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Carta abierta al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker

La falsa tradición de la histórica amistad entre EEUU y Europa ha llegado hasta nuestros días y La Comisión no duda en aprobar acuerdos que indirectamente benefician a las grandes corporaciones norteamericanas.

Por Carlos Puente Martín

Señor Presidente:

El día 4 de julio, durante el Plenario del Parlamento Europeo en Estrasburgo usted criticó duramente la ausencia de la mayoría de los Eurodiputados en la Eurocámara, cuando estaba acompañado por el Primer ministro de Malta, Joseph Muscat. Con justificada ira lamentó la sola presencia de una treintena de Eurodiputados: "El Parlamento Europeo es ridículo, muy ridículo"... "Si el señor Muscat fuera Angela Merkel o el señor Macron, esto no hubiera sucedido". Estas explosivas declaraciones, que han llenado las páginas de los periódicos, demuestran que aun hay un líder en las Instituciones europeas que ha entendido las causas de la crisis de la Unión Europea.

La ciudadanía espera de sus representantes que cumplan con su trabajo, que hagan honor al mandato que les otorgara en las urnas y que defiendan los intereses de los europeos. Muchas veces, aunque los escaños de la Eurocámara estuvieran llenos, esa defensa de los interese europeos no ha sido evidente. Si la anécdota que tuvo lugar con un país pequeño como Malta levantó la indignación del presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, no sucede lo mismo cuando se trata de velar por los intereses de los consumidores, ciudadanos al fin y al cabo, frente a las grandes potencias como Estados Unidos, a quien se rinde pleitesía mediante acuerdos comerciales ventajosos para la Unión Americana.

La falsa tradición de la histórica amistad entre Estados Unidos y Europa ha llegado hasta nuestros días y las Instituciones Europeas, principalmente la Comisión, no dudan en aprobar acuerdos que indirectamente benefician a las grandes corporaciones del gigante norteamericano. La aprobación del Acuerdo económico y comercial global (CETA) con Canadá, no sólo beneficia a los operadores económicos, comerciales y servicios canadienses sino que es la puerta trasera para que EEUU goce de los mismos beneficios en la Unión Europea, después de que Donald Trump diera plantón a la UE en el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP). Esa misma Eurocámara que usted ha criticado, no dudó en aprobar en el mes de febrero el CETA con 408 votos favorables y 254 en contra, además de 33 abstenciones. ¿Cómo es posible que un acuerdo global de esta magnitud, el primero que firma la Unión Europea, con un texto de 1.079 páginas, con un sinfín de anexos, protocolos, declaraciones y exclusiones, que ni siquiera dispone de un índice inicial de materias, haya sido aprobado por los Eurodiputados?

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial EEUU ha impulsado una política de latinoamericanización del continente europeo. La alianza militaro-empresarial norteamericana en Europa ha dado sus frutos pues ha logrado convencer a los europeos de la necesidad de la protección de EEUU a través de los organismos económicos y de la organización militar del Atlántico Norte (OTAN) y, también, en el grupo de países más industrializados del mundo (G-7). El nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, se ha atrevido incluso a regañar a los socios europeos para que aumenten la financiación de la OTAN hasta el 2 % del PIB y "asuman su propia defensa", declarando que "todos los países se han aprovechado de EEUU". Habría que preguntar al señor Trump cuándo EEUU dejará de aprovecharse del resto del mundo. Esta falsa protección de la superpotencia norteamericana oculta sus verdaderas intenciones económicas y comerciales en la UE.

El día 3 de agosto, Martín Schulz, candidato a las elecciones a la Cancillería de Alemania, declaró que "Trump es un peligro para EEUU y para el mundo". El peligro no solamente viene del presidente norteamericano, sino de las corporaciones de ese país que no respetan las leyes de la Unión y violan frecuentemente e impunemente los derechos de los consumidores europeos. Las multimillonarias sanciones impuestas por la Comisión Europea a algunas de las corporaciones norteamericanas, entre ellas a Microsoft y Google, no han cambiado la situación pues existen otras empresas que aun no han sido detectadas en su felonía de conculcar los derechos de los ciudadanos de la UE. La actitud de la compañía Skype, adquirida por la multinacional norteamericana Microsoft, trata a sus clientes europeos como vasallos y vulnera los derechos de los consumidores, tratando de someterles a reglas internas incompatibles con los derechos más elementales.

