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Nuevos modelos de periodismo y democracia

El periodismo ha entrado en una crisis de credibilidad de la que sólo saldrá con nuevos medios que apuesten por una información alejada de los intereses del poder económico y político.

Por Nacho Tudela

En 2015, un estudio de la Universidad de Oxford concluía que los medios de comunicación españoles eran los menos fiables de los once países consultados en Europa. Sólo el 34% de los españoles decía confiar en lo que publicaban. A pesar de los años, si se volviera a realizar esta consulta, no parece que los resultados fueran a variar mucho. Probablemente, el porcentaje sería aún menor.

La ciudadanía tiene sobrados motivos para no creer a los medios de comunicación de masas. El apoyo de estos a los poderes políticos y económicos del pais es tal, que uno no puede sino sentir cierta disonancia cognitiva entre la realidad que experimenta y la visión que los medios transmiten de ella, que suele adherirse al statu quo. Los medios han abandonado a los ciudadanos y adoptan, de forma acrítica, la verdad de los poderosos.

No quiere decir esto que exista un plan oculto, o una conspiración por parte de medios y poder. La realidad es mucho más sencilla. Los medios de comunicación, como empresas, están sujetas a la lógica del mercado. Las mismas personas que deben estar sujetas a la vigilancia del periodismo se sientan en los consejos de administración de las compañías propietarias de los medios, o destinan miles de euros en publicidad. ¿Cómo va un periódico a exponer y denunciar a las personas que lo sustentan económicamente? ¿Cómo va un medio público a ir en contra del gobierno que lo mantiene y financia?

Existe una clara confrontación entre la función social del periodismo y el hecho de que los medios existan como empresas dentro de un sistema capitalista. En otros sectores parece estar más claro. Las empresas tienen un fin económico, pero existen leyes y regulaciones para evitar que sus objetivos perjudiquen a la ciudadanía. También existen mecanismos para denunciar y sancionar a quiénes vulneran esas leyes. Los consumidores tienen la capacidad, ya sea de forma privada o a través de asociaciones como FACUA-Consumidores en Acción, de enfrentarse a las empresas que están realizando una mala praxis e incumpliendo sus obligaciones como prestadoras de servicios o productos. Si una empresa de alimentación vende mercancia en mal estado, el usuario tiene los mecanismos para denunciarlo y exigir que el problema sea corregido, y las administraciones pueden imponer sanciones si no lo cumplen.

Nada de esto existe en el ámbito de los medios de comunicación. Sí, un ciudadano puede ir a un tribunal si cree que una información concreta ha menoscabado su honor o su imagen, pero aquí acaba todo. No existe ningún mecanismo que obligue a los medios de comunicación a no ofrecer información "en mal estado", información manipulada o incierta. Existen ciertos códigos deontológicos y éticos, pero ni son de obligado cumplimiento ni ocurre nada si determinado medio no lo cumple. En 2013, el periódico El País publicó en portada una supuesta foto del ex presidente de Venezuela, Hugo Chávez, hospitalizado y en estado crítico pocos días antes de su muerte. La foto resultó ser falsa. Relatos posteriores del periódico dieron a entender que no se había seguido ningún protocolo ético o periodístico para la publicación de la imágen. El grupo PRISA, propietario de El País, tiene intereses económicos en Venezuela, así que el periódico tenía que publicar esa foto como forma de beneficiar a su empresa madre.

Cuando se descubrió la falsedad de la foto, El País se vio obligado a disculparse y retirarla. Los códigos deontológicos del periodismo dictan que si un medio debe realizar algún tipo de rectificación, esta debe ocupar el mismo lugar y espacio que la información que rectifica. La falsa foto de Chávez apareció en portada y a cinco columnas. La rectificación apenas ocupó una y ni siquiera estaba entre las primeras páginas del diario de ese día.

