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Desmontando los mitos contra la lactancia materna

El mercado de las leches artificiales ha construido un mantra de problemas insalvables que hacen que muchas madres convencidas de dar el pecho acaben recurriendo al biberón.

Por Sandra D. Siachoque

La decisión de amamantar al bebé es personal y depende de cada madre y de sus circunstancias. Sin embargo, el mercado de las leches artificiales ha construido un mantra de problemas insalvables que hacen que muchas madres convencidas de dar el pecho acaben recurriendo al biberón. Muchas veces esos problemas tienen solución y otras, simplemente, son mentira. Desmontamos los cinco mitos más comunes contra la lactancia materna.

1."No tengo leche los primeros días después del parto"

Independientemente de cómo haya sido tu parto, las gotitas de calostro que tu bebé logra sacar de tu pecho, son suficientes para su estómago del tamaño de una canica. Estar piel con piel con su mamá es lo que más necesita el bebé. Al mamar, extrae el calostro presente en los primeros días, que es un líquido amarillo concentrado de nutrientes básicos para adaptarse mejor a la vida extrauterina. La leche madura vendrá en los días siguientes, si el bebé succiona cuando lo necesita.

2. "Dar la teta duele"

Amamantar no debería doler. Las mamas y los pezones, son extremadamente sensibles al contacto y la ficción durante la succión del bebé y puede ocasionar grietas o laceraciones que hacen difícil la alimentación a demanda de un recién nacido.Si duele el agarre, siempre existe la posibilidad de romper el vacío entre la boca del bebé y el pecho para revisar la postura de la madre y la posición del bebé. Se introduce el dedo meñique con cuidado por la comisura del labio del bebé para separarlo del pezón e intentar nuevamente el enganche. El asesoramiento oportuno es imprescindible y el apoyo adecuado en lactancia materna es básico para el bienestar de madre y bebé.

3. "El bebé quiere mamar todo el tiempo"

Es lo normal. Lo natural. Que veinte de las veinticuatro horas del día durante los primeros meses quiera estar pegado a mamá, en su pecho. Es lo normal para los recién nacidos. Según el neonatólogo Nils Bergman, el cuerpo de la madre es el hábitat natural de un bebé, es el único lugar conocido que le proporciona alimento, seguridad y confort. En el útero materno nunca ha sentido frío o hambre y gracias a que alguien ha atendido esas necesidades básicas, hemos sobrevivido como especie hasta nuestros días.

4. "Amamantar a mi bebé no me deja terminar las tareas de casa"

Explicación: la llegada de un bebé cambia la rutina de los miembros de la familia y más si existen otros hijos e hijas que atender. Es importante contemplar en pareja la logística antes del parto para distribuir mejor las tareas y encontrar apoyo en familiares y amigos que amparen la crianza y sostengan a mamá cuando está cansada, enfadada o agobiada. Encontrar y ser parte de una tribu es vital para las madres que pasan muchas horas con sus hijos e hijas a solas y saben lo duro que puede llegar a ser.

5. "Me siento incómoda porque siento un cosquilleo placentero cuando amamanto a mi bebé"

Hay mujeres que tienen orgasmos y sensaciones placenteras mientras están amamantando a sus bebés u otros hijos. Suena extraño porque es un tema tabú y casi nadie habla de ello. Lo cierto es que el parto y la lactancia forman parte de la vida sexual de la mujer y aunque muchas mujeres pueden sentirse desubicadas con estas sensaciones. Es necesario comprender que no se trata de una situación perversa sino que explicada desde la biología, la teta mantiene unida a madre y bebé, y si la madre disfruta de este vínculo, le permitirá a su cría tener la crianza más prolongada del reino animal. Desde la antropología el destete se contempla entre los dos y los siete años de edad.

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Sandra D. Siachoque es periodista experta en lactancia materna y crianza.

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