El 28 de junio la Comisaria europea de la Competencia, la danesa Margrethe Vestager, alardeaba de haber impuesto a la firma Google la mayor multa de la historia por "abuso de posición dominante", con 2.424 millones de euros, de conformidad con el Derecho de la Competencia europeo. El 6 de marzo de 2013, la Comisión ya había impuesto otra macro sanción a la corporación Microsoft por 561 millones de euros por violación del artículo 102 del TFUE y en 2008 la misma corporación fue sancionada con 860 millones de euros por no respetar sus compromisos. Por su parte, Intel también fue multada con la suma de 1.060 millones de euros en 2009. La Comisión debe impulsar la inspección no solamente de la violación del Derecho de la competencia europeo sino que debe coordinar sus acciones con la política de defensa de los derechos de los consumidores, como previene el artículo 169 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Skype no puede tener privilegios y debe someterse a las leyes y cumplir sus propios compromisos. Las prácticas abusivas de Skype con multitud de reglas internas, automatizadas, sólo promueven el enriquecimiento torticero de la compañía, mediante un diálogo de sordos que colocan al cliente, al usuario de sus productos, ante la más flagrante indefensión.

El proyecto de construcción e integración europea actuó como un imán en los países del sur y este de Europa porque veían en él una garantía de derechos y libertades, de una democracia real y de una protección de los ciudadanos que se integraban en el proyecto. Lamentablemente no ha sido así y existen espurios intereses que son prioritarios. Una prueba más la tenemos en las recientes declaraciones del ministro de Hacienda francés, Bruno Le Maire, que el 7 de agosto declaró que "Europa debe aprender a defender sus intereses económicos mucho más firmemente: China lo hace, Estados Unidos lo hace". Pero se refiere a la persecución de las empresas norteamericanas, como Apple, Amazon, Google o Facebook, para que paguen sus impuestos en Europa igual que las europeas. Skype mantiene su sede en Luxemburgo y Apple fue sancionada con la devolución de 13.000 millones por beneficiarse del régimen fiscal de Irlanda. Pero la lista de empresas es mucho más larga. Sí, las corporaciones norteamericanas no pueden tener privilegios dependiendo del lugar de sus sede, pero los ciudadanos europeos queremos que también se protejan nuestros derechos y no sólo los del fisco, que ha sido convertido en una policía auxiliar de las fuerzas de seguridad, al servicio de los políticos que son los verdaderos defraudadores de la sociedad europea.

El Brexit será una oportunidad para la UE y la integración europea pues, con el abandono del "caballo de Troya americano", la Unión tendrá las manos más libres para proseguir en la integración política, económica y social del continente europeo. Además será más fácil defender a las empresas y a los ciudadanos europeos frente a los abusos de las corporaciones estadounidenses. Es necesario que los líderes de las Instituciones Europeas defiendan los derechos de ciudadanos y consumidores de la Unión. El día 2 de agosto, usted mismo, denunció que "EEUU no puede decidir nuevas sanciones contra Rusia sin el acuerdo de sus aliados". ¿Será la UE suficientemente fuerte para enfrentarse al coloso estadounidense que, utilizando tautologías como la seguridad, la defensa y la lucha contra el terrorismo, conculque los derechos que tanto ha costado conseguir a los europeos? Los derechos individuales no pueden ser negociables y deben ser las Instituciones de la UE las que los tutele de forma efectiva pues de lo contrario, la UE será sólo un proyecto sin futuro.

Madrid, 8 de agosto de 2017

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Carlos Puente Martín es economista, abogado, politólogo y miembro de la Junta Directiva de FACUA.

*La foto del encabezamiento es de Flickr.com/epp_group_official (CC BY-NC-ND 2.0).

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