FACUA lamenta la autorización del maíz transgénico MON-863 pese al estudio que revela sus graves efectos en ratas de laboratorio

La Comisión Europea ha levantado la prohibición a la importación del producto de la multinacional Monsanto. Podrá utilizarse para piensos animales, no para alimentación humana ni su cultivo.

La Federación de Consumidores en Acción (FACUA) lamenta que la Comisión Europea haya autorizado la importación para piensos animales del maíz transgénico MON-863, de la multinacional estadounidense Monsanto, después de que la justicia alemana revelase en junio un estudio reservado de la compañía según el cual este producto tuvo un efecto adverso al ser administrado a ratas de laboratorio.




Gilles-Eric Séralini, de la Comisión de Ingeniería Biomolecular, organismo del gobierno francés a cargo de evaluar los riesgos de los productos transgénicos, quien advierte que el maíz cuestionado "no debería contar con autorización para ser destinado a alimento o pienso". Ésta y otras opiniones sobre el MON-863 son recogidas en un informe que publica el último número de la revista CONSUMERISMO.

Jerry Hjelle, señaló que el organismo europeo había concluido que el MON-863 "no tendría, al parecer, un efecto adverso sobre la salud humana o animal o sobre el ambiente". Hjelle advierte que el producto cumplió con todos los trámites obligatorios para su cultivo y consumo en EE.UU. y Canadá, donde se lo produce desde 2003.

Doug Gurian-Sherman, del no gubernamental Centro de Sanidad Alimenticia (CFS) con sede en Washington. "La FDA asume que todos los cultivos transgénicos son perfectamente seguros", advierte.


Gurian-Sherman. Los organismos reguladores del gobierno estadounidense "están dispuestos a asumir ciertos riesgos para alentar la tecnología", ironizó.

Arpad Pusztai, quien revisó el estudio de Monsanto para el gobierno alemán, dijo que su realización y presentación tenían muchos problemas. "Los científicos expertos en nutrición y las revistas especializadas no aceptarían estos errores y malinterpretaciones flagrantes". "¿Cómo los reguladores pueden aceptarlos para un nuevo alimento genéticamente modificado?", inquiere.

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