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Iria Marañón: "No hay hombres que no sean machistas, absolutamente todo está impregnado de machismo"

Filóloga y activista feminista, es autora del superventas 'Educar en el feminismo' y ahora publica 'Libérate de la carga mental', que incide en el trabajo extra que hacen las mujeres.

Por Ángeles Castellano

Escritora por vocación, y activista feminista por convencimiento, sus libros y blog tienen un sentido divulgativo que ayuda a aterrizar al plano más individual lo que a veces parecen teorías impersonales, con ejercicios que terminan haciendo a lectoras y lectores darse de bruces con la realidad. Apasionada en la conversación, amable y atenta en el trato, Iria Marañón (Madrid, 1976) apuesta por un feminismo que no deje fuera a nadie y que también logre beneficios para esos hombres que se sienten encorsetados en los grandes prejuicios del sistema patriarcal. Atiende a Consumerismo por teléfono después de una jornada maratoniana de la periodista y la comprensión de la entrevistada, con bromas sobre la dificultad de conciliar y lo necesario de librarse de la carga mental, tema central de su más reciente libro Libérate de la carga mental, surgido a raíz de su primera publicación Educar en el feminismo.

Tú eres filóloga además de activista feminista. ¿Qué es lo que te hace, en un momento dado, dar el paso y entender que no sólo es importante ser feminista, sino también contarlo y dar la batalla?

Yo he sido feminista desde que estaba en la universidad, que conocí el movimiento y en qué consistía. Pero es verdad que no era activista. Pero cuando nacieron mis hijas me di cuenta de que tenía muchas lagunas con respecto al feminismo, necesitaba como reorganizar mi feminismo, cómo iba a educar a mis hijas en esto. Y entonces surgió el blog Comecuentos Makers, que empecé hace unos años para investigar cómo educar a los niños y niñas en feminismo. Y a raíz del blog me contactaron de la editorial Plataforma Actual para escribir Educar en el feminismo (2017).

Yo creo que más o menos todas las mujeres queremos igualdad, pero es verdad que para muchas hay un momento en el que hacemos click y nos damos cuenta de que vivimos en un sistema patriarcal que es injusto con las mujeres siempre. Y cuando nos damos cuenta de eso, nos vamos dando cuenta de todo, y cada vez va a más, y de repente nos damos cuenta de que tenemos la razón, de que esto es así, y cuando una se da cuenta de que tiene la razón, de que el sistema está mal hecho y que además no pasa nada porque a todo el mundo le parece lo normal, pues es cuando te vuelves un poco más pesada intentando hacer ver a las personas que el sistema está mal estructurado. Entonces, yo creo que por eso las feministas conforme pasa el tiempo somos todavía más feministas y todavía más activistas, porque necesitamos convencer al resto de lo que está pasando.

Publicas primero Educar en el feminismo (2017) y en estos días sale a la venta Libérate de la carga mental (2018). Aunque no son libros dedicados exclusivamente a las mujeres (porque sería maravilloso y necesario que los leyeran principalmente los hombres), parece que primero decides enfocarte a las criaturas, al futuro, y después a las personas adultas, al presente. ¿Es esto premeditado?

No, ha surgido de forma natural. Cuando salió el libro Educar en el feminismo, la gente siempre me decía que lo que más les había sorprendido era la tabla sobre la carga mental. Es un tema que muchas mujeres ni siquiera son conscientes de que lo tienen. Porque es verdad que el resto de desigualdades son muy evidentes, pero la carga mental es completamente invisible. Si nadie te la explica y nadie te la dice puede ser que tú nunca sepas que tienes carga mental. Claro, a mí eso me chocó mucho y me pareció muy interesante tratar este asunto.

