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Manu Sánchez: "El humor de abajo para arriba es contestatario y revolucionario"

Experto en hacer "comedia protesta", iba para ingeniero pero se le cruzó el humor. Sánchez no elude ningún tema, es ágil, ingenioso y educado y deja la sensación de que vive la vida con pasión y normalidad.

Por Ángeles Castellano

Iba para ingeniero pero se le cruzó el humor. Le gusta presentarse como payaso, juntaletras, actor, empresario e icono sexual, o al menos, eso dice la solapa de su primer libro. Ahora debería añadir que además es bailarín, o eso intenta demostrar cada semana en TVE. Manuel Sánchez Vázquez (Dos Hermanas, Sevilla, 1985), o Manu Sánchez, como le conocemos todos, es experto en hacer "comedia protesta", que dice su amigo y prologuista Risto Mejide en Surnormal Profundo (Aguilar, 2017), y lo demuestra en esta colección de columnas de opinión escritas originalmente para el programa de radio La Ventana de Andalucía, de Cadena SER, con el que Sánchez colabora habitualmente. "Cuando acabes de leer cada texto te invadirá una doble sensación", explica Mejide en su prólogo. "Por un lado, cómo puede ser que este hombre tenga la edad de la que presume (…). Y la segunda, cómo puede tener tanta mala leche tan bien embotellada". Como en sus columnas, Manu Sánchez no elude en la conversación ningún tema -ni siquiera su próxima paternidad-, es ágil, ingenioso y educado y deja la sensación de que vive la vida con pasión y normalidad.

Surnormal Profundo es un recopilatorio de tus columnas de opinión en La Ventana de Andalucía. Ahora que ya llevas un tiempecito haciéndolas, ¿cómo te sientes en el traje de columnista?

La verdad es que me siento cómodo, porque en el traje del humor siempre me ha parecido que la fórmula es hacer reír pero también haciendo pensar. Me parece que son los ingredientes de la receta. En el teatro, por ejemplo, la protagonista es la risa y lo de hacer pensar es quizás el complemento perfecto y aquí en las columnas se da la vuelta en porcentajes, aquí el elemento protagonista es la opinión y el complemento perfecto para hacer llegar esa opinión es el humor. Digamos que dependiendo de cómo cristaliza la receta, unas veces es arroz con pollo y otras es pollo con arroz.

En el libro, y por extensión en tus columnas, tratas muchos temas, aunque ya desde el título resuena Andalucía.

A mí me gusta pensar que escribo desde Andalucía porque, bueno, el programa es La Ventana de Andalucía y creo que se pueden analizar los temas más universales y más globales desde Andalucía, desde esos cristales que creo que tienen las gafas con las que nos asomamos los surnormales a la realidad, porque al final más que depender de dónde seas, que al final eso es accidental y poco importante, sí que importa qué características tienen los colores de esos cristales con los que te asomas a la realidad. Y la surnormalidad me parece una buena característica para las gafas.

Y además, poco común, no hay muchas personas que hagan pensar con esas gafas de Andalucía…

Sí, a veces parece que en el pluralismo y la diversidad estuviera el demonio. Nos intentan homogeneizar… El centralismo creo que es uno de los males sobre los que se sustentan un montón de cosas y la pluralidad y diversidad cultural, política y del mundo se entiende si nos conocemos. Yo tengo la sensación de que no me cuentan nada a diario de Zaragoza y me encantaría, no me cuentan nada de Orense y me encantaría y entonces pienso que en Orense y en Zaragoza probablemente hace mucho tiempo que no les cuentan nada de Andalucía y cuando hay esa falta de información por la enfermedad del centralismo cultural empezamos a no conocernos, y cuando no nos conocemos, nos creamos el espejismo de los estereotipos, de los prejuicios, de cosas que están ya trasnochadas y que se parecen más a una caricatura que a una realidad. Vivimos en la era de la información, pero también parece que la información reside en según que sitios pero no en otros. Cuando abren los telediarios nacionales diciendo que hoy no se puede aparcar por contaminación en el centro de Madrid, digo, "hay que ver que esta información, para el que está buscando aparcamiento ahora mismo en Tenerife, le será de vital importancia"… Tenemos ese espejismo de que la información local de la Corte es información nacional y eso hace que debates como la financiación autonómica, que debería ser ahora mismo un debate de primer orden, caiga a una posición de cola, o parece que la política territorial solamente se hace cuando estallan casos como el independentismo catalán, que creo que es una reacción a ese centralismo cultural. La verdad es que la diversidad y la pluralidad no tienen que darnos ningún tipo de miedo, yo creo que la mejor manera de que acabemos queriéndonos es empezar conociéndonos.

6 escalones.
6 escalones.

