Tecno

'Fake news': la verdad, amenazada

Las complicaciones sobre la existencia de nuevos 'gatekeepers' y el debate sobre la libertad de expresión cuando atañe a la mentira, entre otras muchas cuestiones, están sobre la mesa y muy lejos de resolverse.

Por Miguel Ángel Uriondo

Terry Pratchett: "Digamos que me hago llamar el Instituto de Algo o de Otras cosas y decido promover un tratado espurio en el que se dice que los judíos fueron los responsables de la Segunda Guerra Mundial y que el Holocausto nunca sucedió. Y sale a internet y está disponible como cualquier investigación histórica que ha sido sometida a evaluación por pares. Existe una cierta igualdad en la consideración de la información de la red. Todo está ahí: no hay manera de descubrir si algo tiene fundamento o si alguien, simplemente, se lo ha inventado".

Bill Gates: "No por mucho tiempo. La electrónica nos permite clasificar las cosas. Tendrás una autoridad en la red y, dado que un artículo estará contenido en su índice, significará algo. Desde el punto de vista práctico, habrá una cantidad infinita de texto disponible y sólo lo recibirás a través de niveles de dirección, como cuando un amigo te dice: "Ey, lee esto". Una marca que está asociada con un grupo de arbitraje, un experto en particular, los informes de consumo, el equivalente de los periódicos… te señalarán las cosas de interés. La forma en la que comprobarás la reputación de alguien será mucho más sofisticada en la red de lo que es, hoy en día, en el papel".

Esta entrevista de Terry Pratchett a Bill Gates para la revista GQ se produjo en 1996 y, según Marc Burrows, que fue quien la redescubrió mientras escribía una biografía del genial autor inglés, fue "una predicción precisa sobre cómo internet propagaría y legitimaría las noticias falsas".

Aunque a Bill Gates todos le conocemos por sus esfuerzos por erradicar la malaria y, en menor medida, por haber fundado Microsoft, Pratchett está durante los últimos días en una cima de popularidad por haber coescrito la novela Buenos Presagios (Good Omens), junto con Neil Gaiman, que ha sido adaptada para la televisión con gran tino y está disponible en Amazon Prime Video.

Goods Omens, Amazon Studios.
Goods Omens, Amazon Studios.

 

El autor británico, conocido por la saga de Mundodisco, fue periodista antes de trabajar en el departamento de comunicación de una empresa, hoy bajo el control de la alemana E.ON, con responsabilidad sobre la comunicación de lo que pasaba en tres centrales nucleares. Entendía la información.

En 2000, apenas cuatro años después de esta entrevista, escribió una de las mejores novelas sobre periodismo y el único texto que recomiendo a los estudiantes cuando doy clases sobre la materia: La Verdad (The Truth). Estoy seguro de que profesores mejores que yo les enseñan movidas muy serias a los estudiantes, así que me conformo con que se lean una de las pocas obras que no sólo explica la relación de la prensa con el poder, sino también la irresistible tentación que tienen algunas personas de salir corriendo hacia donde han explotado cosas en lugar de escapar en dirección contraria.

Obviamente, es un pequeño fragmento delicioso de entrevista y contiene algo de anticipación, como dice Burrows. Sin embargo, dejadme explicaros por qué creo que ambos tenían razón y quién tiene la culpa de las fake news. Y es que tienes que leer la entrevista justo al revés.

Terry Pratchett entiende que en un mundo en el que desaparece la autoritas de los textos y todo parece igual, es fácil confundir la verdad con la mentira. Es el mundo en el que vivimos justo ahora, en el que sentamos en el mismo debate a científicos y a imbéciles que piensan que la Tierra es plana (Pratchett admiraría la paradoja), que la homeopatía funciona o que las vacunas provocan autismo.

