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Palestina, vivir es resistir

Con la división del territorio por la ONU en 1947, el 45% del territorio era para los palestinos. Hoy sólo queda el 11%, sin recursos hídricos, sin tierras para cultivar y con pésimas comunicaciones.

Por Jordi Castilla

Todavía bajo la impresión de una tierra y una sociedad que te abruma por el significado de cada uno de los detalles que los rodean, y apenado en lo más profundo de mi alma al ver las situaciones humanas que somos capaces de crear hacia otros seres humanos, es momento de hacer frente y condensar en unas pocas líneas una barbarie que a pesar de ser conocida, se ha normalizado hasta estar a punto de ignorarla.

El hecho de verla y vivirla in situ hace que la vergüenza como humano dé paso a la reflexión y de ésta, a la transmisión de un mensaje, que espero que a través de estas líneas sea capaz de reflejar y por tanto que cale de algún modo en aquella persona que decida dedicar un breve espacio de su tiempo a acercarse a la situación que viven los ciudadanos palestinos en la actualidad.

El punto de partida de este viaje es un programa de cooperación desarrollado por la ONG Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP), que decide trasladar a representantes de la Sociedad Civil Andaluza a los territorios de Israel y Palestina, para que conozcan de primera mano cómo se vive la realidad del conflicto en el día a día.

Por lo anterior, representantes de ámbito andaluz de Izquierda Unida, PSOE, Podemos, CCOO, UGT, FACUA, Enlace y Amecoop, pusimos rumbo a tierra santa bajo el paraguas de un programa que venimos a llamar en nuestras redes como 'Otras voces y caminos de paz'.

El viaje se iba a dividir en dos partes, una primera coordinada por la ONG israelí Ir Amin que nos mostraría la peculiaridad de Jerusalén y cómo el desarrollo de la ciudad obedece a estrategias específicas de ocupación del Estado de Israel.

La otra parte del viaje tendría como punto base la ciudad de Ramala, y nos moveríamos con distintas organizaciones y políticos que operan dentro del lado tutelado por la Autoridad. Cabe recordar que Palestina tiene dos grandes regiones, Cisjordania y Gaza. Por razones de seguridad sólo visitamos la primera de ellas, de la que forman parte ciudades como Ramala, Belén, Hebrón o Jericó entre otras.

En mi labor de representante de una asociación de consumidores, mi análisis, más allá del conflicto, que entendía que debía de ser cubierto por otros agentes, quería enfocarlo en el acceso a los suministros básicos y servicios públicos, observando como este aspecto incidía en el ciudadano dependiendo de su situación dentro del conflicto.

Una avenida en la ciudad de Jerusalén. | Imagen: Jordi Castilla.
Una avenida en la ciudad de Jerusalén. | Imagen: Jordi Castilla.

 

Jerusalén, ciudad para dos pueblos

Jerusalén es una amalgama de pequeñas sociedades que conviven prácticamente sin interactuar y que se escapa a una comprensión asimilable en tan sólo una semana.

En lo que al conflicto se refiere, Jerusalén es residencia de ciudadanos tanto israelíes como palestinos, diferenciándose socialmente entre Jerusalén Este y Oeste.

Esta diferenciación tiene origen en la línea verde que diferenciaba las fronteras entre el territorio israelí y el territorio controlado por Jordania, de acuerdo a la resolución 181 de la ONU de 1947. La administración jordana duró hasta 1967 cuando, en la Guerra de los seis días, fue conquistada por Israel y anexada al resto del municipio aunque dicha anexión no ha sido reconocida por ningún país del mundo y fue declarada una "violación del derecho internacional" por Naciones Unidas.

En la actualidad la línea verde no puede verse, pero es fácilmente apreciable, ya que la estructura y servicios públicos que se prestan en la parte este, están alejados de los recibidos por la parte oeste.

Los vecinos de Jerusalén (israelíes y palestinos) son residentes de la ciudad y pueden votar a su ayuntamiento aunque los palestinos no son ciudadanos israelíes por lo que no tienen derecho a voto en las elecciones generales. Este aspecto es importante ya que muchas de las cuestiones suscitadas en esta ciudad están condicionadas por políticas de carácter estatal. En la práctica, el ciudadano palestino no reconoce al Ayuntamiento de Jerusalén por lo que no participa en las elecciones.

Dentro de la propia Jerusalén, bajo el mismo ayuntamiento, ya se puede observar como el servicio público de limpieza entre una zona y otra es desproporcionada, la red de transporte está diferenciada existiendo por tanto una red que da servicio a la zona oeste, que dispone de autobuses con mayor frecuencia y más cómodos, en contra de los que pueden disfrutar los ciudadanos del este de la ciudad, que son más antiguos y con peores servicios.

Mercado en Jerusalén. | Imagen: Jordi Castilla.
Mercado en Jerusalén. | Imagen: Jordi Castilla.

 

En Jerusalén no hay diferenciación respecto al uso de agua o electricidad, aspecto que sí veremos que existe cuando salimos a los territorios que no están bajo control israelí.

