyos beneficios se canalizan hacia el extranjero, sean empresas que puedan generar empleo y sobre todo que no presionen al poder político para que al final prevalezcan sus intereses. Esto se hace fiscalizando mucho más su actuación. No puede ser que tengamos empresas como ACS o OHL que han salido ya en los papeles de Bárcenas, que están inmiscuidas en diversas tramas de corrupción y que también pactan para que se les adjudiquen contratos y que estas empresas no hayan pasado todavía por la justicia.

¿Es suficiente el marco judicial actual? Da la sensación de que es demasiado débil ante esta situación.

Sí, totalmente, y también es importante la propia fiscalización social, la propia vigilancia de la sociedad es fundamental. Me has preguntado al principio por qué me interesaba a mí este tema del Íbex 35, y es que no se sabía nada, y este es uno de los grandes problemas en relación al poder económico, sabemos muy poco y se fiscaliza muy poco. Esto es un elemento que sería muy importante para derribar ese poder, derribar mitos y sobre todo tener más información sobre en realidad lo que producen y lo que significan estas grandes empresas.

En segundo lugar, es fundamental tener leyes antimonopolio, que favorecerían que no se concentrara la economía en algunos actores determinados.

No sé si has tenido ocasión de comparar el Íbex 35 con la situación en otros países. ¿Hay casos similares al español?

Se suele decir que la relación entre el poder político y económico que tiene España, sobre todo muy vinculado a la alta administración, es algo que se señala poco. Las grandes empresas españolas no solamente tienen relación en lo político con los partidos, sino también con la alta administración del Estado. Es muy frecuente que se fichen abogados del Estado, economistas del Estado, y ciertos cuerpos especializados que les garantizan que haya un canal de comunicación muy directo con la estructura de la administración. Esto es algo que existe también en Corea del Sur o en Brasil, por ejemplo, la diferencia es que en estos países esta relación no impide que pasen por los juzgados incluso la presidenta, en el caso de Corea del Sur, y que tenga que dimitir por este tipo de casos. En España tenemos una elevada impunidad y pocas consecuencias respecto a estas relaciones incestuosas.

Por otro lado, habría que ver otro asunto. En el caso de Corea del Sur, las relaciones entre el Estado y las empresas han sido estudiadas por algunos economistas como muy positivas, en términos de rentabilidad para la población, así que habría que ver si esta relación entre esas empresas y las élites políticas son igualmente rentables en España.

La caída de las cajas de ahorro provocó un desequilibrio en las relaciones entre las empresas del Íbex y el poder político. | Imagen: Europa Press.
La caída de las cajas de ahorro provocó un desequilibrio en las relaciones entre las empresas del Íbex y el poder político. | Imagen: Europa Press.

 

En España se da también la peculiaridad de que la corrupción no se castiga en las urnas…

Claro, por eso te comentaba que a mí me parecía más importante esta segunda parte, porque estas empresas, si gozan de impunidad y si pueden tener ese ámbito de influencia tan enorme es por esa baja vigilancia que tienen. En el caso de Corea del Sur se han puesto de relevancia esas relaciones entre el poder político -sobre todo la presidenta- y Samsung y ha tenido consecuencias. En el caso de España tenemos empresas que ya han salido en diversos procesos como empresas vinculadas a los políticos y que han financiado a determinados partidos y no ha habido ninguna clase de consecuencia.

Quizás los medios de comunicación tienen un papel importante en esta situación… A parte de que se trata poco el asunto, se desinforma mucho, se enreda mucho con cuestiones que están más en el campo de la opinión que de los hechos…

Claro, muy poco queda de qué ha significado para OHL o para ACS que hayan gobernado determinados personajes o determinados partidos en comunidades o incluso en el Estado. Y sin embargo, estamos continuamente viendo cómo aparecen en televisión otras cuestiones como puede ser el detalle sobre la financiación de Podemos o casos como el de Monedero, o incluso en el caso del PP, sabemos mucho o bastante de tramas que afectan a lo político, pero en cuanto abarca a empresas del Íbex se cierra ese canal de información, ya no se informa en igual cantidad.

También tiene relación con la propia imbricación que tienen los medios de comunicación con el propio Íbex. Atresmedia o Mediaset, que son conglomerados de medios de comunicación, han recibido una multa este año por parte de la CNMC [Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia], que ha señalado que no cumplen aquellos acuerdos que favorecen que haya una mayor competencia. Son sectores altamente concentrados.