Me llama la atención el ejemplo que pones en el libro acerca de la carga mental, que es todo el trabajo invisible que se realiza para organizar la vida (además de hacer la compra, pensar que hay que hacerla y hacer una lista para ello, por ejemplo) y el supuesto reparto igualitario de tareas en las parejas heterosexuales, esto de que el hombre cambia las bombillas y la mujer cocina y sin embargo, las bombillas no se cambian a diario pero sí comemos a diario, por lo que el reparto es realmente muy desigual…

Claro, es que como sociedad e incluso a nivel personal todavía pensamos que repartimos las tareas de manera igualitaria, pero es que las estadísticas hablan, y son contundentes, y las mujeres hacemos mucho más. El 95% de las mujeres que son madres se ocupan de sus hijos y de sus hijas y sin embargo solamente lo hacen el 68% de los hombres. ¿Esto qué supone? Que tú como mujer no te queda otra si eres madre, no lo puedes decidir, pero si eres hombre puedes decidir tu nivel de intervención. Y en las tareas domésticas, igual. Las mujeres, por sistema, hacemos las cosas y ellos si quieren pueden ayudar, esa palabra tan horrorosa, porque tendríamos que hablar de corresponsabilidad, ya que si lo está haciendo por su propio beneficio no es ayudar, es una responsabilidad que es suya también.

Una de las cosas que más me llama la atención en ambos libros es tu utilización del lenguaje inclusivo sin caer en el desdoblamiento constante que supone decir hombres y mujeres o hijos e hijas. ¿Por qué es importante? ¿Qué podemos hacer para no desgastarnos y que el lenguaje inclusivo sea compatible con la economía del lenguaje?

Yo reconozco que es un tema complicado y que cuesta y que a muchas personas les daña el oído el lenguaje inclusivo, pero es que lo que no se nombra, no existe. Tenemos que empezar a usarlo, aunque nos chirríe. Yo muchas veces, cuando hablo de criaturas en lugar de hijos o hijas, mucha gente me dice que parece que estoy hablando de gremlins, y no, criaturas son niños o niñas, tenemos que empezar a normalizar palabras que abarquen los dos géneros, porque los desdoblamientos, cuando no nos queda de otra, pues están muy bien, pero cuanto mejor sepamos usar el lenguaje en este sentido, yo creo que mejor. Es verdad que la economía del lenguaje es fundamental, pero cuando choca con la ocultación de la mitad de la población, pues a lo mejor ya no se puede hacer tanta economía del lenguaje, hay que hablar un poquito más. La economía del lenguaje está muy bien siempre que no se oculte a una parte de la sociedad, y en este caso, nuestro idioma tal y como se usa generalmente con el masculino genérico, oculta a la mitad de la sociedad, así que hay que repensársela también. Yo creo que es el momento de forzar el lenguaje un poco para que empiece a ser inclusivo, al final se va a normalizar.

En el marco de esta necesidad de visibilizar lo invisible, Educar en el feminismo habla de la importancia de reconocer referentes femeninos, mujeres que han sido exitosas en diferentes campos y que han sido silenciadas, para que puedan servir de modelo a las nuevas generaciones. ¿Qué es el Test de Bechdel, del que hablas en el libro?

Lo sacó una mujer que escribía cómics y empezó a usarlo en los cómics y luego esto se trasladó al cine. El test de Bechdel lo que pretende es visibilizar cómo en las películas normales y comerciales que vemos continuamente, el papel de la mujer es completamente secundario, incluso si es protagonista. Esto se hace a través de tres filtros: tiene que haber al menos dos personajes femeninos con nombre propio, esos dos personajes femeninos tienen que tener una conversación entre ellas y esa conversación no debe ir sobre ningún hombre, ni siquiera un padre ni un hijo, tiene que versar sobre otro asunto. Esto lo que hace es visibilizar muy bien cómo los hombres, cuando tienen un argumento o una trama en una película o en un libro incluso, viven todas las cosas, les ocurre absolutamente de todo. Sin embargo, aunque pueda haber muchas mujeres en las películas, muchas veces no tienen ni tramas ni argumentos propios, porque una mujer que no habla con otra mujer y que no habla de un tema que no sea de hombres no tiene una trama propia. Es como si las mujeres en nuestra vida cotidiana no hablásemos de otra cosa que no fuesen los hombres.

Lo que esto visibiliza es que el cine no nos representa, porque no representa cómo son las mujeres realmente, porque al final, si sólo están hablando de amor, o de su padre, o ni siquiera tienen una conversación entre ellas, o ni siquiera tienen nombre propio, no es ni siquiera una individua, ¿qué somos?

