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Paul Mason: "El fracaso de la izquierda es no haber sido capaz de generar un discurso positivo de futuro"

Periodista económico, escritor y asesor del Partido Laborista británico, su último libro explica por qué el capitalismo está feneciendo y propone un sistema económico alternativo.

Por Ángeles Castellano

Paul Mason (Leigh, Reino Unido, 1960) vivió su adolescencia entre las manifestaciones contra el thatcherismo que desmanteló la sociedad en la que él había crecido. Aquella primera experiencia social (y personal, su padre era minero hasta que desmantelaron la industria y tuvo que reconvertirse en camionero) formó su pensamiento y su conciencia social. Fue profesor de música hasta los 30, cuando decidió reconvertirse como reportero económico. Cubrió todas las crisis desde el atentado de las Torres Gemelas (el corralito argentino, Enron, la crisis del 2008) para grandes medios de comunicación británicos como la BBC y Channel 4. En dichas experiencias fraguó su libro Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro (Paidós, Barcelona, 2016), que explica el fin del capitalismo y propone un sistema alternativo pensado desde la izquierda. En los últimos años, Mason es asesor del Partido Laborista británico y firme partidario de su candidato actual a la presidencia del Gobierno de dicho país, Jeremy Corbyn, pero además, se dedica a asesorar a políticos de izquierdas de todo el mundo además de continuar con su trabajo de divulgador, periodista y escritor. La entrevista con Consumerismo tiene lugar a finales de noviembre en Madrid, a donde acude a participar en un taller sobre postcapitalismo organizado por el Centro de Estudios del Museo Reina Sofía. Entusiasta en la conversación, directo y determinado, Mason es optimista y ve el futuro como una oportunidad para alcanzar una mayor justicia social.

¿Qué es el postcapitalismo?

Vamos a empezar con qué es el capitalismo. Es un sistema basado en el mercado y, por primera vez en la historia, un sistema económico que se basa y es empujado por la innovación tecnológica. Durante miles de años, cuando la productividad de la tierra crecía, el número de personas crecía, pero el ingreso por persona se mantenía estático. Ahora sabemos, por proyecciones, que esto ha sido así durante toda la historia. Y sin embargo, hace doscientos años empezamos a tener fábricas, máquinas de vapor y de repente la productividad humana despega, y esto es bueno. Y como Karl Marx, yo estoy fascinado y entusiasmado por el capitalismo. Pero el capitalismo tiene dentro un mecanismo de supervivencia que implica que cuando un trabajo antiguo es suprimido por la automatización, se crean trabajos nuevos. Así ocurrió por ejemplo en mi ciudad, que es una ciudad dedicada al hilado de algodón, donde empezaron con ocho husos de algodón por máquinas y en diez años eran 128 husos por máquina, así que la fuerza de trabajo se encogió. Normalmente lo que ocurre es que el capitalismo crea nuevos trabajos, nuevas necesidades, nueva tecnología que cuesta más producir y esto lleva a un crecimiento económico. El problema específico que tenemos actualmente con la tecnología de la información -aunque yo no veo esto como un problema, sino como una oportunidad enorme- es que interrumpe eso. Ya no vemos al capitalismo crear nuevos trabajos, crear nuevos bienes caros y cada vez más sofisticados de producir que necesitan trabajadores especializados para hacerlos. La tecnología de la información hace que todo sea barato de producir, a veces incluso se produce gratis, y en lugar de crear nuevos trabajos, tiene la posibilidad, insisto en que es una posibilidad, de destruir, a mediados del siglo XXI, la mitad de todos los trabajos. Así que tenemos esta situación de ruptura. Lo que yo sostengo con el término postcapitalismo es que, dada esta situación, tenemos la posibilidad de mirar más allá de una economía basada en la escasez y en la alta carga de trabajo y en su lugar buscar la posibilidad de la abundancia y poca carga de trabajo. Esta es la tesis del postcapitalismo.

