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Mi primer engaño del 'marketing'

La publicidad crea necesidades que no existen, tanto que los consumidores llegan a comprar un aceite de oliva para niños que no se diferencia en nada del que ya hay en el mercado. Bueno, sí, es mucho más caro.

Por Lydia López

Desde el momento en el que los bebés comienzan a alimentarse de algo más que no es la leche, nos llenamos de dudas al asaltarnos en el supermercado decenas de productos llenos de dibujitos y colorines que, en ocasiones, nos indican que son "sólo para niños" o especialmente indicados para ellos. Ahí están en las estanterías, diciéndonos que están llenos de vitaminas, hierro y demás componentes nutricionales que van a hacer que nuestros hijos crezcan los más grandes y fuertes que se han visto nunca. Muchos padres, inocentes, se decantarán por ese "mi primer yogur", esas -"mis primeras"- galletas supuestamente repletas de vitaminas y fibra o por aquellos cereales que en su nombre llevan "baby". Porque claro, si pone baby es que están hechos para sus pequeños. Pero lo más importante es que olvidan ver qué se esconde detrás de ellos.

A tanto llega la locura en la oferta de la alimentación infantil, que podemos encontrar incluso aceites de oliva "para niños". Sí, para niños. Y sí, aceite de oliva. ¿Qué misteriosos poderes nutricionales tendrán las aceitunas con las que se hace este aceite? Pues aunque a muchos les pueda parecer sorprendente: nada. Pepe Serrano, pediatra y vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Catalana de Pediatría, lo dejó claro en el diario La Vanguardia, "esto es una pura estrategia de marketing sin más".

Y es que no hay estudios fiables que demuestren que esos tipos de aceite infantiles sean más buenos para ellos que el aceite de oliva que consumimos todos los mortales. Es la magia de la publicidad y de la mercadotecnia de la alimentación, sobre todo si hablamos de productos dirigidos a la población infantil. Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, señala en el mismo medio que "el único sentido es crear un nicho de mercado específico para hacer pensar que los niños necesitan un aceite especial, cuando pueden tomar cualquier aceite de oliva".

Es ahí donde está la clave. La publicidad crea necesidades que no existen, lo ha hecho siempre. Y si hablamos de la alimentación de quienes más nos importan, los niños, tienen el negocio hecho. Porque ¿quién se va a resistir a comprar esa botella tan mona, llena de muñequitas cuquis, que además viene en envase pequeñito, como nuestros hijos, y que en la etiqueta pone "only for children"? Ejemplos de ello hay muchos en el mercado: Nobleza del Sur Only for Children, Pons for Babies, Pons for Kids, Peques de Molino el Palancar o el aceite Oliver Petit Gourmet, que se define sin tapujos en su web como "aceite de oliva virgen extra especialmente formulado y desarrollado para su consumo durante la infancia".

El misterio de estos aceites no es otro que la variedad de aceitunas más suave al gusto que contienen, la arbequina. Pero lo mismo da si la arbequina viene en un envase con el texto "peques" o si se trata de una botella de cualquier otra marca del supermercado. "Confunde que digan que son aceites sólo para niños, con lo que das a entender que hay que comprar dos aceites en casa", apunta Serrano.

Aunque sí que encontramos una diferencia: pagamos mucho más por lo mismo. El precio de estas mini botellitas se alza hasta cifras que si viniera en un envase normal clamaríamos al cielo. Por ejemplo, el aceite Peques de Molino el Palancar cuesta en su web 3,50 euros la botella de 500 ml. Teniendo en cuenta que es un aceite arbequina, sin más, esos 500 ml nos costarían sólo 2,30 euros -1,20 euros menos- si comprásemos la botella de litro de arbequina de la misma marca, El Palancar, en la misma página web. Eso si hablamos de un litro, en el caso de envases más grandes, de 5 litros, el precio se reduce más y no llega a los 2,20 euros. Pero claro, no tiene una botellita tan mona.

El packaging o arte de envasar las cosas es una herramienta que va en favor de la industria alimentaria. Las marcas se aprovechan de que la acción de compra se realiza en muchas ocasiones dejándose llevar por los sentimientos y ataca al que es uno de los más primarios: la defensa y el cuidado de los niños.

Pero la mercadotecnia no sólo crea necesidades sin sentido, también da valores a alimentos que no los tienen u oculta componentes nutricionales que podrían clasificarse como perjudiciales para la salud de los más pequeños. Julio Basulto, dietista y nutricionista, apoya la idea de lo que miente la publicidad en un artículo para Ser consumidor, de la Cadena Ser, al señalar que los anuncios "en realidad camuflan la verdad, la distorsionan, dicen una parte de ella u omiten detalles cruciales". Detalles como, por ejemplo, la gran cantidad de azúcar que llevan los "primeros" productos dirigidos a los más pequeños. "Si nos engañan a los adultos", añade, "lo lógico es pensar que también lo harán con los niños".

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Lydia López es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.


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