El acceso a la salud no tiene restricciones. La educación salvo algún proyecto excepcional, que visitamos en nuestra delegación, está separada entre palestinos e Israelíes teniendo el gobierno control curricular de todas escuelas.

La planificación urbanística es clave en la ciudad, imposibilitando el crecimiento de la zona este. En estas zonas no se facilitan permisos de construcción de viviendas para palestinos, y desde el gobierno se fomenta la ocupación de casas por parte de judíos. La inversión pública y la prestación de servicios es mínima en los barrios del este.

El muro que viene a separar algunas partes dentro de la propia ciudad, si bien se construye por motivos de seguridad para separar barrios palestinos de barrios construidos para judíos en la zona este, tiene un trazado difícil de comprender, ya que ha llegado incluso a dejar fuera del mismo a dos barrios que pertenecen a Jerusalén, pero que no han querido ser asumidos. Estos espacios en los que tampoco puede operar la Autoridad Palestina están sin control administrativo alguno ni se le facilitan servicios públicos por ninguna de las administraciones.

En Jerusalén la ocupación del territorio se aprovecha con cualquier excusa, utilizando por tanto declaraciones de zonas verde o hallazgos arqueológicos para retirar y demoler viviendas palestinas y ocupar el espacio por el gobierno de Israel.

Hasta ahora, aunque ya se puede ver la discriminación, sólo hemos visto la parte bonita ya que estamos dentro de Jerusalén y al fin y al cabo todos son vecinos de este municipio.

Cisjordania: vivir es resistir

Cisjordania está bajo control de la Autoridad Palestina y en reuniones con ésta pudimos observar la paralización política, ya que los enfrentamientos entre los dos partidos mayoritarios de la zona, Hamas y Al Fatah, han supuesto que su gobierno no esté legitimado y que no se celebren elecciones desde 2006.

A pesar de lo anterior, representantes del 'gobierno' nos indicaban que intentaban mantener una situación de equilibrio de los derechos civiles y sociales en el territorio, dotando de una estructura administrativa que garantiza el acceso a derechos como la educación o la salud.

Para llegar al lado palestino, dentro de la zona de Cisjordania, tuvimos que pasar numerosos controles y el protagonismo del muro se acrecienta. En nuestro caso, para ir a Ramala, teníamos que pasar el muro, a uno de los barrios en los que no existía autoridad (ni israelí ni palestina) por lo que los servicios eran nulos.

El gobierno de Israel construye el muro por medidas de seguridad separando las zonas palestinas de las israelíes. Sin embargo, es curioso observar que el trazado del muro está estratégicamente diseñado para incluir dentro del estado de Israel todos los elementos básicos de generación de riqueza, por lo que por medio de esta herramienta se incluyen bajo control de israelí el acceso a recursos naturales hídricos, tierras fértiles o minas.

Muro construido por el Gobierno de Israel. | Imagen: Jordi Castilla.
Muro construido por el Gobierno de Israel. | Imagen: Jordi Castilla.

 

Al salir hacia territorio de Cisjordania, comenzamos a observar que la situación de ocupación es mucho más despiadada en lo que al acceso a suministros básicos se refiere.

Para empezar, observamos que para desplazarnos existen dos tipos de carreteras, una en la que sólo pueden conducir vehículos con matrícula israelí y otras que serán utilizadas por cualquiera, en su mayoría palestinos. Obviamente la estructura de las primeras está mucho más desarrollada y es más moderna. Estas carreteras conectan los distintos asentamientos que hay fuera de Jerusalén en la zona de Cisjordania. Aquí quiero reiterarme en la ilegalidad de la construcción de estas poblaciones de acuerdo al derecho internacional. La estrategia es sencilla, los asentamientos están perfectamente comunicados entre sí, facilitando a los colonos el desplazamiento entre unos y otros, así como el acceso a Jerusalén. Además, todos los asentamientos están dotados de una protección militar que garantizan la normalidad en su interior.

De forma estratégica, los asentamientos vienen a rodear las grandes poblaciones palestinas, y como dije anteriormente, anexionan aquellos elementos que se puedan entender como recursos naturales. Básicamente, a través de éstos se anexionan lugares donde se puede extraer agua o cultivar alimentos. Estos recursos, extraídos en territorio robado a los palestinos, se utilizará para el abastecimiento colono y para la venta en condiciones leoninas a los propios palestinos.

La movilidad está controlada por más de 700 puestos de control vigilados por el ejército israelí, que condiciona el paso de las personas y las mercancías. La colocación estratégica de los mismos supone una destrucción de la continuidad de los territorios palestinos, impidiendo por tanto una solución futura de un Estado Palestino. Esta discriminación en lo que a movilidad se refiere supone un condicionamiento gravísimo para cualquier logística comercial, ya que los artículos se pueden quedar parados horas o días en los puestos de control, siendo por tanto un grave problema para los productores palestinos, especialmente en productos perecederos. Ni que decir tiene que también condiciona la movilidad del ciudadano, que para ir de un punto a otro a unos 50 kms de distancia, puede llegar a tardar cuatro o cinco horas.