Gates considera que la propia red generaría mecanismos de autoridad que evitarían el problema: es el mundo en el que vivíamos hace unos años, cuando en el mundo real los medios de comunicación aún eran los reyes mientras, en internet, Google y su Pagerank -los algoritmos que usa Google para asignar de forma numérica la relevancia de los documentos (o páginas web) indexados por un motor de búsqueda- eran los reyes.

Pero las redes sociales, y especialmente Facebook, vinieron a complicar las cosas.

Seguro que habéis escuchado dos términos alguna vez: campanas de eco y filtros burbuja. Son dos de las maneras que tenéis de limitar vuestro consumo de información y haceros más vulnerables a las noticias falsas. Especialmente a través de redes sociales y servicios de mensajería.

Las campanas de eco son una forma de ser de las personas exacerbada por los nuevos medios. Tendemos a escuchar e interactuar con gente que piensa como nosotros y raramente prestamos atención a quienes tienen otras opiniones. El problema es que, aunque la vida real te pone delante de gente que piensa diferente, lo que tiende a moderar tus posturas, en sitios como los grupos de WhatsApp podemos reducir nuestra exposición a la disonancia y limitarnos a escuchar a gente afín. Eso provoca radicalizaciones.

Esto permite que ciertos discursos que nunca nos atreveríamos a exhibir públicamente tengan un lugar en el que calan; que se fomenten actitudes contrarias a los consensos sociales; que se intercambien mensajes falsos, y que, además, todo esto se produzca en un entorno cifrado en el que las iniciativas para la verificación de las noticias falsas no tienen apenas visibilidad. Es una mala práctica humana incrementada por la tecnología y que fomenta el desarrollo de todo tipo de populismos. Si todos los cuñados de tu grupo de WhatsApp critican las vacunas, sólo te mandan pantallazos de sus idioteces y tienes propensión a creer a cretinos, puedes terminar con tus hijos muertos.

Los filtros burbuja sí son puramente algorítmicos. Se trata de la retroalimentación que realizan empresas como Facebook de tus propios intereses. Te exponen a noticias que saben que te van a gustar porque coinciden con las mismas cosas que has abierto hasta ahora. Debido a que quieren fomentar que pases más tiempo en la página e interactúes, sólo te ponen cosas que te hacen sentir relajado y con las que estás de acuerdo. Priorizan la simpatía por encima de cosas como la legitimidad o veracidad del enlace que vas a abrir.

El caso de Cambridge Analytica fue una muestra clara de cómo utilizar información extraída de Facebook para alimentar a los fans de determinadas corrientes políticas con informaciones destinadas a reforzar sus ideas sobre determinados candidatos o desalentarlos a ir a las urnas. Que la información que se transmite sea real o un bulo generado ad hoc con este fin, es otra guerra.

Como hemos visto, hemos llegado al lugar que pronosticaba Pratchett, aunque dando un rodeo. Y la solución que propugnaba Gates, aunque legítima, era temporal y se ha tambaleado con la llegada de agentes como Facebook, que hasta ahora sólo piensan en términos de satisfacer a sus usuarios, no de hacer lo que más les conviene o lo que resulta beneficioso para una sociedad democrática.

Y esto acaba de empezar. Las complicaciones sobre la existencia de nuevos gatekeepers, el debate sobre la libertad de expresión cuando atañe a la mentira, los problemas (y ventajas) de que se hayan derribado las barreras de entrada para crear nuevos medios de comunicación, y otras muchas cuestiones, están sobre la mesa y muy lejos de resolverse. Pero, al menos, estamos ya discutiendo de estas cosas y existen iniciativas, como la Fundación Maldita, que han empezado a arremangarse.

Estamos en el barro que predijo Pratchett porque nos conocía bien. Pero estoy seguro de que él también vería motivos para la esperanza. Como dijo en una ocasión: “La mayoría de los grandes triunfos y tragedias de la historia no se deben a que la gente sea básicamente buena o mala, sino a que la gente es, básicamente, gente”.

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Miguel Ángel Uriondo es periodista especializado en tecnología, telecomunicaciones y empresas.

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