 

¿Cómo ves, desde la perspectiva de un surnormal profundo, esta cosa de que haya quienes no quieran seguir formando parte de España?

El centralismo cultural tienen estos peligros, pueden provocar una acción-reacción. Después, la forma política en la que se organiza España le ha dado mucho peso a los nacionalismos, les ha indicado que era un buen camino para negociar asimetrías. Andalucía ha jugado un papel importante en evitar una España a varias velocidades, aunque a veces ha sido imposible evitarla y tenemos cupos, fueros… Vivimos en una España en la que, la verdad, la asimetría es muy palpable, y quizás es buen momento para abrir ese debate. Yo cuando hablo de centralismo cultural no lo ciño solamente a Madrid, a mí me gusta hablar de Madriluña, porque parece que lo que no sucede en Madriluña no está sucediendo. Es verdad que quizás nos están dando un toque de atención al resto, que para que nos escuchen y nos dejen negociar bien, lo mismo vamos a tener que hacernos independentistas, aunque no estemos muy convencidos…

Yo creo en la autodeterminación de los pueblos y en la decisión de cómo se organiza cada uno, pero es verdad que lo que no me gusta de esta son los argumentos, porque creo que la supremacía de sentirte como tierra rica con derecho de soltar el lastre de los pobres es una cuestión que va frontalmente contra mis creencias. Yo soy muy de izquierdas, creo en el reparto de la riqueza y creo que tratar al pobre como un lastre que hace frenar al rico me parece que es tramposo y peligroso. Además, creo que como decía Gila, a ver si te va a pasar como el que murió por tirarse de un padrastro, que empiezas a tirar y no sabes dónde terminas… Supongo que dentro de Cataluña hay también zonas ricas y pobres, y si esto va de hacer cada uno la guerra por nuestra parte y no creer en el justo reparto de la riqueza y en la igualdad de oportunidades... A mí ese planteamiento no me gusta, no va en consonancia con mis principios.

Sí es verdad que me gusta esa Cataluña que tira del carro del republicanismo, ojalá esa fuera la pelea, que tira del carro contra el centralismo, contra la corrupción, el federalismo… Yo ahí me subiría al carro de los catalanes y creo que son un gran espejo donde mirarse, porque han conseguido muy buenas cosas, yo les admiro, pero cuando esto se plantea desde una perspectiva de ricos contra pobres y sobre todo tratan a mi gente y a los míos como unos pobres parasitarios que roban a una burguesía supremacista, ahí tengo que decir que es absolutamente injusto, es mentira, tendencioso, tramposo y contra eso me rebelo.

A mí lo que me llama mucho la atención de todo esto es que al final ha calado ese mensaje de tener más en común con el señorito de su pueblo que con un currela sea de donde sea y termina produciéndose esta reacción de guerra de banderas en los balcones...

A mí en los balcones me gustan las macetas, con sus flores, y las cañas de pescar, y ropa tendía para fuera… Yo creo que los balcones a la calle son maravillosos, pero utilizarlos para las banderas no me gusta, sobre todo cuando la bandera se cuelga para utilizarla contra otro alguien. Cuando la bandera es en positivo yo creo que todo suma, pero cuando se usa para ir contra otro, ahí creo que tenemos un problema de principios.

A mí lo que me resulta raro de este independentismo es que, yo lo miro desde fuera y veo que el independentismo que lidera el PdeCat o Convergencia, o como le hayan puesto esta semana, es un independentismo de derechas, que en frente tiene una oposición, que es la de Ciudadanos, que es una oposición de derechas. Entonces, yo que soy de izquierdas, me sorprende que el debate sea si quiero morir a cuchillo o a pistola. Yo estaría peleando por que no me mataran. Si es por los de derecha independentista o por los de la derecha constitucionalista, a mí me parece que lo que han conseguido es ganar la batalla de elegir entre dos derechas. Que las matrículas universitarias sean caras no es cuestión de las banderas, es cuestión de las políticas, que los peajes y las carreteras públicas estén privatizadas no es cuestión de las banderas, es cuestión de las políticas, que haya copago no es cuestión de las banderas… Mientras nos den a elegir entre morir a cuchillo o a pistola, nos estamos dejando matar y esto es lo peligroso. Te dan a elegir entre dos opciones que se parecen tanto, que a mí desde fuera me resulta increíble que el discurso sea este.

