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Cómo calentarse de manera sostenible

Calentar nuestra vivienda puede llegar a suponer casi la mitad de nuestra factura de la luz. Pero ese gasto depende de qué tipo de energía usemos. Las más baratas son también las más ecológicas.

Por Ricardo Gamaza

La calefacción en los hogares supone la mayor parte del coste de la factura de electricidad o gas que consumimos. Pero aunque la calefacción eléctrica o de gas son los sistemas más utilizados, también son los más caros; sobre todo con el progresivo incremento del coste de estos suministros en nuestro país.

El 32,3% del total de hogares de España se calienta con gas, pensando que ésta es la opción más económica. Pero no es así. Sólo nos parece barata al compararla con la factura del suministro eléctrico, que amparado en un oligopolio y con el apoyo de los sucesivos gobiernos han logrado hacer una escalada de precios en el coste de la electricidad.

El importe del gas tampoco ha estado ajeno a las subidas, aunque no han sido tan desorbitantes como la promocionada por las grandes multinacionales eléctricas. El caso más común es el de la clásica bombona de gas butano, como envase del combustible que en este caso es gas natural. La otra opción para este tipo de calefacción es la red canalizada de gas, pero ésta aún no está disponible en todas las zonas geográficas y además supone un coste fijo en la factura.

El gas natural ha ido sustituyendo progresivamente una caduca manera de calentar los hogares usando como combustible el gasoil, que ha ido desapareciendo por su alto grado de contaminación. Sin embargo, aunque nos indiquen lo contrario, el gas natural no es una calefacción ecológica. Ni de lejos. Se trata de un hidrocarburo que también genera gases de efecto invernadero. De nuevo el gas se aprovecha de la comparación con otros combustibles, como la gasolina, para presentarse como una opción más ecológica, aunque lo correcto sería presentarse como una opción menos contaminante. Ese es el caso de los nuevos coches híbridos que promueven el gas como combustible ecológico que no es tal.

En el ranking de los combustibles usados para calentar un hogar, la electricidad supone el 18,6% de los hogares que disponen de calefacción. Se trata de tres tipos: radiadores y acumuladores eléctricos, calderas individuales y el hilo radiante, siendo los primeros los mayoritarios y el hilo radiante apenas el 1% de esta cifra. Las calderas eléctricas son un tipo de calefacción que consume electricidad para la producción de ésta, así como agua caliente.

En todos los casos, y teniendo en cuenta que la calefacción eléctrica supone la mayor parte del coste de la factura de la luz, para usarla lo más probable es que haya que incrementar la potencia contratada. Sus dos desventajas son el precio y la contaminación e impactos ambientales que conlleva su producción (centrales hidroeléctricas, nucleares, ciclo combinado…).

¿Entonces con qué nos quedamos? Pues la mejor opción y más barata es, como siempre, la más ecológica. Las placas solares térmicas para la calefacción del agua, las instalaciones de placas solares para autoconsumo y el uso de la biomasa son las tres opciones para consumir energía sostenible tanto para el planeta como para el bolsillo de los consumidores.

Sobre las placas solares productoras de energía hay un mito del que se han beneficiado y que han alimentado las compañías eléctricas: el impuesto al sol. Para el autoconsumo de un hogar medio no existe dicho impuesto, ya que sólo se aplica a partir de los 10 kW de potencia instalada.

Respecto a la biomasa para calefacción, se trata de la tecnología más sostenible que existe en la actualidad para este fin. Así se concluye en el Informe anual del Observatorio de la Biomasa. Los importantes avances tecnológicos y la oferta tan competitiva en precios de este tipo de energía permiten según este informe que una familia pueda ahorrarse actualmente hasta un 66% del coste anual en calefacción con respecto a los costes del gasóleo.

Andalucía es la comunidad líder en el uso de la biomasa como combustible de calefacción en estufas y calderas tecnológicamente avanzadas, tanto en número de instalaciones como en empleo generado, según los datos del citado informe.

En 2017 en esta comunidad autónoma había instaladas un total de 64.306 estufas y calderas de biomasa de calefacción tecnificadas, el 22,5% más que el año anterior. En España el incremento de esta tecnología para calentar el hogar ha sido del 23%.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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