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Orgullo de grifo

Las grandes ciudades europeas lanzan campañas a favor del agua del grifo como una opción ecológica, sana y hasta 1.000 veces más barata que la embotellada.

Por Ricardo Gamaza

Sandra acaba de sentarse en el restaurante con su marido y su hija y el camarero les toma nota de lo que quieren tomar para beber. "Agua", responde. "¿Una botella grande, para los tres?”. Al instante reaparece en la mesa com una botella de agua mineral. Su precio es cercano a los dos euros. Ni el camarero ni los comensales se plantean pedir agua del grifo, que la inmensa mayoría de los establecimientos dispensan de manera gratuita, ya que el litro de agua municipal ronda los 0,001 euros. Pero no es una cuestión económica, sino de estatus social: Pedir agua del grifo "está mal visto".

Las campañas de marketing de las grandes compañías envasadoras, que son las que controlan este mercado, se han encargado de hacer creer a la ciudadanía que el agua mineral embotellada es más sana.

Sin embargo, esa afirmación es mentira. Para empezar los envases plásticos contienen en su mayoría Bisfenol A, un producto que se asocia a graves enfermedades y que en España está prohibido para la fabricación de biberones. Un estudio llevado a cabo por el Colegio Norteamericano de Medicina Deportiva reveló hace unos años que el 25 por ciento del agua embotellada que se comercializaba procedía de la red pública y que las empresas simplemente la filtraban y la embotellaban. Ese mismo estudio daba datos comprometedores para el agua envasada: de las 1.000 marcas analizadas, 103 contenían sustancias químicas artificiales.

En el caso del agua del grifo, el único producto que puede contener que no es sano es el cloro, pero un filtro elimina ese compuesto, además de que hay muchas empresas de agua pública -caso de Emacsa, la empresa de aguas municipales de Córdoba- que han eliminado la adición del cloro de sus tratamientos de depuración.

Anuncios idílicos

Muchos anuncios televisivos usan el reclamo natural, con imágenes idílicas de estadios naturales, para hacer pensar al consumidor que lo natural y ecológico es el agua embotellada, esa que, según los publicistas, tiene más propiedades saludables. Otra mentira. La gran paradoja de los anuncios que muestran un agua embotellada asociada a valores naturales es que cuando el consumidor adquiere una botella de agua está colaborando en la contaminación del planeta, ya que para su producción se requiere la quema de combustibles fósiles (tanto para la producción de los envases como para el transporte de los mismos), pero también está sumándose a la millonaria cantidad de toneladas de envases plásticos que se generan una vez consumida esa agua.

La Asociación Española de Operadores de Agua Pública (AEOPAS), que aglutina a las empresas municipales gestoras del agua en diferentes ciudades y municipios españoles, sostiene que la opción ecológica y saludable para el consumo en el agua del grifo. La calidad del agua viene establecida por una directiva europea de obligado cumplimiento desde hace años, la Directiva Marco de Aguas. Si bien es verdad que en algunos municipios y ciudades el agua del grifo apenas cumple las condiciones de salubridad mínimas, en la mayoría el agua del grifo es de igual o mejor sabor y calidad que la embotellada.

Como desde Aeopas detectaron que la motivación del consumidor para gastar su dinero sin rechistar en adquirir un agua embotellada respondía a una cuestión de marketing, decidieron jugar con las mismas reglas del juego.

El escenario de pruebas ha sido Córdoba. "El agua de grifo en la ciudad de Córdoba tiene una excelente calidad por el continuo y exhaustivo control de todos sus parámetros”, explican en la campaña "Córdoba: Agua del Grifo como fuente de vida". Se trata de una campaña que tiene sus precedentes internacionales en ciudades como Praga (República Checa), París (Francia) Miami, Nueva York o San Francisco, en Estados Unidos, Melbourne (Australia), Quebec (Canadá) o Ginebra (Suiza), entre otras

En ellas, sus ayuntamientos han creado miles de botellas para rellenar con agua de grifo, que además han permitido emprender proyectos de cooperación en Nepal, Camerún y Kenia. En París, uno de los lugares más a la vanguardia de esta corriente, cuentan con envases diseñados por Pierre Cardin y se han convertido en un recuerdo más para turistas. En estas ciudades, gracias al diseño y al packaging han logrado que el agua del grifo se convierta en un producto con reconocimiento social.

La campaña sigue el modelo de otras grandes capitales europeas y tiene tres ejes centrales según la alcaldesa de Córboba y presidenta de Emacsa, Isabel Ambrosio Palos. "El primero y básico es que en los espacios públicos municipales se consuma el agua que es de todos y todas: el agua de la empresa pública de agua". Así que la campaña empieza en la casa consistorial: en las sesiones plenarias y en los actos oficiales del Ayuntamiento de Córdoba ya sólo se bebe agua del grifo.

La ciudadanía

El segundo eje es la ciudadanía. Se están distribuyendo entre establecimientos de restauración y hostelería, edificios de la administración con peso representativo reseñable y directamente entre la población unas botellas de cristal para que asocien el agua a la salud y para fomentar el consumo responsable de un elemento natural escaso y valioso.

Para ello se ha realizado un diseño exclusivo del diseñador cordobés Jorge Chastang Roldán que dé ese marchamo de calidad a un producto que ha sido denostado históricamente. Se trata de una imagen original y de calidad del envase que sigue el camino que ya han marcado otros productos embotellados, como aceites, vinos, bebidas espirituosas... Y, además, ha sido fruto de un proceso participativo -de entre 134 propuestas- en el que un jurado de expertas, empresarias y ONGs han seleccionado al ganador del diseño.

"Hemos contado con el apoyo de muchos hosteleros que voluntariamente van a difundir esta campaña ya que han considerado dentro de su política de responsabilidad corporativa", explican desde Aeopas. Debido a la calidad del agua de la ciudad de Córdoba, ya eran muchos los bares y restaurantes que ya ofrecían este servicio, como explica Raquel Pascual, del restaurante cordobés Amaltea: "Realmente nosotros ofrecíamos agua del grifo desde siempre porque nuestro negocio no es vender agua, sino ofrecer una experiencia culinaria. Además nos soluciona el problema de tener que destinar un espacio de almacenaje para los envases".

Ahora, con las nuevas botellas, lo que se hace desde la empresa pública de aguas Emacsa y el Ayuntamiento de Córdoba es darle un marchamo de "orgullo e identidad" al agua de grifo que se sirve.

Mientras, en el Parlamento andaluz ya se está trabajando en la elaboración de una nueva normativa que obligaría a los restaurantes y establecimientos de restauración a dar de manera gratuita agua del grifo a quien lo solicite. Se trata de una Ley que se tramitará en primavera y que supone un paso más en la consideración del agua como un derecho humano básico y no un negocio.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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