Nos encontramos con otros casos en épocas más recientes. El director de OK Diario, Eduardo Inda, estuvo meses dando la información de que Venezuela e Irán estaban financiado las campañas electorales de Podemos. Pese a que finalmente incluso una resolución judicial dictaminó que esa información era falsa, y que los supuestos documentos que acreditaban la financiación eran un montaje, este periodista ha seguido acusando y difundiendo esta información como cierta en programas de televisión de máxima audiencia. Sin embargo, no existe ningún organismo que pueda sancionar o reprobar que siga dando información manipulada, "en mal estado".

La solución tampoco es sencilla, pues proponer que la Administración pueda sancionar a medios por las informaciones que difunden entra en conflicto con la libertad de información. Ciertamente, que un organismo público, dependiente de los gobiernos respectivos, tenga esta potestad puede llevar a que se censure a quellos medios que no son afines. Y desde luego, en España, donde la televisión pública se ha convertido en un instrumento de propaganda del Partido Popular, con manipulaciones constantes para favorecer al gobierno, quizás no se puede esperar que las regulaciones a los medios no se conviertan en una forma de censura.

A los ciudadanos, pues, que quieren hacer varle el derecho a la información, que es suya y no sólo de los medios, parece quedarles pocas formas de acción. Si los grandes medios de comunicación de masas están al servicio de los poderes políticos y económicos, ¿qué alternativa tienen para acceder a información veraz y no contaminada por estos intereses? Afortunadamente, están surgiendo nuevos modelos de periodismo y de medios de comunicación que no quieren depender de estos poderes, pero para ello necesitan el apoyo de la ciudadanía.

El 15M supuso una explosión del activismo en España y, entre muchas cosas, cristalizó en lo que se han terminado llamando 'mareas'. Si existen mareas a favor de la sanidad pública, de la educación pública, de la investigación...¿por qué no surgió una marea a favor de los medios de comunicación públicos? Porque durante el 15M fueron el enemigo. Porque excepto unos pocos, los medios se alinearon una vez más con el poder y criminalizaron el activismo.

Existieron, sin embargo, medios que, tímidamente y gracias al esfuerzo de sus periodistas, empezaron a creer de nuevo en la función social del periodismo y se alinearon con aquellos a quienes verdaderamente deberían servir, los ciudadanos. La productora Mackenzie McHale de la serie The Newsroom (Aaron Sorkin, 2012) decía que el periodismo es fundamental para la creación de un electorado bien informado y con poder de decisión sobre los asuntos del país. Pero para eso es necesario que estos también se involucren con el periodismo.

Y para ellos están estos nuevos medios de comunicación. El teórico Pascual Serrano en su libro La prensa ha muerto: ¡viva la prensa! (Ediciones Península, 2014) hace un repaso por alguno de ellos. "Todos ellos han encontrado la forma de llegar a los ciudadanos: se encuentran en cientos de miles de puntos de distribución, han creado redes de apoyo que los difunden, poseen miles de suscriptores que los financian, circulan por numerosos canales de radio o televisión, son reproducidos por muchos nodos de comunicación, colectivos u otros medios alternativos...Y, sobre todo, se inspiran en la ciudadanía para decidir sus contenidos, dan voz a los sectores populares y a los líderes e intelectuales críticos, y funcionan con el apoyo de sus lectores y audiencias".

Es hacia estos donde los ciudadanos deben dirigir su mirada si quieren una información veraz, honesta, y alejada de los intereses de los grandes poderes. Y muchos de ellos, como eldiario.es, La Marea, Infolibre o Revista5W, entre otros, ya estan consiguiendo tener la capacidad de influir en la sociedad y dar luz a temas relevantes para un estado democrático.

Los medios mencionados arriba son sólo algunos de los que han surgido en los últimos años, todos ellos con una apuesta clara por la función social del periodismo, sin estar bajo el yugo de intereses económicos de los accionistas. Todos ellos, sin embargo, tienen el mismo punto débil. Sin el apoyo de los ciudadanos, de aquellos involucrados en tener un periodismo responsable, ético y honesto, no tienen la posibilidad de sobrevivir. El futuro del periodismo sólo será posible si toda la ciudadanía, o al menos una buena parte de ella, entiende su importancia y lo apoya.

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Nacho Tudela es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

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