Motor y viajes

Dinero sucio, veneno en el aire

La serie de documentales ‘Dirty Money’ (Dinero Sucio), coordinada por Álex Gibney y estrenada en Netflix, dedica su primer episodio al fraude de Volkswagen.

Por Ángeles Castellano

En septiembre de 2015 estalló el escándalo. Volkswagen admitió haber instalado un software ilegal en muchos de sus modelos de vehículos diésel para lograr que pasasen los controles de emisiones de unos gases extremadamente dañinos para la salud y el medio ambiente, los óxidos de nitrógeno (NOx) y poder contaminar alegremente y sin medida una vez que se pusieran en carretera. El engaño afectó, afecta, a once millones de coches en todo el mundo, en su mayor parte en Europa, donde aún no se han resuelto los juicios abiertos contra la multinacional. Uno de los afectados fue Álex Gibney (Nueva York, 1953), un director de documentales estadounidense, ganador entre otras cosas de un Oscar y varios premios Emmy, que enfurecido por el engaño, ya que compró un Volkswagen Jetta, decidió contar la historia de lo que él considera como “el mayor fraude corporativo sistemático de la historia”.

El resultado, producido y dirigido por él mismo, forma parte de Dirty Money (Dinero Sucio), una serie de seis documentales sobre seis historias de avaricia y corrupción estrenada recientemente en la plataforma de televisión por Internet Netflix (disponible en España) y coordinada por Gibney. El dedicado a la multinacional alemana, bajo el título Emisiones de NOx, es el primero de los episodios, de alrededor de 70 minutos de duración.

El director centra su documental en EEUU, un país en el que las ventas de vehículos diésel son muy inferiores a las de coches de gasolina y en el que Volkswagen quiso imponerse difundiendo la idea, precisamente, de que el diésel consume menos combustible y es más limpio. Este fue el mismo reclamo comercial que se usó en numerosos lugares. (aunque no en España, donde el diésel está muy extendido y no hace falta vender sus supuestas ventajas). Querían vender la idea de que eran vehículos más respetuosos con el medio ambiente. Nada más lejos de la realidad. EEUU no es el país con un mayor número de afectados, tan sólo alrededor de 500.000, pero es el lugar donde se destapó el engaño y, sin ninguna duda, el Estado que ha actuado con mayor contundencia contra la multinacional.

Todo vale por ser el número 1 en ventas

Emisiones de NOx explica con detalle cómo actuó la empresa para saltarse los controles de emisiones y por qué decidió la empresa incumplir la ley. La tesis que se plantea es que Volkswagen deseaba ser el primer vendedor de vehículos del mundo, algo que no podía lograr si no ampliaba mercado en EEUU, un país en el que no tuvo mucha presencia históricamente más allá del Escarabajo. Y para lograrlo, no reparó ni en la legalidad ni en la ética. Vendió como coches limpios vehículos que no lo eran, porque para superar los controles previos a su venta utilizaban un dispositivo con el que hacer trampa.

Paradójicamente, la multinacional logró colocarse como el mayor vendedor de automóviles del mundo en las mismas fechas en las que se conoció el engaño.

Gibney logra el testimonio de algunos de los actores decisivos en el engaño, como los ejecutivos que dirigían la multinacional en EEUU en los años previos a que estallase el escándalo o los funcionarios de la EPA (la agencia ambiental de California) y otros encargados de la investigación, a través de entrevistas directas, pero sobre todo, con el testimonio ofrecido por dichos actores en los procesos judiciales que se han seguido contra Volkswagen en el país americano. A través de sus preguntas, el director logra trazar un retrato de la multinacional como un imperio nacido gracias a la iniciativa de Hitler en la Alemania nazi, en la que los mandos medios y algunos de los altos directivos eran lo suficientemente inseguros como para no cuestionar, cuanto menos, los pasos que estaba dando la empresa para lograr sus objetivos, a pesar de plantearse, en numerosas ocasiones, que lo que estaban haciendo no era legal ni ético.

Retrato del capitalismo a través del fraude masivo

Pero además, Gibney aprovecha el mayor fraude a los consumidores que un fabricante de automóviles ha llevado a cabo en la historia para establecer un perfil del capitalismo. A los ojos del director, se trata de un sistema en el que se suele pasar por alto que los objetivos de crecimiento y supuesta creación de riqueza nunca son neutrales, siempre tienen consecuencias negativas y a menudo arrasan con cualquier consideración moral o ética. Las multas e incluso la prisión forman parte, de esta manera, de los costes de las empresas, porque lo importante es el crecimiento económico, esto es, hacer más dinero este año que el anterior.