Desde 2008, el modelo de capitalismo que tenemos, que llamamos neoliberalismo o economía de libre mercado, ha ido trasladado a la UCI por las élites gobernantes. Los bancos centrales del mundo han tenido que imprimir el equivalente a 20 billones de dólares para mantenerlo funcionando. Y sin embargo, si miras a tu alrededor, la economía no está mal: este hotel donde estamos no está mal, las calles de alrededor están llenas de pequeños negocios a los que les va bien... Pero lo que nadie puede responder es cómo conseguimos que la vida mejore sistemáticamente para la próxima generación. De hecho, el mensaje de quienes están en el poder es “va a ser así siempre, pero un poco peor”.

En otras palabras, la gente ha dejado de poder conectar el progreso tecnológico con el progreso social y, por lo tanto, lo que yo argumenté cuando mucha gente estaba cubriendo la crisis de 2008 y sus consecuencias simplemente como un evento aislado es que este aspecto único de la tecnología de la información que es el de destruir valor produce una inmensa cantidad de cosas útiles, pero no con valor comercial, y esto significa que el sistema financiero actual está básicamente basado en hacer una apuesta muy arriesgada, que todo el dinero que estamos recibiendo prestado hoy, 250 billones de dólares entre compañías, individuos y estados, no puede ser devuelto. Tenemos pequeñas cantidades, podemos seguir imprimiendo dinero, pero en el largo plazo no es sostenible y tenemos que movernos hacia un conjunto de instituciones diferente, un conjunto diferente de normas. Un emprendedor que sale de la universidad con un MBA y piensa en qué tipo de negocio debe empezar, va a buscar las áreas más rentables, y ahora mismo lo hace en la restauración o en construir apartamentos de lujo en los que nadie va a vivir pero que los saudíes van a comprar, o – y esto es muy común- en trabajar para una compañía que tiene una garantía, un respaldo del Gobierno. El Gobierno se ha convertido en un creador de beneficio a través de la concesión de contratos al sector privado. Yo quiero al menos dar señales para que alguien que salga de la universidad quizás piense una de dos: vamos a movernos a un área del capitalismo con más riesgo, como la edición genética, que no es ni siquiera legal, esto es, vamos a invertir en una ciencia increíble que tendrá desarrollo en el futuro, o vamos a montar una cooperativa de limpieza, o de seguridad o de personal de hotel. Estos dos impulsos podrían alimentarse mutuamente: un emprendimiento basado en tecnología arriesgada y emocionante en paralelo con cooperativas sociales estables, cooperativas de crédito o servicios municipales.

Es este espacio intermedio el que no veo muy dinámico. No digo que el capitalismo no es dinámico, lo que digo es que la próxima fase del capitalismo tiene que ser socialmente mucho más justa y lo más importante para mí es que en esta próxima fase hay que comenzar a implementar el principio de una transición hacia algo más allá del mercado. Así que necesitamos reformas institucionales para que las cooperativas tengan impulso, para que las cooperativas de crédito tengan impulso, que nadie pueda comprar vivienda social, privatizarla y especular con ella. Todo esto, junto, nos va a llevar a confiar más en la economía de persona a persona (peer to peer), la wikieconomía, una economía que no esté basada en el mercado. Estamos rodeados de cooperativas, ayer me enteré de que hay 800 organizaciones sociales en Madrid del tipo de cooperativas, huertos comunitarios, fab labs (talleres de fabricación digital de uso personal)… ¡Ochocientos! Estamos rodeados por los inicios de una nueva economía, por lo que mi contribución al debate es: vamos a liderar esta nueva economía y a abandonar la economía de salarios bajos y alta explotación del trabajo.

Mason sostiene que la economía ha dejado de poder conectar el progreso tecnológico con el progreso social. | Imagen: Marta Jara (eldiario.es) (CC BY-SA 3.0 ES).
Mason sostiene que la economía ha dejado de poder conectar el progreso tecnológico con el progreso social. | Imagen: Marta Jara (eldiario.es) (CC BY-SA 3.0 ES).

