Discurso del odio y libertad de expresión

Discurso del odio y libertad de expresión
Imagen: Lukasz Stefanski - 123RF.

Tras los trágicos eventos de Charlottesville, la actitud de algunas compañías en el entorno de la tecnología con respecto a la tolerancia frente al discurso del odio parece estar empezando a cambiar. En un breve espacio de tiempo, el registrador de dominios GoDaddy ha rescindido el registro de la página neo-nazi The Daily Stormer, que de manera inmediata la ha desplazado a Google Sites, para encontrarse con una nueva negativa de Google a hospedarla alegando la violación de sus términos de servicio, y con la cancelación del nuevo dominio. Tras esa segunda expulsión, la página ha decidido trasladar su domino a la dark web, con la promesa de volver más adelante.

Al tiempo, Facebook ha decidido eliminar todos los enlaces a un artículo publicado en la misma página en el que insultaban a la víctima del atropello de Charlottesville, Reddit ha cerrado foros en los que se hacía apología del odio y del nazismo, el sistema de mensajería instantánea para gamers Discord, aparentemente muy utilizado por este tipo de comunidades radicales, ha cerrado servidores y expulsado a usuarios que lo utilizaban para conversaciones para promover la ideología nazi, WordPress ha cerrado la página de un grupo neonazi vinculado con el asesino, y sitios de crowdfunding como GoFundMe o Kickstarter han cancelado campañas que pretendían recoger fondos para la defensa del autor del brutal atropello.

Las acciones de las compañías tecnológicas sugieren un importante cambio de actitud frente al discurso del odio y las ideologías radicales, con la aparente idea de eliminar este tipo de contenidos de las redes. Frente a este discurso, encontramos la actitud de plataformas como la American Civil Liberties Union (ACLU), que al tiempo que condenaba las demostraciones y la violencia de los supremacistas blancos en Charlottesville, dejaba claro también en un tweet y en una carta abierta el derecho de los radicales a manifestarse en virtud de la Primera Enmienda de la Constitución, en una actitud que llevó a la asociación a recibir fuertes críticas y acusaciones de ambivalencia.

La actitud de la ACLU, de Foreign Policy o de páginas como Techdirt, que afirman la necesidad de proteger la libertad de expresión incluso aunque lo que esté siendo expresado nos repugne, hacen referencia a los problemas que puede traer una actitud maximalista y de intento de eliminación del discurso del odio: en primer lugar, que esa eliminación conlleva que ese discurso pase a tener lugar en foros ocultos o más discretos como la dark web, y se radicalice más aún mientras una parte de la sociedad piensa falsamente que ha sido eliminado. Y en segundo, que la arbitrariedad al designar qué discursos deben ser excluidos termine generando ambigüedades o situaciones en las que lamentemos haber concedido esas "excepciones" a la Primera Enmienda, dando lugar a problemas más importantes que los que se pretendía originalmente resolver. Una posición de este tipo viene a solicitar que se refuercen los mecanismos con los que la sociedad ya cuenta para impedir las acciones de los radicales, pero sin impedir su libertad de expresión, marcando una separación entre discurso y acciones.

En otro plano se sitúa la idea de que, aunque exista libertad de expresión y una persona pueda decir lo que quiera aunque resulte molesto en virtud de la Primera Enmienda constitucional, eso no implica que lo que diga no vaya a tener consecuencias, y esa persona, por haber dicho algo posiblemente repugnante o que genere animadversión, no vaya a sufrir consecuencias como, por ejemplo, perder su trabajo, ser expulsado de una universidad o ser objeto de otro tipo de represalias, como discutíamos hace pocos días o como magistralmente plasma XKCD en una de sus viñetas.

Frente a estas actitudes que claman por defender el ejercicio de la libertad de expresión a toda costa, surgen otras actitudes que invocan al filósofo Karl Popper y su paradoja de la tolerancia, que afirma que si una sociedad es tolerante sin límites, su habilidad para ser tolerante será finalmente confiscada o destruida por los intolerantes, lo que implica que defender la tolerancia exija no tolerar lo intolerante.

¿Debe toda expresión estar permitida en la sociedad o en la red? Después de todo, un numero creciente de gobiernos persiguen y cierran los foros en la red del yihadismo radical por su carácter de exaltación del odio religioso, y pocos son los que se escandalizan por ello. ¿Qué tienen los neonazis o los supremacistas blancos que no tenga el yihadismo radical, aparte -desgraciadamente – de más simpatizantes en algunas sociedades occidentales? Décadas de prohibición de actitudes y memorabilia nazi en algunos países europeos no parecen haber conseguido gran cosa a la hora de hacer desaparecer ese tipo de ideologías. ¿Aciertan las compañías tecnológicas pasando a una actitud más beligerante de exclusión del discurso del odio? ¿Pueden unos simples términos de servicio competir con la Primera Enmienda? ¿Se trata de una respuesta, posiblemente peligrosa, a la falsa equidistancia y al discurso de "ellos contra nosotros" del presidente Trump? ¿Deben ponerse límites a la libertad de expresión en la red?

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Artículo publicado originalmente en enriquedans.com.

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