Álex Gibney, que ha dedicado otros documentales a asuntos como el escándalo de Enron, la guerra de Afganistán, las filtraciones de los cables diplomáticos de WikiLeaks, la Cienciología o el dopaje del ciclista Lance Armstrong, indica que con Emisiones de NOx pretende explicar cómo personas como Stuart Johnson, ejecutivo de Volkswagen en EE UU, piensa en algún momento que algo está mal, pero consulta con sus jefes, que le dan el visto bueno, y continúa hasta que un día se da cuenta de que la línea legal y ética que no tenía que haber cruzado hace mucho tiempo que la sobrepasó. No es una historia de buenos y malos, sino de corrupción, como contó en una entrevista en el diario británico The Guardian.

Sin embargo, contar con las voces que forman parte del documental no fue sencillo. En esa misma entrevista, el director cuenta que fue muy complicado tener acceso a la compañía y sus ejecutivos. El hermetismo de Volkswagen desde que estalló el escándalo ha sido total. Y este hermetismo, que ha sido la tónica dominante desde septiembre de 2015, no sólo se ha mantenido con los medios de comunicación. Los consumidores tampoco han tenido acceso a una información veraz y clara por parte de la compañía. FACUA-Consumidores en Acción lo ha comprobado en estos dos años y medio. Pese a numerosos intentos, no ha logrado, no ya la cooperación de la empresa, sino ni siquiera establecer un canal de comunicación continuo y fluido con la misma. Tampoco lo ha conseguido ninguna organización de consumidores en la Unión Europea. Esta fue la principal queja de las treinta organizaciones de consumidores (incluida FACUA) presentes en la reunión mantenida con la comisaria europea de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género, Vera Jourová, en septiembre de 2016.

Y pese a estar centrado en EEUU, país en el que la empresa se ha declarado culpable y ha aceptado compensar a los consumidores recomprando los coches afectados o indemnizando a sus propietarios además de pagar la mayor multa impuesta a un fabricante de automóviles de la historia de aquel país, Gibney aborda la situación en Europa, donde hay millones de vehículos afectados y sin embargo, aún está pendiente de resolverse. Explica las claves de que esté ocurriendo de esta forma, como el hecho de que uno de los estados alemanes tenga parte de la propiedad de la compañía, el hecho de que la legislación sea europea pero su aplicación sea nacional, o que la empresa, que fabrica los vehículos en varios de estos países, entre ellos España, presione (chantajee) a los gobiernos con la excusa de cambiar la localización de sus plantas y destruir miles de los empleos que mantiene.

En España, dos años y medio después, continúa abierto el proceso penal contra la multinacional en la Audiencia Nacional, en el que FACUA representa a más de siete mil afectados. Además, algunas administraciones han iniciado actuaciones sancionadoras, como el Instituto Galego de Consumo, que ha comenzado a imponer multas que suponen el doble del valor de cada vehículo afectado, pero aún no se ha resuelto un asunto que deja claramente en desventaja a los consumidores españoles (y europeos) frente a los estadounidenses, que sí han logrado una resolución positiva gracias a la acción contundente de sus autoridades.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto de encabezamiento es de Netflix.

El resultado, producido y dirigido por él mismo, forma parte de Dirty Money (Dinero Sucio), una serie de seis documentales sobre seis historias de avaricia y corrupción estrenada recientemente en la plataforma de televisión por Internet Netflix (disponible en España) y coordinada por Gibney. El dedicado a la multinacional alemana, bajo el título Emisiones de NOx, es el primero de los episodios, de alrededor de 70 minutos de duración.

El director centra su documental en EEUU, un país en el que las ventas de vehículos diésel son muy inferiores a las de coches de gasolina y en el que Volkswagen quiso imponerse difundiendo la idea, precisamente, de que el diésel consume menos combustible y es más limpio. Este fue el mismo reclamo comercial que se usó en numerosos lugares. (aunque no en España, donde el diésel está muy extendido y no hace falta vender sus supuestas ventajas). Querían vender la idea de que eran vehículos más respetuosos con el medio ambiente. Nada más lejos de la realidad. EEUU no es el país con un mayor número de afectados, tan sólo alrededor de 500.000, pero es el lugar donde se destapó el engaño y, sin ninguna duda, el Estado que ha actuado con mayor contundencia contra la multinacional.

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