 

¿Y quién va a liderar esto? Porque no parece que los políticos estén trabajando en esa dirección, más bien parece lo contrario, con el ascenso del populismo y los partidos de extrema derecha, incluso en España donde parecía poco probable…

Sí, el ascenso de la extrema derecha en España teniendo tantos nostálgicos de la Falange en el PP realmente es una hazaña (risas), pero hablemos de la derecha primero. La razón por la que la gente esté siendo impulsada hacia la derecha es, en primer lugar, por el fracaso del discurso. Han colocado a la economía de mercado en la UCI, pero el discurso no puede mantenerse en la UCI, y si el Gobierno dice: "miren, esto va a seguir así para siempre", con un crecimiento realmente bajo y mala calidad de vida, la gente busca otro discurso. El fracaso de la izquierda es no haber sido capaz de generar un discurso positivo de transición hacia el futuro. Esto es lo que he tratado de hacer con mi libro. He observado los movimientos de la izquierda, que se han quedado en el "un no y muchos síes", cuando necesitamos un sí también, y el sí no significa que me tengas que obedecer a mí, el sí es simplemente una transición de 50 a 100 años a una sociedad de baja carga de trabajo y una sociedad verde.

El fracaso de la política democrática ha sido no saber trasladar una solución a la gente normal. En los 30 había un sistema quasi global, el patrón oro, que se hundió porque una élite nacional detrás de otra dijeron "vamos a salvarnos nosotros, el resto puede morir" y creo que esto es lo que va a empezar a ocurrir ahora, la ruptura de la globalización. No estoy tan preocupado por Vox, o AfD en Alemania y los pequeños partidos de extrema derecha en el resto de Europa, yo estoy preocupado porque el conservadurismo está enfrentando un dilema: o bien vas a elegir el capitalismo liberal o vas a ir con estos tipos. Y creo que esa elección, por ejemplo, se está viendo en Andalucía, donde el Partido Popular ha empezado a hablar de una alianza con Vox, que sería un gran error para ellos, porque no hay futuro en un capitalismo en el que las élites nacionales rivales luchan unas contra otras. Es verdad que la UE es una institución fallida, pero puede ser rescatada y, por lo tanto, por más que me desagradan las políticas del PP y Ciudadanos, yo diría que una de las grandes batallas para gente como yo es que la izquierda ofrezca el centro, una alianza que consiga enganchar también a la derecha, y esto requiere de compromiso. Incluso aunque el compromiso implica, ya sabes, que nunca va a haber un acuerdo entre PSOE, Podemos y PP en asuntos como propiedad del Estado frente a privatización, pero podría haber un acuerdo sobre impulsar las cooperativas o sobre permitir las cooperativas de crédito, porque después de todo, las cajas de ahorro, aunque fracasaron, eran en origen una forma innovadora de financieras con una orientación social; las finanzas neoliberales las invadieron, las llenaron de grandes cantidades de dinero y después las llevaron al colapso. Para mí, una economía de transición mixta tendría que implicar organizaciones como las primeras cajas de ahorro, y por lo tanto, tenemos que luchar mientras podamos en lograr un acuerdo, y vamos a acordar resistir a la extrema derecha y en mi opinión esto es lo que está enfrentando la política europea en su conjunto.

¿Cuáles son en su opinión las acciones urgentes que hay que iniciar en ese periodo de transición?

Primero tenemos que acabar con los monopolios tecnológicos. Parece que es imposible, pero ahora ya tenemos la regla de que haya al menos cuatro bancos para que puedas elegir, al menos cuatro empresas de contabilidad, y yo estoy feliz de subir a un avión que ha elegido entre cuatro fabricantes de motores a reacción rivales, aunque tengan participación de propiedad entre ellas y compartan tecnología, porque la competencia en el capitalismo es esencial. Y sin embargo, no podemos imaginarnos cuatro Facebooks, pero yo quiero que los gobiernos imaginen cuatro Facebooks, o diez, para que sea como cuando vas a un cajero automático a retirar dinero. Tú no sacas dinero de un cajero de tu banco, el cajero es una interfaz entre tú y tu banco y detrás del cajero hay cinco o diez bancos. Pero para esto necesitamos legislación y un puñetazo en la mesa.

