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Cuatro productos antiecológicos que deberías sacar de la cesta de la compra

Lo que consumimos tiene una incidencia directa sobre el medio ambiente, pero también sobre nuestra calidad de vida y nuestra salud. Deberías dejar de comprar estos artículos para hacer un consumo responsable.

Por Ricardo Gamaza

1. El aceite de palma

Se ha hecho famoso después de que varios supermercados hayan decidido retirarlo de sus productos de marca blanca, pero es un ingrediente que sigue estando en la composición de muchos de los alimentos que consumimos, incluso en algunos que están certificados como ecológicos.

Las razones por las que deberías eliminar cualquier producto que tenga aceite de palma entre sus ingredientes es tienen que ver en primer lugar con tu salud: es un aceite muy rico en grasas saturadas. Pero también porque si quieres tener un consumo responsable debes vetar aquellos productos que estén ligados a conflictos sociales. En este sentido, organizaciones ecologistas como Greenpeace han denunciado que se emplea mano de obra infantil en sus plantaciones.

Desde el punto de vista ambiental, la expansión del cultivo de palma es la principal causa de deforestación en países como Indonesia. Y no solo desaparecen grandes extensiones de selva, también los hábitats de especies tan singulares como el tigre de Sumatra o el orangután.

Detrás de la demanda internacional de aceite de palma está el sector de los mal llamados biocarburantes (el 50% de las importaciones de la Unión Europea) así como grandes y conocidas marcas del mundo de la alimentación (desde sopas a chocolates, pasando por bollería y conservas) y la cosmética (champús, jabones, detergentes). Greenpeace ha liderado durante los últimos años campañas de denuncia contra grandes multinacionales como Unilever, Nestlé, Procter & Gamble, Colgate-Palmolive, Johnson & Johnson y Pepsico, y han logrado que varias marcas importantes asuman políticas de deforestación cero que excluyan de su cadena de suministro a las empresas que destruyen la selva, indica la propia organización.

El caso más reciente es el del banco británico HSBC, que tras una campaña de Greenpeace se comprometió a dejar de financiar la destrucción de los bosques de Indonesia. "Pero quedan otros, como Deutsche Bank, BNP Paribas o Bank of America que todavía prestan dinero a las compañías de aceite de palma que siguen expandiendo este cultivo a costa de la selva tropical", explican desde Greenpeace.

La mejor alternativa a este aceite en la cesta de la compra es, por supuesto, el aceite de oliva y preferiblemente el aceite de oliva virgen extra y ecológico.

2. El panga

Países como Francia o Bélgica dejaron e comercializar hace años el panga, y la cadena Carrefour lo sacó de sus supermercados españoles este año. Este pescado, sobre el que el Ministerio de Sanidad descarta que haya cualquier alerta sanitaria, se produce fuera de los controles de producción a los que obliga la normativa europea, ya que el 90% de los filetes de Pangasius hypophthalmus (nombre científico) proceden de Vietnam. En este país se cría el pescado utilizando sistemas poco sostenibles, que implican el uso desmesurado de agua y energía, una fuerte contaminación y la emisión de gases de efecto invernadero.

Pese a lo que asegura el Ministerio, hay análisis que han detectado restos de pesticidas, concretamente trifluralina y trazas de mercurio en filetes de panga, que si bien no superan las cantidades legalmente establecidas para impedir su comercialización, al ser el mercurio de un contaminante acumulativo en el organismo, su consumo continuado podría acarrear graves problemas de salud.

Para Greenpeace, el impacto ambiental de la cría intensiva del panga es inadmisible: es el causante de la destrucción de un hábitat muy sensible y esencial para la vida como es el manglar, donde se construyen las jaulas para esta acuicultura, que según esta organización ecologista produce una contaminación ambiental por el uso de químicos y medicamentos.

La alternativa del consumidor responsable al panga es comer pescado sostenible. Para ello hay que saber qué especies son las recomendadas para no apoyar su declive, el sitio donde se pesca y las artes de pesca usadas. Algo que puede parecer muy complicado pero que la organización ecologista WWF ha hecho sencillo gracias a una aplicación para dispositivos móviles gratuita y una web para que el consumidor identifique fácilmente qué pescado debe comprar de manera responsable y ecológica.

3. Agua embotellada

El agua envasada se ha convertido en uno de los grandes negocios para apenas seis empresas que concentran y acaparan este mercado. Aunque sus campañas publicitarias muestran una relación directa con lo natural y lo ecológico, lo cierto es que la producción de este artículo que se puede consumir en la mayoría de las ciudades a un precio mil veces inferior a través de la red de abastecimiento público, es decir: el grifo de los hogares y locales públicos, lleva consigo la emisión de dióxido de carbono por dos vías: la producción de envases en la industria y el que se emite a la atmósfera a causa del transporte necesario tanto para su distribución como para su retirada.

No existen datos oficiales sobre los millones de toneladas de basura plástica que genera esta forma de consumir agua, aunque se trata de una tendencia al alza según informes como el realizado por la Universidad de Murcia (Las aguas de consumo en España), que indica que desde la década de los 80 del pasado siglo el consumo de agua envasada no ha parado de crecer.

El material con el que se fabrica la mayoría de estas botellas de agua es el polietileno tereftalato, conocido por sus siglas en inglés: PET, que se obtiene a partir de hidrocarburos. Aunque su uso está aprobado para productos que deban estar en contacto con alimentos, como es el caso del agua, el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, tras analizar en el laboratorio la actividad hormonal de 29 muestras de agua embotellada comercializada en España como agua mineral natural y procedente de diferentes manantiales naturales, reveló que todas las muestras de agua tienen acción hormonal. En el estudio científico, 26 de las 29 botellas eran de PET -un porcentaje equivalente a lo que encontramos en el mercado, donde el 80% de las botellas de agua son de este material-. En muchos estudios se ha detectado que las botellas de PET contienen ftalatos, que están demostrados que son disrruptores endocrinos, así como antimonio, sustancias contaminantes ambas que pueden migrar al agua. Por eso se aconseja no reutilizar las botellas de agua ni dejarlas al sol, ya que el tiempo y la radiación son factores que ayudan a su liberación en el agua.

4. Aerosoles

Muchos de los productos en espray que encontramos en los comercios y supermercados son en realidad aerosoles. Cada vez que pulsamos y pulverizamos estos botes estamos participando en fenómenos atmosféricos como el smog -la neblina negra que se produce en algunas ciudades por la mezcla de contaminación del aire y niebla-, dado que emitimos uno de los contaminantes más dañinos para el aire. De hecho, algunos estudios apuntan a que, aunque a corto plazo no se han observado efectos directos sobre la salud de las personas, a largo plazo podrían ser causantes de enfermedades pulmonares.

La alternativa son los pulverizadores que no contienen gas licuado.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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