Precisamente sobre la relación entre las mujeres hablas en Educar en el feminismo en torno al concepto de sororidad, que viene a ser un equivalente de la camaradería entre hombres. ¿Por qué es tan importante? ¿No es complicado ante comportamientos como los de Cristina Pedroche, que reivindica su derecho a ir prácticamente desnuda para dar las campanadas o Paula Echevarría que dice que no es machista ni feminista como si los términos fueran antagónicos?

Sí, entiendo lo que me dices, he leído muchas veces en redes esto de "la sororidad se me está haciendo bola". Claro, hay veces que cuesta mucho, pero a pesar de eso, y esto ya te hablo a nivel personal, yo me reservo el atacar a una mujer, independientemente de lo que haya hecho. Puedo estar de acuerdo o no, pero hasta ahí. Yo al menos así concibo la sororidad: todas necesitamos un proceso, algunas conseguimos llegar al feminismo y otras no, y no pasa nada, pero también es respetable y, sobre todo, es importante no cargar más contra las propias mujeres que contra los hombres, que es algo que a veces pasa, yo desde luego no lo voy a hacer. Hay un nivel de exigencia entre nosotras excesivo, yo tampoco soy perfecta. Yo creo que hay que relajarse un poco. Cristina Pedroche es muy libre de hacer lo que le dé la gana, otra cosa es que diga que lo que ella hace es feminismo, no es desde luego el feminismo que yo defiendo, pero ella es perfectamente libre de hacer lo que le parezca. Yo creo que la sororidad consiste un poco en que las mujeres respetemos nuestras decisiones. Otra cosa es que enarbolemos la bandera del feminismo cuando no hay que hacerlo, pero independientemente de esto, bueno, pues siempre hay mujeres que se equivocan y habrá que señalarlo, pero tampoco cargar contra ellas.

El feminismo que yo defiendo debe cargar también un poco contra las formas testosterónicas, es necesaria asertividad para decir las cosas de forma correcta, sin faltar al respeto a las opiniones de los demás. Paula Echevarría se puede equivocar, o no, diciendo cosas, pero tampoco es justo que le ataque todo el mundo, ni insultarla.

En nuestro entorno hay hombres que piensan que no son machistas porque tienen digamos asumidos determinados postulados del feminismo, y creen en la igualdad, pero luego hay una parte de su comportamiento que no es consciente, como la falta de asertividad o la invisibilidad de la carga mental, que les termina haciendo machistas casi a pesar de ellos mismos…

Bueno, es que yo no pienso que haya hombres que no son machistas, vivimos en un sistema patriarcal donde todo está impregnado de machismo, absolutamente todo, por supuesto que los hombres son machistas. A pesar de lo que se ha conseguido y todos los avances no vivimos en una sociedad que haya logrado apartar el machismo. Los hombres son los que tienen los privilegios y no van a renunciar a ellos de forma espontánea. Necesitan un proceso en el que se den cuenta de la injusticia del sistema y la importancia de cambiarlo.

Sí, pero se discute de masculinidades, pero no hay un movimiento importante, representativo, en este sentido, a pesar de que la masculinidad dominante es opresora para ellos también, y como dices en tu libro, si se desvían de esa masculinidad la sociedad les castiga más duramente incluso que a las mujeres, que pueden decidir libremente vestir pantalones o llevar el pelo corto, por decir algunos ejemplos un poco frívolos…

Es que tomar esa decisión y dar el paso de empezar a renunciar a sus privilegios no es fácil, ni siquiera es normal, la presión social hace mucho y al final el constructo social de lo que es un hombre no ha cambiado, a pesar de que nos parezca que sí. Cómo tiene que ser un hombre sigue siendo lo mismo. Queda mucho camino y es muy difícil porque está toda la sociedad en contra. Es verdad que en los últimos dos años se puede hablar de feminismo y ahora puedes hablar, pero eso no significa que la sociedad haya cambiado, sigue habiendo muchísimos tabúes y nuestros hijos e hijas siguen creciendo en una estructura completamente patriarcal con los mismos estereotipos. Esto no es una cosa de un día para otro y son tantas cosas las que generan desigualdades… Y es verdad que a los hombres el feminismo les va a traer muchas cosas positivas, una liberación de muchas cosas, pero por ahora no lo ven o les está costando verlo. Esto requiere de muchos años.

¿Por qué es machista la pornografía? ¿Puede haber un porno feminista o debe eliminarse de raíz?