En España parece que se está yendo justamente en dirección contraria. De hecho se acaba de aprobar una reforma de la ley de protección de datos que legaliza que los partidos políticos puedan rastrear los datos de la ciudadanía y elaborar ficheros en función de la ideología que se deduce de esos datos que están en internet…

Pero tenemos que vencer la resistencia. Lo peor es que el regulador real de Facebook es la Comisión Europea y no tiene ninguna intención de romper el monopolio, ha aprobado una ley que dice que Facebook debe pagar impuestos. Finalmente, después de quince años, una de las mayores empresas del mundo va a pagar impuestos… Las resistencias están ahí, pero tenemos que romperlas. Las empresas saben que su futuro depende de ser capaces de usar y manipular los datos de la gente real, identificar a la gente real, y creo que el Estado debería crear una institución que sea un registro oficial de identidad digital, igual que ocurre para votar, por ejemplo, que tengo que estar registrado y estoy feliz de hacerlo, o para pagar impuestos locales también tengo que registrarme y así tengo acceso al servicio de basuras, agua corriente y servicios de saneamiento, y ahí estoy ofreciendo parte de mi información, pero no quiero que la información que quede registrada sea cuáles son mis relaciones, cuál es mi salud, etc. Sin embargo, el futuro de la inteligencia artificial y el big data pasa por ceder cierta información a un registro central para poder usar el poder de la gran tecnología. No quiero que lo posea el Estado, pero desde luego lo que verdaderamente no quiero es que lo posea Facebook, Google, Amazon y Apple. Así que es necesaria la creación de un registro de identidad digital, de propiedad pública pero separado del Estado y a partir de ahí, se nos permite usar cualquier tipo de tecnología -y el ejemplo es blockchain (un sistema que permite compartir bases de datos cifradas)- para dar o revocar un permiso continuamente. Porque el peligro real y las empresas de tecnología lo saben es… Déjame ponerte un ejemplo, un paciente de hospital que accede a participar en una prueba de riñón. Google toma muestras de diferentes pacientes y las analiza y esto puede generar mucho bien, puede indicar al paciente que puede tener complicaciones más adelante, o que está bien de salud y no tendrá problemas y puede continuar con sus hábitos de vida aunque sean poco saludables, pero en veinte años esa misma muestra puede ser utilizada para saber el día en el que va a morir o puede ser utilizada por una aseguradora para negar cobertura médica a ese paciente y aunque en esta industria las empresas saben que si todos sus usuarios dijeran que se van estarían muertos, incluso si una empresa tiene problemas y Facebook tiene problemas ahora mismo, recuérdalo, tiene grandes problemas, siempre habrá otra empresa que pueda hacerse cargo de esa tecnología. Y si Facebook desaparece podría hacerse cargo una de las mayores compañías de seguros de vida, que tienen capital para rescatar Facebook y desde luego que tienen interés en saber cuál es nuestro estilo de vida, nuestros hábitos, nuestras relaciones, etc. El gran problema es que no hay protección para los usuarios para que esto no ocurra, si quisieran, podrían hacerlo, no hay ninguna ley en EE UU o Europa que impida que esto ocurra. Es por esto por lo que necesitamos crear este registro de identidad digital, separado, que utilice la tecnología blockchain o incluso permisos más sencillos y a partir de ahí puedo tener los beneficios de ceder mis datos pero también tengo el derecho a revocar los permisos en el momento que yo elija.

Una de las medidas que propone para el postcapitalismo en su libro es la renta básica universal. ¿Cómo va a funcionar?

No soy un fetichista de la renta básica universal, en mi opinión está ahí para lograr un objetivo y el objetivo es lograr una automatización rápida de la sociedad, que permita a las personas dejar de depender del trabajo para su subsistencia. Yo la vendería a la ciudadanía como un subsidio único para lograr una rápida automatización de la sociedad. Y el objetivo es reducir el número de horas de trabajo. Para lograrlo hay que subir los impuestos, para proporcionar un flujo regular de ingresos. Ya sabemos cómo hacerlo, porque así es como funciona el sistema público de pensiones. No sé cuánto es la pensión mínima de jubilación en España…