En lo que a suministros se refiere, Palestina está obligada a comprar agua y luz a Israel. En este sentido, es importante poner números para poder tener un conocimiento objetivo de lo ocurrido. Respecto al agua, un palestino puede acceder a 50 m3 al año, mientras un colono de un asentamiento ilegal podrá acceder a 2.400 m3. Un palestino pagará algo más del doble por cada unidad de agua consumida. De hecho, en Palestina, es habitual ver que todas las casas tienen tanques de agua en los tejados, necesarios para un mínimo abastecimiento.

Respecto a la electricidad, en Cisjordania no hay límites aunque el palestino también pagará algo más del doble por la unidad de electricidad consumida con respecto al israelí. Si enfocamos en la franja de Gaza, el acceso a la electricidad está limitado, por lo que los palestinos gazíes disponen de cuatro horas de electricidad al día.

Es realmente triste ver como los productos agrícolas que se producen en asentamientos ilegales copan los mercados palestinos, convirtiéndose este pueblo en el cliente principal de los productos realizados en asentamientos ilegales. Teniendo en cuenta la capacidad adquisitiva media de un palestino, éste no podrá elegir una opción distinta a la referida ya que el incremento del precio se lo impide.

La renta media de un palestino es mucho menor a la de un israelí, sin embargo el sistema de tasas e impuestos obliga a que los precios sean prácticamente iguales en ambos territorios.

El turismo religioso, también es utilizado por parte del estado de Israel, ya que se vende como visita a Israel dentro de paquetes conjuntos los viajes con destinos en territorio palestino como pueda ser Belén o el Mar Muerto. Con respecto a esta cuestión, me llamó mucho la atención ver como por la parte del muro donde se accede a Belén por los autobuses de turistas, está plagado de publicidad pública de "turismo de Israel".

Ciudad de Hebrón, en Cisjordania. | Imagen: Jordi Castilla.
Ciudad de Hebrón, en Cisjordania. | Imagen: Jordi Castilla.

 

El pueblo palestino está siendo erradicado

Aunque tras la división del territorio en dos estados en 1947 por la ONU el 45% del territorio sería para el futuro estado palestino, tras el paso de los años, distintas fases de negociación y las políticas llevadas por Israel de ocupación ilegal, hoy sólo queda el 11%, sin recursos hídricos, prácticamente sin tierras para cultivar y una infraestructura de movilidad que evita la conexión entre las poblaciones. Los asentamientos siguen avanzando. El pueblo palestino está siendo erradicado.

Frente a lo anterior, tras las distintas reuniones mantenidas con representantes de la Autoridad Palestina, miembros de la OLP o el propio embajador de España en Jerusalén, llegamos a la conclusión de que la comunidad internacional está parada en tanto en cuanto la ocupación continua creciendo, siendo la sociedad civil la que puede en un momento determinado condicionar las políticas de Israel ya que en la actualidad la situación le es beneficiosa y esto se traduce en una buena situación económica del país. De hecho, el ciudadano medio de Israel ni siquiera ve el problema de la ocupación como uno de los más preocupantes, tal y como nos confirmaban los parlamentarios Aida Touma o Mossi Raz, que visitamos en el propio Parlamento.

Tras la multitud de visitas y voces escuchadas, lo único a lo que parece tener miedo en Israel es al llamado BDS, Boicot, Desinversiones y Sanciones, y que en lo que a nuestro perfil como consumidor se refiere, viene a fomentar el boicot en la compra de productos realizados en los asentamientos ilegales.

Desde la Comisión Europea se aprobó una directriz que obliga a los estados miembros a especificar la procedencia en las etiquetas de los productos elaborados en los territorios ocupados por Israel y a eliminar, por tanto, el Made in Israel de sus envases y etiquetas, ya que lo consideraban engañoso. Cabe recordar que los asentamientos ilegales no están reconocidos como territorio de Israel según el derecho internacional.

Las indicaciones sobre el origen deben especificar que proceden de asentamientos israelíes, señalando la disposición, además de la zona geográfica en la que fue elaborado: por ejemplo, "producto del Golán (asentamiento israelí)".

Para las zonas palestinas en las que no hay asentamientos de israelíes, como la Franja de Gaza, la denominación de origen indicará que se trata de un 'producto de Gaza' o 'producto de Palestina', aunque esta mención no supone un reconocimiento del estado de Palestina, según indica la Comisión en un pie de página.

Sin duda es un paso que puede hacer que el consumidor sepa y conozca que con la compra de estos productos está apoyando la situación actual y por responsabilidad de su acto decida no comprarlos.

Entiendo que hay que dar pasos en distintas líneas, pero espero que sepamos concienciar al movimiento de consumidores global apelando a un consumo ético y responsable, y empoderando en la medida de lo posible al perfil transversal que tenemos los consumidores en esta sociedad que nos ha tocado vivir.

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Jordi Castilla es vicepresidente de FACUA Sevilla y directivo de FACUA Andalucía.

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