No, yo no creo que pueda existir un porno feminista. Al menos no ahora en el sistema en el que estamos. Es como la prostitución y todos estos temas que incluso dentro del feminismo son muy polémicos. Yo soy completamente abolicionista de la pornografía, no creo que pueda haber una pornografía feminista, porque al final estás haciendo un producto para el mismo mercado, para dar placer al hombre heterosexual hegemónico. Para mí el porno que hasta ahora se ha llamado feminista no es viable. Y las mujeres que trabajan en pornografía son libres de hacer lo que quieran, y bueno, otro tema que yo trato en el libro es la falsa libre elección, yo ahí me reservo el pensar cuánto hay de libertad de dedicarse a la pornografía, pero como en tantos temas que involucran a las mujeres, como la prostitución, hay muchas cosas en las que hay que cuestionarse si las mujeres son realmente libres cuando toman determinadas decisiones, porque son decisiones que lo que hacen es alimentar al patriarcado.

Yo creo que llega un punto en el que la pornografía y todo lo demás, no solamente la pornografía sino muchas cosas que están alrededor, nos venden que el sexo es eso, que el hombre mete el pene en cualquier agujero de una mujer, en cualquier agujero que tenga a mano, y se olvidan por completo primero del placer de la mujer, y segundo de la comunicación, de la afectividad, de las caricias, de los besos… En el momento en que hay una parte de la sociedad que considera que esas son las relaciones sanas tenemos un problema importante, muy importante.

Es interesante, con toda la polémica reciente en torno a Lolita, de Nabokov, y otros libros, esto que mencionas en el libro: "No hay que versionar los cuentos tradicionales para dulcificarlos" y "la literatura sirve para removernos y ser políticamente incorrecta". ¿Qué hacemos con libros que claramente defienden o justifican cuestiones tan duras como una violación, la misoginia o el abuso de menores?

A ver, ahora hay muchas iniciativas que cambian los finales de los cuentos y a mí eso me parece bien, que haya muchas versiones de un mismo cuento. Por ejemplo, la Bella Durmiente en la versión de los Hermanos Grimm se despertaba porque se ponía de parto por la violación del príncipe cuando estaba dormida y Disney ya lo dulcificó bastante. Así que no pasa nada por ir adaptando los cuentos a la sociedad, pero yo considero que no está mal no olvidarnos de dónde venimos. Está bien que se hagan lo que se llaman obras derivadas, para hacerlas más inclusivas, más feministas, o menos machistas, pero no podemos olvidarnos de todo esto, de dónde venimos, etc. Tampoco hay que cambiarlo todo, sino tener presente qué era lo normal antes y ver lo que hemos avanzado. A mí me pasaba mucho que a mis hijas le gustaban historias pues como La Bella y la Bestia, que a mí me parece de los peores cuentos, y lo que he hecho es poner relevancia constantemente en que es la historia de una chica que es secuestrada y que ella se enamora del maltratador, que la Bestia es un maltratador. Lo que quiero es que se den cuenta de la verdad de la historia, que no la normalicen y que vean que la historia es una barbaridad.

En Libérate de la carga mental dedicas un epígrafe a la discusión sobre la lactancia materna. ¿No crees que de nuevo es poner presión sobre las mujeres -lactancia sí o lactancia no- cuando la discusión debería girar en torno a tener acceso a esa lactancia?

Claro, esa es la idea, haz lo que te funciones, pero en la práctica y en la realidad esto no ocurre así, hay presión por todos lados.

Bueno, hay presión, pero también es un poco ficticia, es verdad que el sistema público de salud es muy obsesivo con la lactancia, pero luego no hay ayuda de ningún tipo y no tienes flexibilidad para poder dar el pecho a tu bebé, sin apoyo de las empresas ni de la sociedad…

Sí, no te ayudan, pero te lo exigen. Y luego hay un entramado por encima de todo esto que es un lobby brutal que hace que se divida a las mujeres entre malas madres o madres no feministas, no hay un término medio. En el libro dedico un epígrafe a este asunto y es un epígrafe que me costó mucho, porque yo sé lo que supone hablar sobre la lactancia, porque he leído los artículos de Pilar Aguilar o de Beatriz Gimeno sobre este tema y cómo los comentarios tenían una violencia impresionante. De este tema parece que no se puede ni hablar. Yo sentía la necesidad de tratarlo, porque no estoy en contra de la lactancia materna, y eso quiero que quede muy claro, pero sí estoy en contra del lobby.

