Bio

El ecosistema de asfalto

En las ciudades, tenemos que aprender a convivir con los otros animales del asfalto, no sólo por conciencia ambiental, sino porque nuestro hábitat depende también de su supervivencia.

Por Ricardo Gamaza

La ciudad es un ecosistema como cualquier otro y requiere que los humanos tomemos conciencia de que no somos los únicos que la habitamos. Como en cualquier hábitat, el desequilibrio de las especies acarrea consecuencias, que en el caso de las ciudades nos afectan directamente. Su gestión debe, por tanto, tener en cuenta al resto de especies y ser lo menos intervencionista posible. La ciudad debe tender a la naturalización, ya que a más intervengamos más perdemos los servicios que los ecosistemas nos prestan de manera gratuita y mayor esfuerzo económico hay que invertir.

Muchos animales encuentran beneficio en vivir cerca del hombre o han estado siempre ligados a los asentamientos humanos, por lo que su supervivencia ahora depende de nosotros. Es el caso del gorrión, los vencejos, los aviones o las golondrinas. Otras especies están comenzando a entrar en las ciudades, como por ejemplo la paloma torcaz, debido a que la transformación del medio rural y la caza las están dejando sin hábitat y se ven obligadas a desplazarse. La gente piensa que si expulsa a los animales de la ciudad, al avión de su ventana, al vencejo de su persiana, a la rana de su piscina…, mejoraran su calidad de vida, pero sucede justamente todo lo contrario.

El caso de los gatos es tal vez uno de los más ilustrativos: las colonias de gatos callejeros, perfectamente adaptadas a la vida urbana, son percibidas como una molestia para la ciudadanía, pero la eliminación de esta especie conlleva el aumento de otras que son vectores de enfermedades, como las ratas o las cucarachas. Algunos ayuntamientos han puesto en marcha planes de control de estas colonias gatunas, para garantizar la salubridad y buen estado de sus gatos de barrio, pero también para permitir una coexistencia necesaria. El método de Captura, Esterilización y Retorno, conocido por sus siglas, CER, es el método que se ha mostrado más eficaz para que felinos y humanos logren vivir en perfecta armonía. En ciudades como Bormujos (Sevilla), una de las localidades pioneras donde se implantó por primera vez un CER, se crearon zonas acotadas para que sirvieran de refugio a las colonias de gatos, alejadas de las zonas residenciales lo suficiente como para que los vecinos no se quejasen siquiera de los maullidos nocturnos. Allí reciben refugio y alimento, pero después de haber sido previamente capturados en unas jaulas especiales que garantizan su bienestar animal y de haber sido trasladados a la clínica veterinaria donde son esterilizados antes de volver a las calles.

Sin embargo, cuando pensamos en los animales de la ciudad, las aves son un emblema. Esto sucede porque son buenos bioindicadores de la calidad natural de nuestro hábitat de asfalto, pero también porque son especies paraguas del resto del ecosistema: si les creamos un hábitat favorable otros muchos animales podrán vivir en él. Las aves, junto con los murciélagos, anfibios y reptiles son nuestros aliados contra las llamadas "plagas" que, en realidad, son desequilibrios causados por el hombre en el ecosistema. Las salamanquesas están en todos los portales y se alimentan de insectos, salen más baratas que cualquier insecticida. El valor de nuestro geco urbano contra mosquitos, que son vectores de enfermedades, es esencial para la salubridad de la ciudad. Sin embargo, su presencia se ha diezmado en las ciudades del norte de España y ya sólo viven en áreas mediterráneas.

Aunque, como vemos, la fauna urbana es esencial para nuestra vida en la ciudad, ningún ayuntamiento de España tiene en cuenta su fauna en su gestión más cotidiana. Todas las acciones sobre la ciudad deberían incluir estudios de impacto en la biodiversidad. El ejemplo más sangrante son las podas de la arboleda urbana, que se realizan sin tener en cuenta las épocas de cría de muchas especies de aves o si determinados árboles de gran porte son dormideros de aves. Ningún organismo se encarga de la fauna de nuestras calles; nuestros animales se han quedado administrativamente en tierra de nadie, fuera de las competencias de las delegaciones municipales y totalmente desprotegidos.

El pensamiento general es que la ciudad está hecha por y para el ser humano y todas las demás especies no deberían estar aquí. Sin embargo, una ciudad estéril es una ciudad enferma. Hay estudios sobre el beneficio psicológico que aporta la presencia de fauna en la ciudad. Infundir a los niños respeto por estas aves es el primer paso para que puedan entender el resto de la historia. Una historia que se remonta a miles de años, cuando el ser humano se rodeó de gatos para proteger su grano de los roedores, o cuando domesticó al lobo para labrar una amistad de más de doscientos siglos, como ha sucedido con el perro.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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