Porque además "Espanya ens roba" no se refiere a Bilbao, se refiere a Andalucía y Extremadura, o las Canarias. No me vengas con que la Cataluña productiva mantiene a la España subsidiada y deja de echarme el PER a la cara como si el PER no fuese algo que pagan los que tributan más y fuese Cataluña quien lo paga. Nos han convencido incluso de que son los territorios los que pagan impuestos y no las personas. Pues puede ser que en Cataluña haya más ricos que en Andalucía, pero son los que ganan más los que pagan más para repartir la riqueza y ofrecer oportunidades, y esto hay que explicarlo bien. A mí me va muy bien profesionalmente y pago muchos impuestos y soy feliz haciéndolo. Sería más feliz si viera que de verdad el reparto no tiene corruptelas, pero yo soy feliz de estar manteniendo un sistema educativo y sanitario catalán para el que tiene menos oportunidades en Cataluña, pero no quiero tener la sensación de que veo a algunos con la cara desencajada diciendo "España ens roba" y tiene pinta de que le sale la declaración a devolver todos los años, y yo mientras intentando convencerme de que soy feliz pagando impuestos todos los años. De momento vamos a explicar bien cómo es el sistema tributario y vamos a abandonar ya esa falacia de que los territorios pagan impuestos.

Volviendo al libro, en una de tus columnas cuentas que un monólogo sobre la monarquía en el programa de La Sexta El Último Mono te provocó una nada sutil censura… Parece mentira que en un canal que presume de progresista de repente no se pueda hablar de monarquía o de elecciones municipales. ¿Qué pasó?

La libertad de prensa es un derecho que debería ser intocable e inalienable y yo que he trabajado en la televisión pública lo he defendido mucho, pero cuando trabajo en la privada no nos tenemos que echar las manos a la cabeza de ver que tienen intereses en lo privado. Esto es irreprochable, ante esto no se puede decir nada. Yo aquello no lo viví tanto como una censura sino como una línea editorial a la que había que acogerse y las cadenas privadas están en su derecho de tener libertad absoluta de marcar sus líneas editoriales, tanto en forma como en fondo o en porcentaje. O sea, que La Sexta decidiera que el humor comprometido estaba ya cubierto y le tocaba a mi hueco un humor un poco más blanco desencadenó que yo, que no sé hacer un humor más blanco y no me apetece hacerlo y probablemente no me salga bien, pues acabamos descubriendo que no era el momento, no era el hueco, no era el sitio... Pero bueno, fue una etapa feliz y maravillosa y espero que nos volvamos a entender. Quizás también se utiliza la palabra censura de una forma demasiado gratuita, no fue tanto así como que fue una decisión editorial y empresarial, que cuando uno empieza a trabajar en empresas privadas tiene que saber que hay que respetarlo. La censura creo que es otra cosa, y de hecho nos estamos enfrentando últimamente a un repunte censor.

"Yo me dedico al humor porque molesta" has dicho en alguna entrevista. Sin embargo, se te considera un tipo simpático. ¿Hay una manera de trabajar esa molestia o es un estilo?

A mí me gusta que el humor moleste, yo creo que hay dos maneras de hacer el bien, una es siendo bueno con los buenos y otra es siendo malos con los malos. Quién creemos cada uno que son los buenos y quién creemos que son los malos eso va en la opinión de cada uno y por supuesto no estar de acuerdo con lo que dice otra persona no puede ser motivo para entender que no debe haber pluralidad y diversidad en las opiniones. Creo que en el intercambio y en el diálogo podemos terminar ganando todos. Yo sí que creo que ponerse de lado, jugar a la equidistancia en según los temas es algo que no me pide el cuerpo. Hay una parte de responsabilidad como ciudadano y como persona que teniendo micros y cámaras delante o teniendo teatros llenos, sabiendo que hay gente que te lee, que te escucha y que se instalan en el error de admirarte o de seguirte, quedarte solo en el tartazo y el resbalón me parece incluso irresponsable, a mí me hace más gracia quién se lleva el tartazo o quién se ha dado el resbalón. A mí los que se ríen porque se ha caído alguien... Yo necesito saber quién se ha caído para ver si me río o no... En esa sutileza de saber quién se ha caído, si se lo merece o no lo merece es donde el humor hace un ejercicio más allá del resbalón y se convierte en un ejercicio que puntúa doble. El ingenio, el ejercicio de sutileza arma al humor de algo mucho más sólido y consistente.

undacioncajasol  (CC BY-NC-ND 2.0).
undacioncajasol (CC BY-NC-ND 2.0).

 

Una de las columnas se titula Aznar es un mierda. ¿No da el personaje ni para algo más sutil? ¿Es difícil hacer humor de un señor tan sombrío?

A mí me gusta dar la cara y meterme en charcos y me gusta dar la cara manque me la partan. Yo digo que me gusta que el humor moleste y digo que es cuestión de gustos, y todo va bien si molesto a quien quiero molestar y todo va mal si molesto a quien no quiero molestar. Aunque el humor siempre es humor, yo el único filtro que me pongo es hacer humor de abajo para arriba, siempre contra el opresor, nunca contra el oprimido. ¿El machismo es un tema intocable? Depende, a mí me gusta hacer humor contra los machistas, nunca contra las víctimas. ¿El terrorismo es un tema intocable? A mí me gusta hacer chistes sobre los terroristas… Yo creo que más que temas intocables, y este es mi filtro personal, el humor que es de abajo para arriba es contestatario y revolucionario, pero el humor de arriba para abajo es un abuso. Por eso la sutileza creo que depende de cada caso.