Creo que está alrededor de 600 euros…

Vale, entonces supongamos que la gente cobra 500 euros al mes, esto es seis mil euros al año, bastante parecido a lo que ocurre en Gran Bretaña. Ya sabemos cómo hacer, a través de los impuestos, para garantizar que la gente cobre seis mil euros al año, pero tendríamos que extenderlo a una cantidad mucho más amplia de población, lo que implica más impuestos. Pero el beneficio sería, en mi opinión, que crearía espacio en las vidas de las personas, de tal manera que trabajarían cuatro horas al día, o tres o cuatro días a la semana, y a cambio participarían más activamente en la producción cultural, y todo esto produce un valor extra para la sociedad. Además, tenemos, al menos en EE UU y en Gran Bretaña, a personas afectadas por enfermedades que tienen que ver con la pobreza, y si tienes garantía de poder recibir 6.000 euros al año -yo no empezaría en seis mil, yo empezaría en dos mil e iría subiendo- tienes la garantía de que no te vas a morir de hambre y tienes espacio para actuar, porque esto significa también menos coacción en el sistema de ayudas públicas para los más necesitados. Estamos gastando miles de millones en coaccionar a la gente para que vayan a entrevistas de trabajo para un estúpido empleo que nunca va a conseguir. Olvídate de todo eso y dales directamente el dinero y sí, eso implica deshacerte de muchos empleados públicos que se dedican a hacer las entrevistas y a filtrar a los pobres para que puedan recibir las ayudas, es cierto, y habrá gente que diga "oh no, no queremos hacer eso", pero hay que tener claro que muchos trabajos van a desaparecer durante el siglo XXI, incluyendo entrevistadores de gente pobre que parecen de la Gestapo.

También es importante que, en una sociedad con un estado del bienestar real y, seamos honestos, España no es un país con un gran estado del bienestar, usemos mejor como ejemplo Los Países Bajos, o los escandinavos, sería mucho más sencillo hacer esto ofreciendo servicios básicos universales, porque el valor de recibir seis mil euros al año de ingresos no iguala el valor de tener sanidad gratuita, educación gratuita, transporte gratuito o un lugar para vivir garantizado por una renta asumible. Para mí estos son los cuatro primeros avances del postcapitalismo. El antiguo estado del bienestar decía "vamos a dar a la gente un poco de servicios sanitarios para sobrevivir en el capitalismo" y yo lo que digo es vamos a inyectar habitabilidad, capacidad de supervivencia en la vida de la población para que puedan trabajar menos y podamos automatizar más y la precariedad en la que vivimos, que es horrible en este momento, especialmente para la gente joven, se transforme de hecho en un beneficio, porque tienes la opción de decir: no quiero ir a trabajar hoy, o voy a trabajar de noche pero luego voy a dormir durante dos días -esto le encanta a la gente joven-. La renta básica o los servicios básicos, no importa, pagados a través de los impuestos, es necesaria porque el mercado, al final de la transición al postcapitalismo, quizás dentro de cien años, no será lo suficientemente grande para financiar el nivel de servicios públicos que tenemos, que tendrían que ser ofrecidos gratis entre personas, como ocurre ahora con Wikipedia o Linux. Pero la gente podría quizás dedicarse a eso y trabajar en una producción cultural y social que no tiene valor de mercado si podemos garantizarle un ingreso o una manera de vivir que le permita tener sus necesidades cubiertas.

En política hay poco entendimiento de que esto vaya a ocurrir, yo estoy tratando de llamar la atención sobre esto, pero no soy el único, hay mucha gente que entiende esta dinámica, aunque no le llamen postcapitalismo y hay quienes piensan que no va a ser una transición problemática. Yo no, yo creo que va a haber una gran dificultad, pero en una ciudad como Madrid ya existe un sector postcapitalista, esto es lo que significa tener 800 proyectos sociales. Además, cada negocio en la ciudad interactúa con Wikipedia, pero esto no aparece reflejado en la contabilidad de ingresos y gastos porque es gratis. También utilizan estándares técnicos que son gratis. Lo que necesitamos son políticos que trabajen con el capitalismo pero que vean el potencial de estos servicios gratuitos, tiempo libre, etc.