Ya, pero este es uno de los asuntos en los que las mujeres tenemos una falsa libertad, porque si la OMS te está recomendando que des el pecho de manera exclusiva hasta los seis meses pero a los cuatro te tienes que incorporar al trabajo es ridículo, es imposible que puedas dar el pecho y al final no tienes más remedio que meter biberones en algunas tomas… Esta cosa de dar a las madres, hasta los nueve meses, una hora de lactancia, es una tomadura de pelo. Realmente, aunque exista ese lobby, una gran parte de las mujeres trabajadoras no tienen libertad de ceder a sus presiones y sin embargo, tienes ahí a la industria farmacéutica también presionando para que compres fórmula…

Bueno, yo sinceramente, a mí el lobby farmacéutico no me presionó absolutamente nada, yo donde sentí la presión fue del lobby de la lactancia materna, a mí no vino ninguna empresa farmacéutica a decirme que usara la leche de fórmula y sin embargo tuve matronas, ginecólogas, pediatras, etc, que insistían, insistían e insistían en que diera el pecho. Y luego, el entorno, los libros de maternidad… Todas las referencias. Yo lo cuento en el libro que cuando fui madre de inicio no quería dar el pecho porque pensaba que el biberón se lo puede dar cualquiera, no me exige un sacrificio adicional a mí que me haga dedicarme en exclusiva a la alimentación, pero sentí tanta presión que llegué incluso a intentarlo. Al final, sientes presión por todo.

Sí, eso también. Cuando eres madre se te critica hagas lo que hagas, una cosa y la contraria siempre están mal. Tiene que ver mucho con lo que decías al principio de lo críticas que somos entre las mujeres.

Sí, tienes razón, es cierto que deberíamos relajarnos en eso. Ya bastante dura es la maternidad, ya bastante dura es la crianza, como para que encima se le añadan cargas encima, cuando además las madres por norma general lo intentamos hacer lo mejor que podemos. Yo considero que tenemos que ser libres, y ejercer la maternidad como nos dé la gana, pero también repensar las decisiones que tomamos. Es una pregunta que lanzo de verdad, sin ser condescendiente: ¿de verdad vamos a conseguir justicia social e igualdad si sólo somos nosotras las que cuidamos, las que alimentamos, las que criamos? Y además, ¿por qué los padres se van a perder todo esto? ¿Hasta qué punto esa maternidad intensiva que nos venden, con colecho, con lactancia materna, hasta qué punto todo esto nos está beneficiando como sociedad?

Claro, pero no hay que olvidar el marco en el que nos movemos. Además de la legalidad y la falta de flexibilidad de las empresas para la maternidad y paternidad, la invisibilidad absoluta que hay de las criaturas (no puedes ir a ningún sitio que no sea un parque con un bebé) y de los cuidados, en general…

Ya, pero el problema no es que una mujer vaya a una reunión con un bebé, yo lo empezaré a ver normal cuando sean los hombres quienes los lleven también. El problema es que siempre somos nosotras y a mí eso me choca, y por ahí no paso. Porque no. Porque eso es algo que al final, nos guste o no, es lo que nos está estigmatizando. Esto es lo que está haciendo que la brecha salarial sea la que es, que los puestos de responsabilidad estén ocupados en un 90% por hombres y no por mujeres. Todas las desigualdades y las injusticias sociales, parte de ellas, vienen por el trabajo de cuidados y el trabajo doméstico que asumimos nosotras, porque no tenemos tiempo para nada más porque seguimos siendo responsables de ellos. Entonces, hasta que los hombres no tengan la misma responsabilidad exacta en el trabajo de los cuidados no vamos a alcanzar igualdad fuera del hogar. Para encontrarla fuera, primero hay que tenerla dentro. Para que en la sociedad seamos iguales de verdad primero tenemos que ser iguales en cuestión de responsabilidades dentro de casa.