Y aquella columna era en torno al Informe Chilcot, que incluso hizo que Tony Blair pidiera disculpas públicamente, pero aquí a Aznar le hizo Bertín Osborne un mamazo televisivo en las mismas fechas. Sé que fue un mamazo porque yo he escuchado que sin arcadas no hay mamada y a mí durante esa entrevista me dieron bastantes arcadas. Me parecía que para igualar tanta generosidad con un personaje al que el Informe Chilcot ya había hecho justicia histórica y que no había tenido ninguna consecuencia, ni siquiera en su reputación, me parecía que había que empatarle con algo. Y lo de Aznar es un mierda me parecía justo explicarlo. La columna va de la explicación de lo que considero que es ser un mierda. Yo creo que hay gente buena y gente mala, creo que incluso hay gente mala que hace el mal por una buena causa, gente que está haciendo el bien pero al final es malo sin saberlo. Pero después están los mierdas, que hacen el mal sabiendo que están haciendo el mal. Había que diferenciar estos dos tipos de malos.

Y fue de las veces que me dijeron: "Manu, ten cuidado, que puede ser que Aznar te denuncie". Y yo contesté que me encantaría tener que defender en sede judicial, con pruebas, que Aznar es un mierda, tener esa oportunidad, y aún mejor, me encantaría ver cómo Aznar o su gente tiene que defender que no lo es. No me parecía caro el precio a pagar.

Otro de los temas habituales en tus columnas es el feminismo. ¿Qué crees que urge en España en el camino de la igualdad?

La urgencia es que todavía queda todo por hacer, porque es un año de levantamientos y de sentir la esperanza de que el movimiento morado está creciendo y de que el feminismo está calando, creo que da pavor absoluto ver toda la reacción desde el otro lado, desde el lado del machismo. Que se luche por la igualdad, que se luche por romper techos de cristal, y que haya gente que no abrace el feminismo con toda la naturalidad del mundo me parece una barbaridad. Yo estoy de acuerdo con que quien no es feminista es machista, en medio no hay nada, no cabe la equidistancia. El punto medio entre el belicismo y el pacifismo no es la mitad de los muertos, o eres belicista o eres pacifista, no te puedes quedar en medio en la guerra, y aquí estamos en una guerra. Creo que los hombres tenemos que abrazar el feminismo porque si los opresores no abrazamos el feminismo esto solamente va de abrazar causas donde no existan los principios, sólo el beneficio propio. "Como esta no es mi pelea…" ¿Me estás diciendo que sólo podemos ser activistas por el beneficio propio? Yo entiendo que el terreno en el que me muevo es el de los principios, así que me gustaría luchar contra la explotación infantil aunque no sea un niño, luchar contra la esclavitud aunque no sea un esclavo y por el feminismo aunque esté del lado de los opresores potenciales.

Los hombres tenemos que llegar al feminismo, pero no para ponernos con la pancarta, sino preguntándole a las mujeres dónde nos ponemos. Es un movimiento que tienen que liderar, organizar y decidir las mujeres, pero tenemos que estar ahí.

Los tres de… Manu Sánchez

Tres películas: El gran dictador (dirigida por Charles Chaplin), Sopa de Ganso (de Leo McCarey) y Un, dos, tres (de Billy Wilder).

Tres libros: El novio del mundo, de Felipe Benítez Reyes, El guión, de Robert McKee y Frankenstein, de Mary Shelley.

Tres programas de televisión: Salvados (La Sexta), el último programa que he hecho, que me ha gustado mucho, que se llama Vuelta y vuelta (Canal Sur) y ahora que estoy entusiasmado con el baile, Bailando con las estrellas (TVE), va.

Tres canciones: Hallellujah, de Leonard Cohen,Como yo te amo, de Rocío Jurado o Raphael y El lago, de Triana.

Tres referentes: Mi madre, siempre mi madre, José María Pérez Orozco, que es un gran maestro y amigo y Jesucristo, ahí lo dejo.

Tres lugares para visitar: La playa de Mazunte en Oaxaca, México (y especialmente La Llorona), cualquier rincón de Cádiz, pero específicamente el pinar de La Braña, en Barbate y el Valle de los Caídos, el día que saquen los restos de Franco.

Tres momentos históricos: La Revolución Francesa, la Liga del Betis y la primera vez que hice el amor.

*La foto de encabezamiento es de 16 escalones.

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