Paul Mason cubriendo la crisis en Grecia. | Imagen: DTRocks (Wikpedia.org) (CC BY-SA 4.0).
Paul Mason cubriendo la crisis en Grecia. | Imagen: DTRocks (Wikpedia.org) (CC BY-SA 4.0).

 

El problema es que ningún político está pensando en el largo plazo, sólo piensan en ganar las siguientes elecciones y esto no deja margen de acción.

No, no están pensando en el largo plazo. Es interesante que España sea uno de los pocos países en el que no ha despegado aún ningún partido verde. Y sin embargo es algo que va a suceder, España ya está enfrentando catástrofes naturales continuas por los desafíos del clima. Es algo que creo que tiene que ocurrir. En primer lugar, yo creo que Podemos lo entiende un poco, pero el problema es que están atrapados en las políticas del Congreso. Pero si analizas su último programa, que contiene alrededor de 200 puntos, hay algunos asuntos que se pueden encajar en la agenda del postcapitalismo y yo personalmente me siento más cercano a esa parte. Lo realmente interesante para la izquierda, y ahí incluyo a todos los partidos de izquierda incluidos los nacionalistas, es que tarde o temprano la gente joven va a entender que las catástrofes naturales provocadas por el cambio climático están aquí y en ese momento la pregunta clave será qué clase de economía queremos, porque no se trata solo de instalar paneles solares, tienes que crear una economía diferente, basarla en el reciclaje, olvidarte del petróleo e instalar una industria de cero emisiones. La ecología es una palabra genial que incluye, para mí, emular pequeños ecosistemas. Hay que tender a sistemas de menor escala, porque un sistema pequeño puede sobrevivir mejor que uno grande, que es más frágil a veces. Manuel Castells, sociólogo, estudió en Cataluña después de 2008 cómo la gente creó pequeñas redes para sobrevivir. Esto es lo que la población de las ciudades van a tener que hacer, de dónde procede la energía, de dónde procede el agua, ahí es donde se ha empezado a innovar y la política tiene que responder. Mi mejor suposición es que o bien surge un partido verde o los partidos tradicionales se comienzan a fracturar en función de la ecología. Y en esa fractura se puede introducir el debate sobre los tipos de propiedad y regulación de la tecnología.

¿Por qué es tan complicado imaginar el futuro?

En los años 90 las élites se convencieron de que dos cosas se habían convertido en algo permanente: la economía de libre mercado y la democracia. El libro de Francis Fukuyama El fin de la historia es una explicación muy clara de esto, aunque incluía matices, pero la base es que la democracia liberal y el capitalismo del libre mercado han logrado la perfección y no es posible nada más. Millones de personas recibieron formación en la universidad bajo esa premisa, yo voy a escuelas de élites políticas, económicas o de funcionarios públicos en Oxford, o aquí en España, donde se enseña que estas son las reglas del sistema, como si el sistema no hubiera cambiado nunca en el pasado. Soy un historiador de la economía, conozco el auge y caída de los monopolios, el auge y caída de los estados corporativos, no es una sorpresa para mí que el capitalismo de libre mercado esté comenzando a hundirse, pero nadie puede entender cómo podría ser el futuro porque durante un siglo la única alternativa ha sido el socialismo soviético, que yo rechazo. Tenemos que enseñar a la gente a imaginar cómo va a ser el futuro, tenemos que darles herramientas. Mi libro es para gente que quiere tener esa discusión, no es un libro que coges de la estantería y puedes leer rápido durante media hora, quizás debería haber escrito otro de este tipo, pero a lo que dedico ahora mi vida es a hablar con políticos que vienen a mí a preguntarme qué podemos hacer. He estado en Alemania, en Corea del Sur estuve en una gran conferencia sobre inteligencia artificial -y Corea del Sur es sin lugar a dudas el país capitalista que está liderando el desarrollo de inteligencia artificial en el mundo- y lo que las élites de estos países buscan, en mi experiencia, es respuestas. No están sentados esperando el fin de la historia, están buscando respuestas desesperadamente. Y yo estoy realmente comprometido con las respuestas que doy.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

* La foto del encabezamiento es de paulmasonnews.com.

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