Bio

La eclosión del bio

Cada vez son más los consumidores apuestan por productos ecológicos. Aunque el sector está en uno de sus momentos más dulces, sigue sufriendo las zancadillas de la industria convencional.

Por Ricardo Gamaza

España es líder mundial de producción de productos orgánicos -los comúmente llamados productos bio o ecológicos- y también ha entrado en el top ten del consumo ecológico. En el territorio nacional hay ya casi dos millones de hectáreas de superficie dedicadas a los cultivos ecológicos, siendo Andalucía la comunidad autónoma que lidera esta producción y, en la actualidad, la región europea que más produce.

En lo que respecta al consumo, el barómetro del consumo de productos ecológicos en España revela que cada vez son más las personas que apuestan por lo bio: algo más de 18,3 millones de hogares compran algún producto ecológico, según el último estudio encargado por la Subdirección General de Calidad Diferenciada y Agricultura Ecológica del Ministerio.

Dicho informe especifica que el consumo de productos ecológicos en España ronda ya los 1.500 millones de euros, lo cual supone un incremento anual del 24,5 por ciento cada año, y que el gasto per cápita en productos ecológicos alcanza ya los 32,3 euros por habitante y año.

Esta cantidad, aunque pueda no parecer significativa, tiene que compararse con la evolución de las compras de alimentos de productos convencionales, que en el periodo 2011-2015 se ha reducido ligeramente (-2,1 por ciento) frente al incremento exponencial de los productos convencionales (que crecieron en ese periodo en un 56,6 por ciento).

Pero esta eclosión del mercado bio no ha sido casual. Hace 25 años, el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE), se encargaba de la certificación de qué era ecológico y qué no. Por aquellos años, las grandes compañías de alimentación habían atisbado el filón comercial de mostrar en sus etiquetas que sus productos eran los más naturales (aunque no lo fuesen).

Fue necesario denunciar en Bruselas ese engaño a los consumidores, para que la Comisión Europea obligase a España a regular esa situación impidiendo que una etiqueta pusiera que es ecológico o bio un producto que no lo es.

En paralelo, la cruda competencia del sector convencional, ese que usa pesticidas y a veces hasta productos transgénicos para lograr una producción masiva de alimentos a bajo coste, impedían el avance de una producción ecológica alejada de las sustancias tóxicas que no podía tirar los precios como las grandes industrias.

De fondo no está sólo una manera de comer más saludable, sino también una apuesta social por los pequeños productores, que resistían como la aldea gala de Asterix y Obelix ante una invasión de la industria alimentaria. Con los pequeños productores se mantenían también las últimas semillas autóctonas, los productos de siempre de esas tierras. Un reducto de biodiversidad agraria imprescindible para degustar sabores que la industria estaba desechando por cuestiones de durabilidad y almacenamiento.

Ahora lo bio está de moda. Dicen sus promotores que, tras 25 años de travesía por el desierto, es una moda que ha venido para quedarse. Que es el futuro de la alimentación y del consumo. Y el crecimiento del consumo bio es imparable, como se acredita en la principal feria del sector, BioCultura, que se celebra en varias ciudades españolas y no para de crecer.

BioCultura

En el Palau Sant Jordi, BioCultura va ya por su 24 edición. "Este año, para albergar la máxima cantidad posible de espacio expositivo dentro del recinto, se habilitarán más carpas en espacios exteriores y se organizará todo de una manera diferente a como ha sido habitual en los últimos años", explican sus organizadores, que apuntan que "al poco de abrirse la convocatoria, estaba ya todo el espacio expositivo adjudicado y la lista de espera de empresas que quieren acceder es larguísima".

Y eso teniendo en cuenta que en esta edición la feria vuelve a crecer en espacio un 10%. En opinión de Ángeles Parra, directora de la feria, "esto muestra el gran momento por el que está pasando el sector ecológico". La feria reúne este año a más de 700 expositores y se prevé que la visiten alrededor de 70.000 personas.

El interés ciudadano en la producción ecológica ha trascendido más allá de la alimentación, que fue en un primer momento el motor del cambio en la manera de comer, de producir y de respetar el planeta. Ahora el consumidor busca productos bio en todos sus artículos de consumo y hasta en la banca, con el nacimiento y expansión de las bancas éticas, que dedican beneficios a proyectos ecológicos y solidarios.

BioCultura es una muestra de ese sector bio multidisciplinar: estands dedicados a movilidad, energía,comercio justo, cosmética ecológica certificada, moda sostenible, terapias o artesanías.

En pleno auge del sector, lo ecológico sigue teniendo detractores y obstáculos para seguir creciendo. Desde el sector científico, hay una corriente que trata de desprestigiar lo ecológico en pro de la industria alimentaria.

Inmersos en los círculos de poder económico de las grandes industrias que pagan a través de estudios millonarios estas campañas de desprestigio, se aboga por impedir en lo posible el etiquetado de los transgénicos (establecido actualmente por ley) o se proclaman las virtudes de los organismos modificados genéticamente frente a los producidos libres de pesticidas o manipulación genética.

Desde el punto de vista comercial y de promoción, el sector bio también sufren zancadillas. La directora de BioCultura apunta que en la principal feria, la de Barcelona, "el Palau Sant Jordi se nos está quedando pequeño, y aunque emos intentado cambiarnos a Fira de Barcelona, un contrato de una empresa en particularimpide nuestra entrada y está ocasionando que toda la industria alimentaria ecológica catalana esté en este momento paralizada en ese aspecto".

Así, en Cataluña, donde el sector ecológico es más potente, no hay espacio para crecer: "A estas alturas, con todo lo que está cayendo, y con la firme necesidad que tiene el país y el planeta de apostar por la regeneración, no entendemos por qué una empresa puede tener tanto poder para paralizar el crecimiento de una feria que reúne a todo un sector, uno de los sectores más vivos, dinámicos y con más futuro de nuestra economía", señala Ángeles Parra.

Mientras, el sector se muestra en todo su esplendor. Aumentan los establecimientos especializados y las grandes superficies no quieren dejar pasar este tren, como apunta Parra: "La gran distribución ha entrado en el sector. A nosotros nos parece bien que el alimento ecológico llegue al mayor número de hogares. Ahora bien, queremos que no se pierda la esencia de nuestro sector y creemos que el comercio ‘bio’ tiene que ir acompañado de ética y justicia social".

"Desde el principio, nosotros hemos apoyado a los pequeños productores, a las empresas familiares y no va a dejar de ser así", recalca la directora de BioCultura ante el temor de que la entrada de las grades superficies al sector ecológico se produzca como un elefante en una cacharrería, con las formas y maneras de la industria tradicional alimentaria, porque el sector ecológico es mucho más que una forma de alimentarse, es una manera de ver el mundo.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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