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Cañones o mantequilla

La defensa europea es necesaria, pero debe ser coordinada a escala de la Unión Europea, con independencia de las peticiones que Trump ha hecho a la OTAN.

Por Carlos Puente Martín

Desde que Donald Trump llegó a la presidencia de los Estados Unidos ha lanzado algunas advertencias y órdenes para que los países socios, más bien cipayos del Imperio, pongan en funcionamiento. Tras considerar a la OTAN obsoleta, no ha dudado en recriminar a los europeos su "bajo" presupuesto en Defensa. De entrada, Trump pretende elevar el gasto militar en EE UU casi un 10% para el próximo año, es decir más de 50.000 millones de euros. Esto significa el mayor aumento en el presupuesto del Pentágono (Departamento de Defensa) desde los atentados en las Torres Gemelas, que deberá ser compensado con recortes en otros sectores de la economía estadounidense. Y este es el modelo que Trump quiere transmitir a sus socios europeos.

El presidente estadounidense quiere que los países europeos de la OTAN asuman una mayor participación en la "defensa del continente", aumentando el gasto militar en más de un 50%. En la reunión de la OTAN en 2014, que tuvo lugar en la ciudad galesa de Newport, se acordó aumentar el presupuesto de los miembros de la Alianza Atlántica en un 2% del PIB para 2024, lo que está en línea con los deseos de la Administración Trump. Pero todo tiene una explicación, pues EE UU es el mayor exportador mundial de armas y su propio presupuesto de Defensa alcanzan los 600.000 millones de dólares. En la reciente gira del presidente estadounidense por Oriente Próximo ya ha firmado contratos de ventas de armas por unos 330.000 millones de dólares. Estas cifras astronómicas son la savia de la economía de EE UU: la industria militar-industrial es la que decide los designios políticos y la política exterior de dicho país. España destina el 0,90% de sus PIB a gastos de defensa.

España y muchos países europeos, miembros de la OTAN, han sufrido importantes recortes económicos y sociales que han afectado a los servicios esenciales. La aplicación de la doctrina Trump en defensa supondría mayores limitaciones en la calidad de vida de los ciudadanos, que son todos consumidores y usuarios. El profesor y Premio Nobel Paul A. Samuelson, en su Curso de Economía moderna alude en sus primeras páginas a "la famosa dualidad hitleriana formada por 'cañones y mantequilla', que ha sido vulgarmente empleada para ilustrar el problema de la elección entre la producción civil y la militar". Pues ésta es la situación a la que se enfrentan los países europeos si sustituimos producción por gasto.

 La OTAN ha quedado obsoleta tras el final de la Guerra Fría y no es admisible imaginar enemigos para mantener una organización al servicio de EE UU. | Imagen: Wikipedia.
La OTAN ha quedado obsoleta tras el final de la Guerra Fría y no es admisible imaginar enemigos para mantener una organización al servicio de EE UU. | Imagen: Wikipedia.

 

El actual secretario general de la OTAN, el noruego Jan Stoltenerg, se ha comprometido con el presidente estadounidense para complacerle sin pensar en el perjuicio que un aumento significativo en los gastos de Defensa supondría para la calidad de vida de la ciudadanía, que tendrían que conocer las retribuciones y prebendas de estos altos funcionarios al servicio de Washington. La defensa europea es necesaria, pero debe ser coordinada a escala de la Unión Europea, con independencia de cualquier alianza. La OTAN, como dice Trump, ha quedado obsoleta tras el final de la Guerra Fría y no es admisible imaginar enemigos para mantener una organización al servicio de la súper potencia norteamericana. La UE debe tener su propia estructura de defensa, autónoma de EE UU, Rusia, China o cualquier otro bloque, y no contribuir al sostenimiento de la economía de guerra de Washington.

En los Presupuestos Generales del Estado para 2017 presentados por Mariano Rajoy, el gasto en Defensa aumenta un 32%, es decir 7.635 millones de euros, aunque parte de este incremento se debe a la reformulación de los gastos militares. No obstante, hay que subrayar que el gasto en Sanidad sólo aumenta un 8% y en la Administración de Justica un 7,7%. Y otros gastos sociales en beneficio de la ciudadanía también se ven afectados. Es lo que decía al principio: cañones o mantequilla.

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Carlos Puente Martín es economista, abogado y miembro de la Junta Directiva de FACUA.

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