A mí la duda que me surge es si eso es compatible con el sistema capitalista. Tú dices en el libro: "La sociedad consumista está montada para perpetuar estas desigualdades". No hay respuesta amplia de parte de los políticos que dé solución a todo eso, a los cuidados y a la maternidad y paternidad, más allá de los permisos laborales retribuidos… ¿Es posible el feminismo y otros asuntos derivados, como la conciliación, en un sistema capitalista?

Sí, estoy de acuerdo, hay que repensar el sistema laboral. Hay que repensar cómo funcionan las empresas, el presencialismo, el trabajo por objetivos, hay un montón de cosas que hay que repensarse. Yo hago referencia a un libro muy interesante, que se titula ¿Quién le hace la cena a Adam Smith?, de Katrine Marçal, que habla un poco de cómo le llega el filete a la mesa a Adam Smith. Él, cuando teoriza sobre el sistema productivo, empieza a enumerar todos los trabajos que han hecho posible que su filete llegue ahí, pero no sabemos por qué, el momento en el que su madre lo compra (Adam Smith vivió siempre con su madre), lo cocina y se lo sirve en un plato en la mesa no lo cuenta, y no le parece un trabajo. Ahí se acabó todo, porque ahí ha invisibilizado una parte de la cadena. El sistema capitalista ha hecho desaparecer toda esa esfera fundamental e imprescindible, y claro, ¿quién hace ese trabajo? Las mujeres.

Precisamente en el libro también mencionas que las medidas más utilizadas para favorecer una vida personal compatible con la laboral (o lo que tradicionalmente se conoce como conciliación), como reducciones de jornada o flexibilidad en horarios, teletrabajo, etc suelen ser beneficiosas para las empresas y mencionas diferentes ejemplos reales en este sentido, de empresas actuales que las han implementado y que les ha funcionado y ha subido su productividad, ha bajado el ausentismo y ha fidelizado a sus trabajadores y trabajadoras. ¿Por qué son entonces las empresas tan reacias a adoptarlas y se continúa machacando a trabajadores y trabajadoras con el trabajo presencial?

Este tipo de cosas cuesta mucho cambiarlas, se necesitan muchos años para que la gente empiece a concienciarse, no es algo que pueda ocurrir de la noche a la mañana. Se necesita mucho tiempo para que la sociedad cambie. Estamos en ello, creo que vamos por buen camino, pero hay que repensarse muchas cosas. Yo creo que efectivamente tiene que haber guarderías gratuitas de cero a tres años, pero no sólo, porque las personas no solamente tenemos que trabajar, yo solamente quiero dejar a mi hijo o hija en una guardería porque tengo que ir a trabajar, es que también quiero hacer otras cosas durante unas horas. Por lo tanto, independientemente de cómo esté organizado el trabajo, o cómo esté el terreno laboral, yo sigo necesitando mi espacio para ser una persona, cualquiera, por eso es importante darnos cuenta de que no es sólo por trabajar, no es sólo para salir al mercado laboral, para dar dinero a las empresas y ser productivos, también es para tener vida. Hay personas que no tiene gente a la que cuidar pero sigue teniendo una vida igual de provechosa y es necesaria esa flexibilidad.

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Los tres de… Iria Marañón

Tres películas/series: Frances Ha (dirigida por Noah Baumbach, 2012); Mujeres del siglo XX (dirigida por Mike Mills, 2016) y El porvenir (dirigida por Mia Hansen-Løve, 2016).

Tres programas de televisión: El Intermedio (La Sexta), Salvados (La Sexta) y El Objetivo (La Sexta).

Tres canciones: Je veux, de la cantante francesa Zaz, Just in time, de Nina Simone y Heroes, de David Bowie.

Tres libros: El verano sin hombres (Siri Hustvedt, Anagrama, 2011); Un cuarto propio (Virginia Woolf, 1929) y Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección (Ana de Miguel, Cátedra, 2015).

Tres referentes: Mi madre y las escritoras Kate Millet y Viriginia Woolf.

Tres momentos históricos: Pues mira, te voy a decir tres momentos del feminismo: cuando la mujer tuvo derecho al voto en España, durante la Segunda República, la aprobación de la ley del aborto y la legalización del matrimonio homosexual.

Tres lugares para visitar: Islandia, que es un país extraordinario para la igualdad, París y Madrid.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

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