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Mi primer engaño del 'marketing'

La publicidad crea necesidades que no existen, tanto que los consumidores llegan a comprar un aceite de oliva para niños que no se diferencia en nada del que ya hay en el mercado. Bueno, sí, es mucho más caro.

Por Lydia López

Desde el momento en el que los bebés comienzan a alimentarse de algo más que no es la leche, nos llenamos de dudas al asaltarnos en el supermercado decenas de productos llenos de dibujitos y colorines que, en ocasiones, nos indican que son "sólo para niños" o especialmente indicados para ellos. Ahí están en las estanterías, diciéndonos que están llenos de vitaminas, hierro y demás componentes nutricionales que van a hacer que nuestros hijos crezcan los más grandes y fuertes que se han visto nunca. Muchos padres, inocentes, se decantarán por ese "mi primer yogur", esas -"mis primeras"- galletas supuestamente repletas de vitaminas y fibra o por aquellos cereales que en su nombre llevan "baby". Porque claro, si pone baby es que están hechos para sus pequeños. Pero lo más importante es que olvidan ver qué se esconde detrás de ellos.

A tanto llega la locura en la oferta de la alimentación infantil, que podemos encontrar incluso aceites de oliva "para niños". Sí, para niños. Y sí, aceite de oliva. ¿Qué misteriosos poderes nutricionales tendrán las aceitunas con las que se hace este aceite? Pues aunque a muchos les pueda parecer sorprendente: nada. Pepe Serrano, pediatra y vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Catalana de Pediatría, lo dejó claro en el diario La Vanguardia, "esto es una pura estrategia de marketing sin más".

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