Tampoco ocurre con los medios públicos. A menudo se señala el problema de la propiedad de los medios privados, pero los públicos tampoco atienden a esa obligación de servicio público que deberían tener…

En el caso de TVE, que es el caso más relevante, sí, es así, no tiene esa capacidad para abordar ese gran problema. Pero si no la tienen los privados, que tienen una mayor independencia del poder político, en este caso, que ya hay una larga tradición de control sobre los medios públicos por parte del PP y también por el PSOE pero en menor medida, lo que tenemos es una continuidad de esa política de desinformación en este cambio. Pero no es un problema solamente de los medios de comunicación, es un problema también social, que también se refleja en la propia audiencia.

En la demanda que hay por parte de la sociedad de este tipo de información…

Claro, es un círculo vicioso que habría que romper y yo creo que este es el momento. Yo creo que siendo positivos, no solamente por mi libro, creo que también se está demostrando por la influencia que están teniendo pequeños medios de comunicación ahora, por ejemplo el medio en el que yo escribo, Contexto, que empezó como un medio pequeño pero a medida que fue entrando en determinados temas como el Íbex ha ido encontrando más y más audiencia. Le ha sucedido a Público y le sucede a otros medios, que están viendo cómo hay una población cada vez más interesadas en informarse. Con lo cual, no todo es negro. También coincide con la incapacidad de las élites de controlarlo todo, por lo que se va a empezar a demandar más información y a apuntar más fuera del campo político y más hacia estas empresas.

Tu análisis ha sido muy bien recibido por Podemos. ¿Crees que un partido como este, con la campaña mediática tan brutal que tiene en contra, puede llegar a desmontar este entramado?

Bueno, lo más importante, si partimos del diagnóstico por el cual no solamente son las medidas sino también es la atención que le podamos dedicar a estas grandes empresas y a cómo se han formado y cómo ha repercutido esto en la sociedad, Podemos está realizando una labor que no se había hecho hasta ahora por parte de ningún partido. Sí es cierto que UPyD, en algún caso, o IU lo habían hecho, pero ningún gran partido con esa representación le había prestado tanta atención. Muchos medios están tratando de devaluar ese mensaje a partir del concepto utilizado, la trama, diciendo que no va a cuajar, que es un concepto que no sirve, pero de lo que no hablan es de lo que habla el concepto, es decir, esa relación entre grandes empresarios y política, esa relación incestuosa. Y yo creo que ese mensaje sí que puede encontrar un lugar en la población, que tiene una cierta recepción y que ya la ha tenido por la propia emergencia de Podemos y yo creo que va a tener continuidad en la propia política del partido, que ha optado por confrontar estos grandes poderes económicos como variable fundamental para cambiar.

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Los tres de… Rubén Juste

Tres películas: Pues ya que estamos en esta línea de interpretación sobre la historia, el presente y el futuro, diría La escopeta nacional, de Luis García Berlanga, La piel quemada, dirigida por Josep María Forn y El lobo de Wall Street, dirigida por Martin Scorsese.

Tres libros: Crimen y castigo, de Fiodor Dostoyevski, fundamental para entender este miedo de los que cometen un crimen y no pueden ocultarlo, Papá Goriot, de Honoré de Balzac y La tía Tula, de Benito Pérez Galdós, muy bonito para interpretar el momento actual.

Tres referentes: Julio Anguita, me parece fundamental. Fue de de los primeros en cuestionar el programa europeo sobre el cual se asentaba la incorporación de España, y el Tratado de Maastricht; Nico Poulantzas, un filósofo griego nacionalizado francés, que a mí me sirvió mucho, y por último, si tuviera que poner a alguien, y no es por hacer la pelota, sí pondría a Pablo Iglesias, por el valor que tiene a la hora de señalar a determinados poderes, no tanto por su persona sino por la valentía que ha demostrado.

Tres programas de televisión: El intermedio, que utiliza un poco el humor, como a mí me gusta, para tratar algunos temas; y si puede ser ficción, pues diría Orange is the new black, sobre el tema carcelero, que está muy bien y Boardwalk Empire, una serie protagonizada por Steve Buscemi que trata un poco sobre las tramas de corrupción y quasimafiosa de los EE UU en los años 20, es muy interesante.

Tres momentos históricos: La caída del muro de Berlín, los Juegos Olímpicos de 1992 y, ya que me pongo tan español, la firma del Memorando de Entendimiento que puso fin a las cajas de ahorro en 2012.

Tres lugares para visitar: Toledo, que es mi ciudad; Paraguay, un lugar en el que he vivido durante dos años, un país precioso muy olvidado y Quito (Ecuador), donde también he vivido y me parece una ciudad maravillosa. Latinoamérica tiene unos lugares fantásticos.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto del encabezamiento es de Manolo Finish-Ctxt.es.

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